En lo profundo de la vasta literatura argentina, un nombre resuena como un eco rebelde que se atreve a desafiar las convenciones y explorar nuevos horizontes poéticos. Nos adentramos en el fascinante universo de Oliverio Girondo, un poeta de la vanguardia literaria cuya pluma se convierte en un cincel audaz, esculpiendo versos inquietantes y provocadores. Con su genialidad artística, Girondo se ancla en un mar de surrealismo y simbolismo, fusionando influencias europeas con la esencia misma de su tierra natal, Buenos Aires.  Girondo, donde las palabras se rebelan y despliegan sus alas para volar más allá de los límites conocidos.


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El legado revolucionario de Oliverio Girondo en la literatura argentina”


Oliverio Girondo (1891-1967) emerge como una figura capital e insoslayable dentro del panorama de la literatura argentina y latinoamericana del siglo XX. Su trayectoria vital y creativa se inscribe de manera decisiva en la eclosión de las vanguardias artísticas, movimientos a los cuales no solo adhirió, sino que contribuyó a definir con una voz singular y una propuesta estética radicalmente innovadora. Nacido en el seno de una familia argentina acomodada, su formación cosmopolita, forjada a través de extensos viajes y estancias en Europa desde temprana edad, resultó fundamental para moldear una sensibilidad abierta a las corrientes renovadoras que sacudían el viejo continente, desde el futurismo hasta el surrealismo, influjos que supo asimilar y reinterpretar con una originalidad inconfundible, marcando a fuego la poesía de habla hispana.

La educación formal de Girondo transcurrió entre instituciones de prestigio como el Epsom College en Inglaterra y estudios posteriores en París y Múnich. Esta inmersión temprana y prolongada en el epicentro cultural europeo le permitió un contacto directo con las transformaciones artísticas y literarias que preludiaban y acompañaban la Primera Guerra Mundial. A diferencia de otros contemporáneos, su aproximación a la vanguardia no fue meramente libresca, sino vivencial. Absorbió la atmósfera de ruptura, la fascinación por la máquina, la velocidad, el lenguaje fragmentado y la rebelión contra las convenciones burguesas, elementos que permearían su obra inicial y definirían su perfil como agitador cultural tras su regreso a Buenos Aires, donde se convertiría en pieza clave del grupo Martín Fierro. Esta biografía de Oliverio Girondo debe entenderse bajo el prisma de este constante diálogo intercultural.

El año 1922 marca un hito fundamental con la publicación de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Este poemario, contemporáneo al Trilce de Vallejo y cercano a la irrupción del ultraísmo, significó una ruptura deliberada con la estética modernista imperante. Oliverio Girondo introdujo en la poesía argentina el pulso de la ciudad moderna, la fascinación por lo cotidiano elevado a categoría lírica, el humor irreverente y, crucialmente, una apuesta por la visualidad tipográfica como parte integral del poema. Los versos, despojados de solemnidad, capturan instantáneas urbanas con un lenguaje directo y coloquial, invitando a una lectura desacralizada, casi lúdica, que sintonizaba perfectamente con el espíritu iconoclasta de la vanguardia argentina.

Sus viajes continuaron siendo una fuente de inspiración primordial, como lo atestigua Calcomanías (1925), libro que recoge impresiones líricas de un periplo por España y el norte de África. Aquí, Girondo agudiza su capacidad de observación, capturando escenas, tipos y paisajes con una mirada que combina el extrañamiento vanguardista con una precisión casi etnográfica. La poesía de Oliverio Girondo se nutre de este contraste entre lo exótico y lo familiar, utilizando el viaje no como mera evasión, sino como herramienta para deconstruir percepciones y explorar nuevas formas de representación verbal. Su estilo se consolida, mostrando una preferencia por la imagen nítida, el apunte rápido y la sorpresa semántica, alejándose de la retórica ornamental.

