“Cuando la ceguera se encuentra con la percepción social, ¿qué emerge del ensamblaje? ‘El Ciego’, un relato estremecedor de la aclamada autora Kate Chopin, nos invita a un viaje inolvidable en la vida de un hombre que, a pesar de su oscuridad física, dilucida la luz de la perseverancia y la supervivencia. Este vertiginoso descenso a la realidad de un hombre con discapacidades físicas revela un recuento de la vida no sólo oscurecido por su ceguera, sino también por la ignorancia y la indiferencia de la sociedad. Adentrémonos en este fascinante análisis del cuento y descubramos sus diversos matices e intrigantes giros que simbolizan la injusticia y la ironía de la sociedad actual.”



El ciego
[Cuento – Texto completo.]
Kate Chopin


Con una pequeña caja roja en una mano, un hombre caminaba lentamente por la calle. Su viejo sombrero de paja y su ropa descolorida daban la impresión de que la lluvia los había batido muchas veces, y las mismas veces el sol los había secado encima de él. No era mayor, pero parecía débil; y caminaba bajo el sol, por el pavimento asfaltado que abrasaba. Al otro lado de la calle había unos árboles que proyectaban una sombra espesa y agradable: toda la gente andaba por aquel lado. Pero el hombre no lo sabía, porque era ciego, y además era tonto.

En la caja roja había uno lápices que intentaba vender. No llevaba bastón, y se guiaba arrastrando los pies por los bordillos de piedra, o la mano por las verjas de hierro. En cuanto llegase a las escaleras de una casa, las subiría. A veces, una vez alcanzada la puerta con mucha dificultad, no lograría encontrar el botón eléctrico, con lo cual bajaría pacientemente y seguiría su camino. Algunas de las puertas de hierro estaban cerradas con llave, ya que los dueños estaban fuera durante el verano, y gastaría mucho tiempo esforzándose por abrirlas, pero daba igual, porque tenía todo el tiempo que había a su disposición.

A veces conseguía encontrar el botón eléctrico: pero el hombre o la criada que contestaba al timbre no necesitaba lápices, o bien no se les podía persuadir de molestar a la ama de la casa para tan poca cosa.

El hombre llevaba mucho tiempo fuera y había caminado mucho, pero sin vender nada. Esa mañana, alguien que se había cansado de tenerlo dando vueltas le regaló esa caja de lápices, y lo envió a ganarse la vida. El hambre, con sus colmillos afilados, roía su estómago y una sed implacable resecaba su boca y lo torturaba. El sol achicharraba. Llevaba demasiada ropa: una chaqueta y un abrigo encima de su camisa. Tendría que habérselos quitado y llevado en el brazo, o haberlos tirado, pero no se le ocurrió. Una buena mujer que lo vio desde su ventana sintió lástima por él, y deseó que cruzase la calle para ponerse a la sombra.

El hombre giró en una calle lateral, en la que un grupo de niños ruidosos y alborotados estaban jugando. El color de la caja que llevaba los atrajo y quisieron saber qué había en ella. Uno de ellos intentó quitársela. Con el instinto de proteger su pertenencia y único sustento, resistió, gritó a los niños y los insultó. Un policía que pasaba la esquina y vio que él era la causa del disturbio, lo sacudió brutalmente agarrándolo del cuello; pero, al percatarse de que era ciego, moderó bastante sus ganas de aporrearlo y lo mandó a seguir su ruta.

Siguió caminando bajo el sol.

Durante su vagabundeo sin rumbo, giró en una calle en la que había monstruosos vehículos eléctricos tronando de acá para allá, haciendo sonar campanas salvajes y literalmente temblar el suelo bajo sus pies en su tremendo impulso.

Empezó a cruzar la calle.

Entonces ocurrió algo, algo horrible que hizo que las mujeres se desmayaran y que los más fuertes de los hombres que lo presenciaron se pusieron enfermos y se marearon. Los labios del conductor de la locomotora se pusieron tan grises como su cara, o sea de un gris ceniciento, y se puso a temblar y a tambalear del esfuerzo sobrehumano que había tenido que hacer para parar su vehículo.

¿De dónde salió la multitud tan de repente, como si fuera por arte de magia? Chicos corriendo, hombre y mujeres arrancándose de sus vehículos para ver este espeluznante espectáculo: médicos apresurándose en calesas como guiados por la Providencia.

Y el horror creció cuando la multitud reconoció en la figura muerta y aplastada a uno de los hombres más ricos, más valiosos y más influyentes de la ciudad, un hombre conocido por su prudencia y previsión. ¿Cómo había podido ser alcanzado por una fatalidad tan terrible? Tenía prisa, después de haber salido con retraso de su trabajo para reunirse con su familia, que, una hora o dos más tarde, iba a viajar a su casa de verano en la costa atlántica. Con la prisa, no se dio cuenta de que otro coche venía en sentido contrario, y la común y terrible escena se repitió.

El ciego no supo la razón del alboroto. Había cruzado la calle, y ahí estaba, avanzando y dando traspiés bajo el sol, arrastrando sus pies a lo largo del bordillo.


“The Blind Man”, Vogue, 1897

FIN

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Breve Semblanza de Katherine O’Flaherty Faris


Katherine O’Flaherty Faris, nace en San Luis, (Misuri; 8 de febrero de 1850, muere el 22 de agosto de 1904), más conocida como Kate Chopin, fue una autora estadounidense de historias cortas y novelas. Sus obras incluyen El despertar (The Awakening) y The Story of an Hour and The Storm. Para fines de la década de 1880, Kate Chopin ya se encontraba narrando historias cortas, artículos, y traducciones que aparecieron en los periódicos Atlantic Monthly, Criterion, Harper’s Young People, The Saint Louis Dispatch y Vogue. Fue inmediatamente aclamada como una autora de los colores locales, pero sus cualidades literarias pasaron desapercibidas. En 1899 su segunda novela, The Awakening (El despertar), cuya historia es la de una esposa insatisfecha que explora su sexualidad, fue publicada a pesar de las duras críticas que recibió debido en cuestiones morales más que al plano literario y por ello estuvo por muchos años fuera de circulación. Actualmente se ha vuelto a reeditar y es la obra de Chopin más disponible en el mercado, junto con algunos de sus cuentos. Después de este duro golpe, Chopin, profundamente decepcionada pero no derrotada, retomó el plano del cuento breve. En 1900 escribió The Gentleman from New Orleans, y ese mismo año fue incluida en la primera edición de Marquis Who’s Who. En 1904 Kate experimentó un colapso mientras visitaba el St. Louis World’s Fair. Falleció dos días después, a la edad de 54 años. Actualmente, Kate Chopin forma parte del Paseo de la Fama de San Louis.


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