¿Qué tienen en común un gallo, una serpiente, un escudo, un látigo, el sol y la luna? A primera vista, nada. Pero si nos adentramos en el mundo del gnosticismo, una antigua corriente religiosa y filosófica que desafió al cristianismo ortodoxo, encontraremos que todos estos elementos forman parte de la representación de una deidad misteriosa y poderosa: Abraxas. Abraxas es el nombre gnóstico del semidiós que gobierna la esfera más alta del cosmos, donde se encuentran las 365 estrellas fijas. Abraxas es el creador del mundo material y el demiurgo, el artífice del orden cósmico. Pero también es un ser ambivalente, que puede ser bueno o malo, luz u oscuridad, verdad o falsedad. Abraxas está más allá de la dualidad moral y trasciende las categorías humanas. En este texto, exploraremos el origen, el simbolismo y el culto de Abraxas, así como su influencia en la historia y la psicología.



El misterio de Abraxas: origen, simbolismo y culto del Gran Arconte gnóstico
Abraxas es una de las figuras más enigmáticas y fascinantes del gnosticismo, una corriente religiosa y filosófica que surgió en los primeros siglos del cristianismo y que buscaba la salvación mediante el conocimiento directo de la divinidad. El nombre de Abraxas proviene del griego bíblico ἀβραξάς, que según algunos autores es un acrónimo de las siete vocales griegas, que simbolizan los siete planetas clásicos y los siete poderes creativos del universo. Otros, en cambio, lo relacionan con la palabra hebrea abra kadabra, que significa “que se haga como digo”. El valor numérico de las letras griegas que componen el nombre de Abraxas es 365, lo que coincide con el número de días del año solar y con el número de emanaciones divinas o eones que, según algunos gnósticos, existen entre el Dios supremo y el mundo material.
El origen de Abraxas se remonta al antiguo Egipto, donde se le identificaba con el sol y con la diosa Isis, la madre de todos los dioses. También se le vinculaba con la religión mistérica de Mitra, una deidad solar de origen persa que fue muy popular entre los soldados romanos y que competía con el cristianismo por la conversión de los fieles. El mitraísmo y el gnosticismo compartían una visión cosmológica basada en la astrología y la numerología, así como un interés por los ritos iniciáticos y los secretos esotéricos.
El principal exponente de Abraxas fue Basílides, un maestro gnóstico que vivió en Alejandría, Egipto, a principios del siglo II d.C. Basílides enseñaba que Abraxas era el Gran Arconte, el gobernante de la esfera más alta del cosmos, donde se encontraban las 365 estrellas fijas. Abraxas era el creador del mundo material y el demiurgo, el artífice del orden cósmico. Pero también era un ser ambivalente, que podía ser bueno o malo, luz u oscuridad, verdad o falsedad. Abraxas estaba más allá de la dualidad moral y trascendía las categorías humanas. Por eso, los cristianos ortodoxos lo consideraban un demonio y lo asociaban con Satanás, el adversario de Dios.
Abraxas era venerado por los gnósticos mediante talismanes o amuletos hechos de piedras preciosas o metales, que se usaban para protegerse de los males o para invocar su poder. Estos talismanes solían representar a Abraxas como una extraña criatura híbrida, con cuerpo humano, cabeza de gallo o halcón y piernas de serpiente. En sus manos sostenía un escudo y un látigo, y a veces iba montado en un carro tirado por cuatro caballos blancos. Sobre su cabeza brillaban el sol y la luna. Cada uno de estos elementos tenía un significado simbólico: el gallo era el símbolo de la vigilancia y del sol; el cuerpo humano representaba el logos o la razón; las serpientes eran signos de prudencia y sabiduría; el escudo llevaba inscrito el nombre IAW (IAO), una forma griega del nombre sagrado del Dios judío; el látigo simbolizaba la fuerza vital y el dominio sobre la materia; los cuatro caballos aludían a los cuatro elementos o éteres por los que circulaba la energía solar; y el sol y la luna eran los astros regentes del día y la noche.
Uno de los admiradores más célebres de Abraxas fue Carl G. Jung, el famoso psicólogo suizo que exploró las profundidades del inconsciente colectivo y los arquetipos universales. Jung consideraba a Abraxas como una imagen arquetípica del dios primordial, que engloba todas las contradicciones y todas las posibilidades. Para Jung, Abraxas era “el verdaderamente terrible”, porque podía crear y destruir con la misma palabra y con la misma acción. En su obra “Siete sermones a los muertos”, Jung presenta a Abraxas como el dios que está por encima del bien y del mal, del dios cristiano y del diablo, y que es el origen de la vida y de la muerte. Jung afirmaba que el miedo a Abraxas era el principio de la sabiduría, y que la liberación o gnosis se alcanzaba al aceptar la totalidad de la realidad, sin rechazar ni resistir nada..
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