La publicación de Espantapájaros (al alcance de todos) en 1932 supuso otro golpe de efecto y una profundización en su experimentalismo. No solo el contenido, con sus prosas líricas de fuerte impronta surrealista y su crítica mordaz a las costumbres sociales, sino también la estrategia de lanzamiento –una campaña publicitaria inusitada que incluyó un muñeco articulado con forma de espantapájaros paseando por la calle Florida– demostraron la voluntad de Girondo de borrar las fronteras entre arte y vida, provocación y creación literaria. El libro, que incluía un famoso caligrama, reafirmó su posición como uno de los exploradores más audaces de las posibilidades expresivas del lenguaje en la literatura latinoamericana.

En su madurez, la relación intelectual y afectiva con la escritora Norah Lange, con quien contrajo matrimonio en 1943, fue un componente significativo de su vida. Obras como Interlunio (1937) y Persuasión de los días (1942) parecen indicar una inflexión hacia una indagación más introspectiva, aunque sin abandonar la experimentación formal. Sin embargo, sería con En la masmédula (publicado inicialmente en 1953 y ampliado en 1956) donde Oliverio Girondo llevaría su exploración lingüística a las últimas consecuencias. Este libro representa un punto culminante en la poesía del siglo XX en español, un intento radical de desintegrar el lenguaje convencional para acceder a un núcleo expresivo primigenio, la “masmédula” del ser y del decir.

En la masmédula es un universo verbal autónomo, construido a base de neologismos, jitanjáforas, deformaciones fonéticas y sintácticas, donde el sonido y el ritmo adquieren una preponderancia absoluta sobre el significado discursivo tradicional. Girondo dinamita la lógica comunicativa habitual, buscando una expresividad pura, casi física, que emane directamente de la materialidad del lenguaje. La obra, de difícil acceso pero de una potencia inaudita, refleja una angustia existencial y una desconfianza profunda en las capacidades del lenguaje heredado para nombrar una realidad percibida como caótica y fragmentada. Es la culminación de la búsqueda de un poeta argentino que nunca cesó de experimentar.

Las características de la poesía de Oliverio Girondo incluyen, de manera prominente, la incorporación del humor y la ironía como herramientas críticas, la ruptura con las formas métricas tradicionales, una marcada conciencia sobre la dimensión visual y sonora del poema, y una constante tensión entre el cosmopolitismo de sus referentes y la voluntad de captar la especificidad del entorno urbano rioplatense. Su obra dialoga constantemente con la pintura –él mismo fue pintor–, entendiendo la página como un espacio plástico donde la disposición de las palabras es tan significativa como su contenido semántico.

Los temas recurrentes en la poesía Girondo abarcan desde la fascinación por la modernidad, la velocidad y la tecnología, hasta la crítica de la hipocresía social y las convenciones culturales, pasando por la reflexión sobre el amor, el erotismo, el viaje como experiencia transformadora y, sobre todo en su última etapa, la exploración de los límites del lenguaje y la conciencia. Su visión del mundo es la de un observador agudo, a menudo escéptico pero siempre vital, que utiliza la palabra como un bisturí para diseccionar la realidad y como un material maleable para construir nuevos universos de sentido.

Dentro del complejo mapa de la vanguardia latinoamericana, Oliverio Girondo ocupa un lugar singular. Si bien fue central en la articulación del grupo Martín Fierro, su trayectoria posterior demostró una independencia estética que lo distancia de etiquetas cerradas. Su influencia de Oliverio Girondo en la vanguardia no se limitó a la producción poética, sino que se extendió a su rol como animador cultural y mecenas discreto. Fue un puente entre Europa y América, un catalizador de ideas y un ejemplo de rigor experimental que sigue resonando en las nuevas generaciones de escritores.

El legado literario de Oliverio Girondo en Argentina y más allá es el de un innovador infatigable, un artista que asumió el riesgo de explorar territorios verbales inéditos. Su obra, desde la frescura irreverente de sus primeros poemas hasta la densidad hermética de En la masmédula, constituye un testimonio invaluable de las búsquedas estéticas y existenciales del siglo XX. Oliverio Girondo no fue solo un poeta argentino fundamental, sino una conciencia crítica y una fuerza renovadora cuya poesía continúa interpelando al lector contemporáneo con su audacia, su inteligencia y su profunda humanidad, asegurando su permanencia como un clásico indiscutible de la modernidad literaria.


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