Adentrémonos en el intrigante universo del anarquismo, un concepto que ha sido malinterpretado y estigmatizado a lo largo del tiempo. Alexander Berkman, a través de su obra “El ABC del Comunismo Libertario”, nos invita a desafiar las nociones convencionales asociadas con esta ideología. Lejos de las imágenes caóticas y estereotipos negativos, el anarquismo de Berkman se erige como un faro de libertad individual, igualdad y resistencia pacífica. En este viaje intelectual, exploraremos los fundamentos de esta filosofía, desentrañando la verdadera esencia que busca forjar una sociedad ordenada y sensata, donde la autonomía personal es la clave y la cooperación reemplaza a la coerción.



Berkman y la Utopía Anarquista: Autonomía, Paz y Distribución Equitativa”



«Por consiguiente yo debo, ante todo, decirte lo que no es el anarquismo.

No es bombas, desorden o caos.

No es latrocinio, ni asesinato.

No es una guerra de uno contra todos.

No es el retorno a la barbarie o al estado salvaje del hombre.

El anarquismo es precisamente lo opuesto a todo esto.

Anarquismo quiere decir que tú has de ser libre; que nadie podrá esclavizarte, mandarte, robarte o imponerse sobre ti.

Significa que tú serás libre de hacer lo que quieras; y que no estarás forzado a hacer lo que no quieras.

Significa que tendrás la oportunidad de escoger la clase de vida que desees vivir, y vivirla sin interferencia de nadie.

Significa que tu prójimo tendrá las mismas prerrogativas que tú y que cada uno poseerá iguales derechos y libertades.

Es decir, que no habrá guerra, ninguna violencia dirigida de un rebaño de hombres contra otro, ningún monopolio y ningún poderío, ninguna opresión, ninguna ventaja para tu semejante.

Abreviando, anarquismo quiere decir una condición o sociedad en que todos los hombres y mujeres son libres, y en donde todos gozan por igual de los beneficios de una vida ordenada y sensata.»


Alexander Berkman, El ABC del comunismo libertario, Anarres, Buenos Aires, 2009, p. 26.



El fragmento de Alexander Berkman destaca la esencia del anarquismo, desmintiendo algunos estereotipos comunes asociados a esta ideología. El anarquismo, según Berkman, no aboga por el caos, la violencia o el retorno a la barbarie, sino más bien por la libertad individual y la ausencia de opresión.

En primer lugar, Berkman subraya que el anarquismo no se relaciona con actos extremos como bombas, desorden o caos. Contrario a esta percepción, promueve la idea de libertad personal, donde cada individuo tiene la autonomía para vivir según sus propias elecciones, sin imposiciones externas.

Además, el autor destaca que el anarquismo no abraza prácticas criminales como el latrocinio o el asesinato. En lugar de ello, aboga por una sociedad donde cada persona pueda vivir sin temor a ser esclavizada, robada o subyugada por otros.

El concepto central del anarquismo, según Berkman, es la libertad. Significa que cada individuo tiene la oportunidad de elegir su propio camino de vida, sin ser coaccionado a hacer lo que no desea. Este enfoque resalta la importancia de la autodeterminación y la ausencia de restricciones impuestas desde fuera.

La visión anarquista propuesta por Berkman aboga por una sociedad donde todos los individuos disfruten de los mismos derechos y libertades. Esto implica la abolición de la guerra, la violencia entre grupos humanos, los monopolios y las desigualdades sociales. En lugar de ello, se busca una estructura social equitativa, donde cada persona tenga las mismas oportunidades y beneficios.

Es fundamental entender el anarquismo como una búsqueda de armonía social basada en la libertad individual y la igualdad. Berkman ofrece una visión positiva de esta ideología, destacando su potencial para crear una sociedad ordenada y sensata, donde la autonomía personal se equilibra con el respeto hacia los demás.

Continuando con la visión de Berkman sobre el anarquismo, es esencial profundizar en la noción de que esta ideología propone una sociedad sin opresión ni ventajas injustas para ningún individuo. El autor aboga por una igualdad de derechos y prerrogativas, donde cada persona contribuye y se beneficia de una forma de vida colaborativa.

En el contexto anarquista delineado por Berkman, la ausencia de guerra y violencia no es simplemente un rechazo a los conflictos armados, sino una aspiración hacia una resolución pacífica de disputas. Se postula que, en una sociedad anarquista, los desacuerdos se resolverían mediante el diálogo y la cooperación, evitando la necesidad de la fuerza.

La crítica a los monopolios y al poderío también subraya la resistencia anarquista contra cualquier forma de dominación. La idea es construir una sociedad donde no existan entidades o individuos con un control desproporcionado sobre recursos, decisiones o la vida de otros. Esto apunta a una distribución equitativa del poder y la riqueza.

El llamado de Berkman a la libertad individual se conecta intrínsecamente con la idea de que cada persona tiene la oportunidad de escoger su estilo de vida. En este contexto, el anarquismo no solo busca la libertad política, sino también la libertad en la vida cotidiana, permitiendo a cada individuo perseguir su felicidad según sus propios términos.

El “ABC del comunismo libertario” presenta una visión positiva del anarquismo como un camino hacia una sociedad organizada y sensata. Aunque esta perspectiva ha enfrentado críticas y desafíos en su implementación práctica a lo largo de la historia, la esencia de la ideología, como la describe Berkman, continúa inspirando debates sobre la libertad, la igualdad y la justicia en las estructuras sociales.


EL CANDELABRO. ILUMINANDO MENTES