“En los anales de la historia, hay pocos personajes tan influyentes y enigmáticos como Otto Von Bismarck. Conocido como el ‘Canciller de Hierro’, Bismarck orquestó una transformación notable de Alemania, elevándola de un mosaico de estados a una nación unificada y poderosa. Con una determinación inquebrantable y un asombroso ingenio político, Bismarck desafió las normas convencionales, remodelando el paisaje europeo y dejando una huella indeleble en las páginas de la historia. Únete a mí mientras emprendemos un fascinante viaje a través de la vida y el legado de Otto Von Bismarck, un estadista cuya brillantez y destreza estratégica continúan cautivando e inspirando a generaciones hasta el día de hoy.”



Bismarck: El arquitecto político detrás de la unificación alemana”


Otto von Bismarck, nacido el 1 de abril de 1815 en Schönhausen, Alemania, provenía de una familia noble. Durante su infancia, no se destacó entre sus compañeros y maestros. Sin embargo, a los diecisiete años, se matriculó en la escuela de Derecho de la Universidad de Gotinga, donde se limitó a aprender lo necesario para aprobar sus estudios.

Después de obtener su licenciatura, Bismarck trabajó en los tribunales de Aquisgrán y Berlín a partir de 1835. Sin embargo, abandonó esta actividad tres años después para dedicarse a cuidar y administrar sus propiedades.

A medida que avanzaba la década de 1840, Bismarck comenzó a involucrarse activamente en la política de su país. En 1847, se convirtió en diputado en el Parlamento de Prusia, donde rápidamente se convirtió en líder del bando conservador.

Bismarck se opuso firmemente a la revolución de 1848, y fue durante este tiempo que comenzó a desarrollarse su objetivo político de lograr la unificación alemana y el surgimiento de un Reich autoritario y antiparlamentario.

Después de convertirse en primer ministro de Prusia en 1862, Bismarck emprendió una reforma militar que le permitió contar con un ejército moderno y poderoso. Con esta fuerza militar a su disposición, pudo llevar a cabo sus planes de unificación alemana.

El objetivo de Bismarck siempre fue lograr la unificación en beneficio de Prusia, excluyendo al Imperio austriaco. Para lograrlo, formó un ministerio fuerte que gobernó a pesar de las críticas de la oposición liberal. También reorganizó un poderoso ejército bajo el mando de Helmuth von Moltke. Inicialmente, mantuvo una acción diplomática que garantizaba la neutralidad de Francia y Rusia hacia Prusia, aislándose del Imperio austriaco.

Para alcanzar su objetivo de unificación, se vio obligado a entablar tres guerras en un breve período de tiempo, entre 1864 y 1870. En primer lugar, se enfrentó a Dinamarca en 1864, arrebatándole los ducados de Holstein, Lauenburgo y Schleswig. Luego, en 1866, se enfrentó al Imperio austriaco y en un conflicto que duró pocas semanas, se apoderó de Hannover, Hesse, Frankfurt y Nassau, lo que llevó a la creación de la Confederación de Alemania del Norte, con Bismarck como canciller. Finalmente, en 1870, estalló la guerra franco-prusiana, lo que permitió la unión de Baviera y otros estados. En 1871, se proclamó el Segundo Imperio alemán en el Palacio de Versalles, convirtiendo a Bismarck en canciller y primer ministro de Prusia.

Durante sus diecinueve años en el poder, Bismarck implementó una política conservadora. Inicialmente se enfrentó a los católicos y combatió a la socialdemocracia. Organizó también la Triple Alianza con Italia y el Imperio Austro-Húngaro en 1882 para aislar a Francia.

En política interna, Bismarck gobernó de manera autoritaria, aunque mantuvo una fachada constitucional y mantuvo el sufragio universal para neutralizar a la clase media. Al principio, gobernó en coalición con los liberales y se centró en debilitar la influencia católica y favorecer los intereses de los grandes terratenientes.

Después de 1879, rompió con los liberales y se unió al Partido del Centro Católico, adoptando una postura proteccionista que favorecía el crecimiento de la industria alemana. Durante esta etapa, se centró en detener el movimiento obrero alemán, llegando incluso a ilegalizarlo. Al mismo tiempo, intentó atraer a los trabajadores con legislación social avanzada para la época.

En cuanto a su política exterior, Bismarck adoptó una postura prudente para consolidar la unificación alemana. Forjó una red de alianzas diplomáticas para aislar a Francia y prevenir una revancha tras la derrota de 1870. También mantuvo a Alemania alejada de la corriente imperialista que estaba afectando a otras potencias europeas en ese momento.

En 1888, el emperador de Alemania, Guillermo I, falleció y le sucedió Federico III, quien también murió poco después debido a un cáncer de garganta. Su hijo, Guillermo II, ascendió al trono y no apoyaba la política exterior prudente de Bismarck, prefiriendo una expansión rápida y vigorosa. La rivalidad entre ambos surgió cuando Bismarck intentó implementar leyes antiso-cialistas a principios de la década de 1890.

Finalmente, Bismarck intentó buscar una nueva mayoría parlamentaria a través de una alianza con el líder parlamentario Ludwig Windthorst. Guillermo II se disgustó al no ser informado de esta reunión. Después de una acalorada discusión y una jugada astuta del monarca, Bismarck renunció en una furiosa carta. A pesar de la insistencia de Guillermo II, Otto von Bismarck dimitió de su cargo y fue reemplazado por Leo Von Caprivi como canciller alemán y ministro-presidente de Prusia. Bismarck recibió el título de “coronel general” en calidad de “mariscal de campo” y también se le otorgó el título de duque de Lauenburgo.

En sus últimos años, Bismarck se dedicó a recopilar sus memorias tituladas “Pensamientos y recuerdos”. En ellas, criticó al emperador y lo desacreditó. Finalmente, el 30 de julio de 1898, falleció a los 83 años en Friedrichsruh.


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