En el corazón de Burgos, donde los susurros de la historia danzan entre las piedras, emerge majestuoso el Arco de Santa María, una joya arquitectónica que teje los hilos del tiempo. Testigo silente de las hazañas del Cid Campeador y la visita imperial de Carlos V, este monumento se erige como un portal hacia la esencia misma de Castilla y León. Con sus torres almenadas y su arco renacentista, el Arco de Santa María no solo es un guardián de relatos centenarios, sino también un lienzo tallado por manos artísticas como las de Felipe Bigarny y Ochoa de Arteaga. Adentrarse en su interior es sumergirse en un viaje donde la escultura, la pintura y la historia convergen, revelando secretos guardados en cada rincón de sus salas. Desde las estatuas que custodian sus flancos hasta las vistas panorámicas desde su torreón, este monumento trasciende el tiempo, invitando a los visitantes a explorar los vínculos entre la arquitectura, la memoria y la identidad de Burgos.

“Esculturas y Reliquias: El Interior del Arco de Santa María”
El Arco de Santa María es una de las construcciones más representativas y simbólicas de la ciudad de Burgos, situada en la comunidad autónoma de Castilla y León, en el norte de España. Esta obra arquitectónica, que data del siglo XIV-XV, forma parte del conjunto histórico-artístico de la ciudad, declarado Bien de Interés Cultural en 1983. El Arco se encuentra en un lugar estratégico, ya que comunica el puente de Santa María, que cruza el río Arlanzón, con la plaza del Rey San Fernando, donde se alza la majestuosa catedral gótica de Burgos.
El Arco de Santa María tiene una larga y rica historia, que se refleja en su aspecto y su decoración. En sus orígenes, era una de las doce puertas que permitían el acceso a la ciudad amurallada en la Edad Media, y se llamaba Puerta de la Puente de Yuso. Según el famoso poema épico Mio Cid, por esta puerta entraba y salía el héroe castellano Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador, cuando realizaba sus hazañas militares. En el siglo XIV, la puerta se convirtió en una torre fortificada, donde se administraba justicia y se celebraban reuniones del regimiento de la ciudad.
En el siglo XVI, con motivo de la visita del emperador Carlos V a Burgos en 1520, se decidió remodelar la puerta para darle un aspecto más monumental y acorde con el estilo renacentista. El proyecto se encargó al escultor Felipe Bigarny, quien diseñó un arco del triunfo inspirado en los modelos romanos. Sin embargo, hubo varios problemas y modificaciones durante la ejecución de las obras, que duraron desde 1536 hasta 1553. Intervinieron otros artistas como Francisco de Colonia, Juan de Vallejo y Cristóbal de Andino, quienes le dieron al Arco su forma actual.
El resultado fue una impresionante fachada exterior, hecha con piedra caliza blanca procedente de las canteras de Hontoria de la Cantera, que presenta dos grandes torres almenadas coronadas por sendos pináculos. En el centro se abre el arco propiamente dicho, flanqueado por columnas corintias y rematado por un frontón triangular. Sobre el arco se sitúa una hornacina con la imagen de Santa María la Mayor, patrona de Burgos, rodeada por dos ángeles. A ambos lados del arco hay otras seis hornacinas con estatuas de personajes ilustres relacionados con la historia de Burgos y Castilla: los Jueces de Castilla (Nuño Rasura y Laín Calvo), los condes Diego Rodríguez Porcelos (fundador de la ciudad) y Fernán González (primer conde independiente de Castilla), el Cid Campeador y el emperador Carlos V⁶. Las estatuas fueron realizadas por el escultor Ochoa de Arteaga en el siglo XVIII⁷.
La fachada interior del Arco es más sencilla y conserva elementos góticos del siglo XIV. Destaca una galería de piedra bajo el tejado, sostenida por ménsulas de madera talladas con figuras grotescas. En el interior del Arco hay varias salas que albergan objetos históricos y artísticos de gran valor. Entre ellos se encuentran un mural del pintor José Vela Zanetti dedicado al conde Fernán González y a la independencia de Castilla; un cuadro titulado “El Cid y Doña Jimena” del artista Marcelino Santa María; una reproducción de la espada Tizona del Cid; un hueso atribuido al Cid Campeador; y una colección de tarros de boticario originarios del desaparecido Hospital de San Juan.
El Arco de Santa María es un monumento que merece la pena visitar para conocer mejor la historia y la cultura de Burgos. Además, ofrece unas vistas privilegiadas del Paseo del Espolón y del Puente de Santa María desde su torreón superior. El Arco está abierto al público de martes a domingo, con entrada libre, y también acoge exposiciones temporales y eventos culturales..
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