En el antiguo sendero que serpentea al borde del pueblo, se alza majestuosa y temida, una casona que el tiempo parece haber olvidado. Sus muros descoloridos, ventanas rotas y un jardín invadido por la maleza, cuentan una historia que pocos se atreven a recordar. Generaciones han crecido escuchando susurros sobre lo que sucedió en su interior, y a pesar de los años, la casa mantiene un silencioso desafío: invita a los más valientes a descubrir sus secretos, a enfrentarse a lo desconocido, y a ser parte de su eterna leyenda.



Susurros de la Oscuridad: La Casa que Nunca Duerme


Nadie sabía desde cuándo estaba abandonada aquella casa. Se decía que había sido el escenario de un crimen horrible, que sus antiguos dueños habían desaparecido sin dejar rastro, que estaba maldita y habitada por fantasmas. Los niños del pueblo se atrevían a acercarse a ella en las noches de luna llena, buscando emociones fuertes y desafiando su miedo.

Un día, un grupo de cuatro amigos decidió entrar en la casa y explorarla. Llevaban linternas, cámaras y grabadoras, dispuestos a captar alguna evidencia de lo paranormal. Entraron por una ventana rota y se encontraron con un salón lleno de polvo, telarañas y muebles viejos. El ambiente era opresivo y silencioso.

  • ¿Qué hacemos aquí? -preguntó Luis, el más asustado del grupo.
  • Vamos a ver si encontramos algo interesante -respondió Ana, la más valiente y curiosa.
  • Yo creo que esto es una tontería -dijo Carlos, el más escéptico.
  • Venga, no seas aguafiestas -le reprochó Elena, la más divertida.

Los cuatro se separaron y empezaron a recorrer las habitaciones de la planta baja. Ana subió al primer piso, donde había un dormitorio con una cama cubierta por una sábana blanca. Se acercó a la cama y tiró de la sábana, esperando encontrar algo debajo. Pero lo único que había era un colchón manchado de sangre.

  • ¡Qué asco! -exclamó Ana, retrocediendo.

En ese momento, oyó un ruido detrás de ella. Se giró y vio una figura blanca con agujeros negros por ojos y boca. Era uno de los fantasmas que habían visto en la foto que les había enviado el usuario.

  • ¡Aaaaah! -gritó Ana, aterrorizada.

El fantasma se abalanzó sobre ella y la atrapó con sus brazos. Ana intentó zafarse, pero fue inútil. El fantasma le tapó la boca con su mano fría y le susurró al oído:

  • Bienvenida a mi casa. Ahora eres una de nosotros.

Ana sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y perdió el conocimiento.

Mientras tanto, en el salón, Luis, Carlos y Elena escucharon el grito de Ana y corrieron hacia las escaleras.

  • ¡Ana! ¿Qué te pasa? -gritó Luis.

Pero no hubo respuesta. Los tres subieron al primer piso y entraron en el dormitorio. Allí vieron a Ana tendida en la cama, con los ojos cerrados y la cara pálida. Junto a ella había tres figuras blancas más, que los miraron con una sonrisa maliciosa.

  • Hola, amigos -dijo una voz que reconocieron como la de Ana-. Os estábamos esperando.

Los tres amigos se quedaron paralizados de miedo al ver a Ana convertida en un fantasma. No podían creer lo que estaba pasando. ¿Cómo era posible que su amiga hubiera muerto y se hubiera unido a los espíritus de la casa?

  • ¿Qué queréis de nosotros? -preguntó Carlos, tratando de mantener la calma.
  • Queremos que os quedéis con nosotros para siempre -respondió Ana con una voz fría y distorsionada.
  • ¿Por qué? ¿Qué os hemos hecho? -preguntó Elena, llorando.
  • Nada. Simplemente nos sentimos solos y aburridos. Necesitamos más compañía -dijo Ana con una risa siniestra.

Los otros tres fantasmas asintieron y se acercaron lentamente a los tres amigos. Luis, Carlos y Elena retrocedieron hasta la pared, buscando una salida. Pero no había ninguna. La puerta estaba cerrada y las ventanas estaban tapiadas.

  • Por favor, dejadnos ir. No queremos morir -suplicó Luis, temblando.
  • Lo siento, pero no podemos hacer eso. Ya habéis entrado en nuestra casa y ahora sois nuestros -dijo Ana con crueldad.

Los tres fantasmas se lanzaron sobre los tres amigos y los agarraron con fuerza. Los tres amigos gritaron y forcejearon, pero fue inútil. Los tres fantasmas les mordieron el cuello y les chuparon la sangre hasta dejarlos secos.

Los tres amigos dejaron de respirar y sus corazones se pararon. Sus cuerpos se quedaron inertes en el suelo, junto a los de Ana y los otros fantasmas.

Los siete fantasmas se levantaron y se miraron entre ellos. Sonrieron y se abrazaron.

  • Bienvenidos a nuestra familia -dijeron al unísono.

Luego salieron del dormitorio y bajaron al salón. Allí encendieron la televisión y se pusieron a ver una película de terror.

La casa abandonada volvió a quedar en silencio, excepto por las risas de los fantasmas que disfrutaban de su nueva vida.


Fin.


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