En un mundo donde los acordes se entrelazan con las monedas y las notas se convierten en billetes de valor, surge la pregunta fundamental: ¿qué impulsa realmente a los artistas a crear música? En medio de una sociedad obsesionada con el materialismo, las palabras etéreas de Robert Plant resuenan como un viento misterioso que sopla sobre la esencia más pura del arte. “Salvador Dalí no pintaba porque necesitase el dinero. Ninguna conversación sobre materialismo y música tiene sentido. Haces música y ya está, no importa el porqué.” En este ensayo, nos aventuramos a sumergirnos en el laberinto de la motivación artística, donde la música se convierte en un grito anárquico, alejándose de las cadenas del lucre y encontrando su propósito en un universo surrealista donde solo las pasiones y la creatividad tienen voz. Adelante, acompáñame en este viaje donde las palabras se entrelazan con melodías y las notas pintan en los lienzos del alma.



La importancia de la pasión y la autenticidad en la creación musical


“Salvador Dalí no pintaba porque necesitase el dinero. Ninguna conversación sobre materialismo y música tiene sentido. Haces música y ya está, no importa el porqué.“

Robert Plant.



La frase de Robert Plant, “Salvador Dalí no pintaba porque necesitase el dinero. Ninguna conversación sobre materialismo y música tiene sentido. Haces música y ya está, no importa el porqué”, es una declaración interesante que revela una perspectiva única sobre la relación entre el arte, la motivación y el materialismo. Plantea la idea de que el verdadero propósito de crear música (o cualquier forma de arte) no debería estar dictado por motivaciones materiales o económicas, sino por la pasión y la expresión artística en sí misma.

En primer lugar, Plant señala a Salvador Dalí como un ejemplo de un artista que no pintaba por necesidad económica. Esto implica que Dalí tenía la libertad de crear sin tener que preocuparse por el dinero, lo cual es ciertamente una situación privilegiada para cualquier artista. Dalí era conocido por su estilo surrealista y su enfoque único hacia el arte, y se podría argumentar que esa libertad financiera puede haberle permitido explorar y experimentar en su obra sin restricciones externas. Este punto de vista también sugiere que la motivación financiera podría potencialmente limitar la creatividad y la autenticidad del arte.

Al afirmar que “ninguna conversación sobre materialismo y música tiene sentido”, Plant parece sugerir que el artista debe centrarse únicamente en el acto de crear música y no preocuparse por las implicaciones materialistas o monetarias que puedan surgir. Esta afirmación puede ser interpretada como una defensa de la pureza y la integridad artística, argumentando que el arte existe en un plano más elevado y trascendental que no debe ser contaminado por los aspectos mundanos del materialismo. En lugar de enfocarse en la recompensa monetaria, el artista debe encontrar la gratificación en la propia creación y en la conexión que la música puede generar con los demás.

La frase culmina con la afirmación de que “haces música y ya está, no importa el porqué”. Esta declaración puede interpretarse como una simplificación de la motivación artística. Plant parece sugerir que la importancia radica en la acción misma de crear música, independientemente de las razones o motivaciones personales detrás de ella. Por lo tanto, se podría argumentar que el proceso creativo y la capacidad de expresión artística son en sí mismos intrínsecamente valiosos, independientemente de cualquier propósito o recompensa externa. Esta idea puede resonar especialmente en aquellos artistas que encuentran una conexión personal y espiritual a través de su música.

En resumen, la frase de Robert Plant nos desafía a reflexionar sobre la relación entre el arte, la motivación y el materialismo. Plant sugiere que envolver la música en conversaciones sobre materialismo puede ser contraproducente y que la pasión y la expresión artística deben ser el motor principal detrás de la creación musical.

En última instancia, esta perspectiva nos invita a apreciar la música por sí misma, sin importar el porqué se hace o las implicaciones materiales que puedan surgir.


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