En el tejido de la historia, entre las tramas de la filosofía y la espiritualidad, emerge la figura luminosa de Edith Stein. Nacida en el crepúsculo del siglo XIX, su vida se convirtió en un fascinante tapiz que entrelazaba la agudeza filosófica con la búsqueda espiritual más profunda. Desde los pasillos de la Universidad de Gotinga hasta los claustros del Carmelo Descalzo, Edith Stein tejió su narrativa con hilos de curiosidad, fe inquebrantable y el desafío constante de reconciliar su herencia judía con la llamada mística del catolicismo.
En un viaje que la llevó desde la mentoría de Husserl hasta el abrazo del Carmelo, Edith no solo forjó su camino a través de las complejidades intelectuales, sino que también enfrentó el vendaval del nazismo con la valentía de una mujer de fe. Su martirio en Auschwitz no solo selló su destino, sino que también la elevó a la categoría de santa. Edith Stein, con su vida y obra, se convierte en un faro de sabiduría y resistencia, recordándonos que incluso en los momentos más oscuros, la luz de la verdad y la fe puede brillar con intensidad inquebrantable.

“Edith Stein: Un Testimonio de Fe en Medio del Holocausto”
Edith Stein fue una destacada filósofa, mística y santa que vivió en el siglo XX. Nació el 12 de octubre de 1891 en Breslau, una ciudad que entonces pertenecía al Imperio Alemán y que hoy forma parte de Polonia. Era la menor de once hijos de una familia judía devota. Su padre, Siegfried Stein, era un comerciante de madera que murió cuando Edith tenía solo dos años. Su madre, Augusta Stein, se hizo cargo del negocio y de la educación de sus hijos con gran esfuerzo y dedicación.
Desde niña, Edith mostró una gran inteligencia y curiosidad por el conocimiento. A los catorce años, perdió la fe en el judaísmo y se declaró atea. Se interesó por la filosofía, la literatura y la historia, y decidió estudiar en la Universidad de Gotinga, donde conoció al famoso filósofo Edmund Husserl, fundador de la escuela fenomenológica. Edith se convirtió en su alumna predilecta y le siguió a la Universidad de Friburgo, donde se doctoró en 1916 con una tesis sobre el problema de la empatía, es decir, la capacidad de comprender los sentimientos y pensamientos de los demás.
Durante la Primera Guerra Mundial, Edith interrumpió sus estudios para servir como enfermera voluntaria en un hospital militar austríaco. Allí presenció el sufrimiento y la muerte de muchos soldados, lo que le hizo cuestionar el sentido de la vida y la existencia de Dios. Después de la guerra, trabajó como asistente de Husserl y colaboró con él en la edición de sus obras. También entró en contacto con otros filósofos influyentes, como Max Scheler y Martin Heidegger.
En 1921, Edith tuvo una experiencia decisiva que cambió su vida. Visitó a su amiga Hedwig Conrad-Martius, otra discípula de Husserl, y encontró en su biblioteca la autobiografía de Santa Teresa de Jesús, la fundadora del Carmelo Descalzo. Edith leyó el libro con fascinación y sintió que había encontrado la verdad que buscaba. Se convenció de que el catolicismo era la única religión verdadera y se bautizó el 1 de enero de 1922, con Hedwig como madrina.
A partir de entonces, Edith se dedicó a difundir el pensamiento cristiano entre los intelectuales alemanes. Dio conferencias sobre temas como la educación y la vocación de la mujer, la relación entre fe y razón, y el diálogo entre el cristianismo y el judaísmo. También tradujo al alemán las obras de Santo Tomás de Aquino y San Juan de la Cruz, dos grandes maestros de la teología y la mística católicas.
Edith sentía una profunda atracción por la vida religiosa, especialmente por el Carmelo Descalzo, pero tuvo que posponer su ingreso por respeto a su madre, que no aceptaba su conversión. Finalmente, en 1933, después de la muerte de su madre y ante el ascenso del nazismo en Alemania, Edith decidió entrar en el convento de las Carmelitas Descalzas de Colonia. Allí tomó el nombre religioso de Teresa Benedicta de la Cruz, en honor a Santa Teresa de Jesús y al misterio de la Pasión de Cristo.
En el convento, Edith continuó su labor intelectual y espiritual. Escribió varios libros sobre filosofía y teología, entre los que destaca El ser finito y el ser eterno, una obra monumental que intenta armonizar el pensamiento fenomenológico con el tomista. También profundizó en su unión con Dios mediante la oración y el sacrificio.
Sin embargo, su condición de judía convertida al catolicismo la puso en peligro ante la persecución nazi. En 1938, las autoridades alemanas le prohibieron enseñar y publicar sus obras. Sus hermanas del convento decidieron trasladarla a otro Carmelo en Echt, Holanda, donde esperaban que estuviera más segura. Allí la acompañó su hermana Rosa, que también se había convertido al catolicismo y trabajaba como terciaria carmelita.
En 1940, los nazis invadieron Holanda y extendieron su política antisemita. Edith y Rosa fueron arrestadas por la Gestapo el 2 de agosto de 1942, junto con otros cientos de judíos católicos, como represalia por una carta pastoral de los obispos holandeses que condenaba el racismo. Fueron deportadas al campo de concentración de Westerbork y luego al de Auschwitz, donde fueron asesinadas en la cámara de gas el 9 de agosto de 1942.
Edith Stein fue reconocida como mártir y beatificada por el papa Juan Pablo II en 1987. En 1998, fue canonizada y proclamada copatrona de Europa, junto con otros santos que representan la diversidad y la unidad del continente. Su fiesta se celebra el 9 de agosto. Edith Stein es un ejemplo de sabiduría, santidad y ecumenismo, que supo integrar su herencia judía con su fe católica, y su vocación filosófica con su llamado místico.
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