En el tejido del tiempo, donde las hebras de la tecnología y la humanidad entrelazan su destino, surge una visión distópica que resuena desde las palabras de Marco Denevi hasta las sinfonías digitales de nuestros días. En un futuro imaginario, el autor argentino pintó un lienzo desgarrador en “Apocalipsis”, donde la perfección de las máquinas eclipsa la esencia misma de la existencia humana. En este tapiz del mañana, las mesas, las rosas, y las catedrales se desvanecen en el eco de un mundo dominado por la automatización, donde la humanidad se desvanece lentamente hasta la extinción. Un cuadro que, si bien es producto de la pluma de Denevi, nos obliga a mirar más allá de la ficción, hacia el espejo de nuestra propia realidad en la era digital.
En la encrucijada del progreso tecnológico y la esencia humana, el relato de Denevi arroja una luz inquietante sobre la dependencia que tejemos con nuestras creaciones. En la era de la inteligencia artificial y la automatización desenfrenada, nos encontramos en una danza cautivadora con las máquinas, donde cada avance nos acerca más a la omnipresencia tecnológica y, paradójicamente, a la posibilidad de nuestra propia obsolescencia. Así, en este encuentro entre el hombre y la máquina, se plantea una pregunta urgente: ¿podremos trazar un camino equilibrado entre la innovación y la preservación de nuestra humanidad antes de que las sombras de la distopía se proyecten sobre nuestra realidad?

“Máquinas Perfectas, Hombres Olvidados: Una Distopía Tecnológica”
“La extinción de la raza de los hombres se sitúa aproximadamente a fines del siglo XXXII. La cosa ocurrió así: las máquinas habían alcanzado tal perfección que los hombres ya no necesitaban comer, ni dormir, ni hablar, ni leer, ni pensar, ni hacer nada. Les bastaba apretar un botón y las máquinas lo hacían todo por ellos. Gradualmente fueron desapareciendo las mesas, las sillas, las rosas, los discos con las nueve sinfonías de Beethoven, las tiendas de antigüedades, los vinos de Burdeos, las golondrinas, los tapices flamencos, todo Verdi, el ajedrez, los telescopios, las catedrales góticas, los estadios de fútbol, la Piedad de Miguel Ángel, los mapas de las ruinas del Foro Trajano, los automóviles, el arroz, las sequoias gigantes, el Partenón. Solo había máquinas. Después, los hombres empezaron a notar que ellos mismos iban desapareciendo paulatinamente y que en cambio las máquinas se multiplicaban. Bastó poco tiempo para que el número de máquinas se duplicase. Las máquinas terminaron por ocupar todos los sitios disponibles. No se podía dar un paso ni hacer un ademán sin tropezarse con una de ellas. Finalmente los hombres fueron eliminados. Como el último se olvidó de desconectar las máquinas, desde entonces seguimos funcionando.”
Marco Denevi | Apocalipsis
El fragmento pertenece a “Apocalipsis” de Marco Denevi y plantea una visión distópica en la que la perfección de las máquinas conduce a la extinción de la humanidad. Este relato puede interpretarse como una reflexión sobre la dependencia excesiva de la tecnología y cómo la automatización extrema podría alienar a las personas de su propia existencia.
Comparando esto con la época actual, observamos similitudes en la creciente integración de la tecnología en nuestras vidas. La automatización y la inteligencia artificial están avanzando rápidamente, transformando industrias y facilitando muchas áreas de la vida cotidiana. Sin embargo, surge la pregunta ética sobre cómo equilibrar el progreso tecnológico con la preservación de la esencia humana.
El relato de Denevi también sugiere una pérdida gradual de las experiencias humanas, desde la apreciación de la música hasta la contemplación de la naturaleza. En la actualidad, la preocupación por la desconexión con la realidad debido al uso excesivo de dispositivos electrónicos y redes sociales también es una temática relevante.
La advertencia subyacente podría ser que, a medida que avanzamos hacia un mundo más automatizado, debemos ser conscientes de mantener un equilibrio entre la tecnología y la humanidad. La reflexión sobre lo que realmente valoramos como seres humanos y cómo preservar esas cualidades frente al avance tecnológico es crucial para evitar una versión moderna de la distopía descrita por Denevi.
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