En una fría tarde de febrero, un encuentro legendario tuvo lugar en las vibrantes calles de Nueva York. Dos genios del humor, Woody Allen y Groucho Marx, decidieron compartir una conversación íntima, llena de risas y anécdotas. Como si el universo conspirara a favor del arte cómico, estos dos judíos neoyorquinos se encontraron en el exclusivo marco del “Pierre Hotel”, un santuario de privacidad donde las historias divertidas y los susurros de la comedia flotaban en el aire. Un encuentro que trascendería generaciones y que se convertiría en un testimonio vivo del poder de la risa y la magia del humor.



Recuerdos y anécdotas: Woody Allen y Groucho Marx comparten su pasión por el humor
En una fría tarde de febrero de 1973, Woody Allen tuvo el honor de entrevistar a Groucho Marx en Nueva York. El encuentro tuvo lugar en el prestigioso “Pierre Hotel”, conocido por su discreción y respeto a la privacidad de sus clientes.
Woody Allen llegó al hotel luciendo un atuendo característico: unos vaqueros, un viejo jersey, unos elegantes zapatos de salón, un sombrero calado y su abrigo de la película “Sueños de un seductor” (1972). Sin embargo, su llegada se retrasó debido a un recepcionista que lo mantuvo entretenido hasta que pudo demostrar que realmente el señor Marx lo estaba esperando.
Ambos eran judíos y neoyorquinos, y compartían una pasión por la música y el humor. Al entrar en la suite, las primeras palabras de Groucho fueron: “Aquí está un hombre gracioso”. Pero, de manera seria, añadió: “Es un genio”.
Durante la entrevista, conversaron sobre sus ídolos mutuos, como Charles Chaplin. Groucho recordó cómo conoció a Chaplin en Canadá mientras ambos actuaban. Groucho describió una divertida escena en la que Chaplin masticaba una manzana y escupía las semillas en la cara de una viuda que cantaba. Era el tipo de comedia que Chaplin había estado haciendo durante décadas. Groucho relató cómo él y sus hermanos fueron a ver el espectáculo mientras estaban en Winnipeg. Mientras sus hermanos jugaban al billar, él decidió dar un paseo y terminó entrando en un teatro barato llamado “Sullivan-Considine” donde presenció una actuación de Chaplin que consideró la mejor que había visto en su vida.
Groucho también compartió anécdotas sobre su amistad con Chaplin, incluyendo visitas juntos a casas de prostitutas.
La conversación entre Woody y Groucho se centró también en otros grandes comediantes como Buster Keaton, Harold Lloyd y Jacques Tati, concluyendo que el cine cómico ya no era lo que solía ser, salvo por la genialidad de Woody Allen. Groucho afirmó que ya no quedaban más comediantes, pero Woody cuestionó si esto se debía a la dificultad de hacer comedias en la actualidad. Groucho respondió que, quizás, la era de los comediantes había terminado, excepto para Woody.
Uno de los momentos más memorables de la entrevista fue cuando Woody preguntó si los Hermanos Marx habrían sido tan graciosos en el cine mudo. Groucho recordó que Harpo no hablaba en sus películas y Chico solo lo hacía si estaba ligando con una dama. Así que, en última instancia, él era el único que hablaba en las películas de los hermanos Marx. Woody sugirió que si Mack Sennett, conocido actor cómico y director de cine mudo, hubiera querido que hicieran películas mudas, Groucho habría sido gracioso. Groucho reveló que ya habían hecho una película muda llamada “Humor Risk” en 1921, que resultó ser un fracaso total. Aunque Groucho no recordaba muchos detalles, admitió que quería encontrar una copia de la película, pero lamentablemente había desaparecido hace décadas.
Groucho resumió su relación con Woody de una manera simple pero significativa: “Creo que él es genial y él piensa que yo lo soy. Así que nos llevamos bien”.
En resumen, la entrevista entre Woody Allen y Groucho Marx fue un encuentro emocionante entre dos grandes talentos del humor, que compartieron risas, historias y una profunda admiración mutua.
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