En el mundo de la crítica literaria, la competencia y clasificación de escritores ha sido una práctica común y ampliamente debatida. Sin embargo, en este contexto, Joyce Carol Oates, una reconocida escritora, plantea un punto de vista distinto. Como mujer, Oates ha sido testigo de cómo los críticos masculinos tienden a subestimar y no tomar en serio el trabajo de las escritoras, lo que le ha otorgado una inesperada libertad para explorar y expresarse sin restricciones. En este ensayo, examinaremos su postura desafiante y su rechazo a la competencia literaria, y exploraremos la idea de que ninguna obra de arte puede desplazar o competir con otra, como sostiene la autora. A través de su enfoque único, Oates invita a una reflexión sobre la importancia de valorar la diversidad de voces en la escritura y en la crítica literaria.



Reflexiones sobre la competencia y clasificación de escritores: Más allá de las etiquetas”


Como soy mujer, ese tipo de críticos masculinos que en la prensa pública clasifican a los escritores de primera, segunda y tercera categoría, son incapaces de tomarse en serio mi trabajo, y supongo que por eso tengo libertad para hacer lo que quiera. La verdad es que no entiendo ni me interesa la competición, ni siquiera consigo comprender a qué se refieren Hemingway y su epígono Mailer cuando hablan de enfrentarse a otro talento en el ring. Hasta donde yo sé, ninguna obra de arte ha desplazado jamás a otra obra de arte; los vivos no compiten con los muertos, ni éstos con los vivos.

Joyce Carol Oates



En un contexto predominantemente masculino como el de la crítica literaria, Joyce Carol Oates expone su postura con respecto a la competencia y clasificación de escritores en diferentes categorías. Como mujer, Oates se encuentra en desventaja, ya que los críticos masculinos a menudo subestiman su trabajo y no lo toman en serio. Sin embargo, esta falta de reconocimiento le otorga una valiosa libertad para explorar y expresarse sin restricciones.

Para Oates, la competencia entre escritores es un concepto confuso y desprovisto de sentido. No encuentra utilidad en clasificar a los artistas en diferentes categorías, ya que ninguna obra de arte puede desplazar totalmente a otra. Considerando esto, tampoco ve sentido en la noción de enfrentarse a otro talento en “el ring”, una metáfora empleada por escritores como Hemingway y Mailer.

La autora argumenta que la comparación directa y la competencia entre escritores no son relevantes ni productivas en el ámbito artístico. Las obras de arte, al igual que los escritores, tienen vida propia y se conectan con diferentes audiencias de diferentes maneras. El valor de una obra no se puede medir únicamente por su clasificación o por su habilidad para desplazar a otras obras.

Además, Oates hace hincapié en la idea de que los vivos no compiten con los muertos, ni los muertos con los vivos. Los escritores establecidos y reconocidos no son una amenaza directa para los escritores emergentes, ya que cada uno tiene su propia voz y perspectiva única. La idea de competir se queda corta cuando se trata de la riqueza y variedad de la literatura.

En resumen, Joyce Carol Oates critica la competencia y clasificación de escritores en distintas categorías. Como mujer, enfrenta obstáculos en una industria dominada por críticos masculinos que a menudo subestiman su trabajo. Sin embargo, esto le otorga una libertad valiosa para explorar y expresarse sin restricciones. Oates sostiene que la competencia entre escritores carece de sentido, ya que ninguna obra de arte puede desplazar a otra de manera completa.

Además, resalta que los escritores vivos y muertos no compiten entre sí, ya que cada uno tiene su voz única y su contribución a la literatura.


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