En las sombras de la historia del arte, donde las voces de muchas mujeres y minorías han sido silenciadas, emerge con fuerza y determinación la figura de María Edmonia Lewis. Nacida en un mundo que a menudo se mostraba indiferente, si no hostil, hacia las mujeres de color, Edmonia no solo se atrevió a soñar, sino que también esculpió esos sueños en piedra y mármol, dejando un legado imborrable. Su viaje, desde las orillas del Niágara hasta los salones artísticos de Roma, es una odisea de talento, valentía y perseverancia que desafía las narrativas convencionales y nos invita a explorar la vida de una de las escultoras más destacadas del siglo XIX.



La Inquebrantable Determinación de Edmonia Lewis: Una Voz Artística en el Siglo XIX.


María Edmonia Lewis, nacida el 4 de julio de 1844 en Greenbush, Nueva York, es una figura icónica en la historia del arte estadounidense debido a su excepcional habilidad y determinación en un mundo que a menudo era hostil hacia las mujeres de color. Hija de un sirviente liberto y de una madre perteneciente al pueblo nativo Mississauga Ojibwe, la vida de Edmonia estuvo marcada por la tragedia desde una edad temprana, ya que quedó huérfana y fue acogida por tías maternas cerca de las cataratas del Niágara. En este entorno, Edmonia aprendió el oficio de elaborar cestos y otros objetos artesanales para los visitantes, una habilidad que sin duda influyó en su futura carrera como escultora.

La educación formal de Edmonia comenzó gracias a la generosidad de su hermano mayor, quien, tras hacer fortuna durante la fiebre del oro en California, financió sus estudios. A la edad de 15 años, ingresó en el Oberlin College de Ohio, una institución conocida por su espíritu progresista. Sin embargo, a pesar de la reputación liberal de Oberlin, Edmonia enfrentó numerosos desafíos debido a su raza y género. Fue objeto de burlas y discriminación, y en un momento particularmente oscuro, fue falsamente acusada de envenenar a dos compañeras de estudio. Aunque fue absuelta de estos cargos, la experiencia la marcó profundamente y tuvo que abandonar Oberlin sin obtener su diploma.

A pesar de estos contratiempos, Edmonia no se dejó desanimar y en 1864, se trasladó a Boston. Allí, bajo la tutela del escultor Edward Brackett, comenzó a forjar su camino en el mundo del arte. Fundó su propio estudio y creó medallones de arcilla y yeso con las efigies de prominentes abolicionistas como William Lloyd Garrison y John Brown. Estos medallones fueron un éxito comercial, pero fue su busto del coronel Robert Shaw, un héroe de la Guerra Civil, lo que realmente cimentó su reputación. Las copias de este busto se vendieron rápidamente, proporcionándole los fondos necesarios para embarcarse en una nueva aventura en Europa.

En Roma, Edmonia Lewis floreció como artista. A pesar de los desafíos que enfrentó como mujer de color en el siglo XIX, su talento y determinación la llevaron a ser reconocida en los círculos artísticos europeos. Sus esculturas, a menudo inspiradas en temas bíblicos o clásicos, se exhibieron en galerías y salones de toda Europa, y Edmonia disfrutó de un éxito considerable.

No obstante, después de décadas de éxito y reconocimiento en Roma, Edmonia decidió retirarse a Inglaterra, donde vivió tranquilamente hasta su fallecimiento en 1907. Aunque su vida estuvo llena de desafíos, Edmonia Lewis dejó un legado duradero como una de las primeras escultoras afroamericanas y nativas americanas en alcanzar notoriedad internacional, rompiendo barreras y superando obstáculos en cada paso de su viaje.


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