En las profundidades del Cañón del Sumidero, entre imponentes paredes de roca que guardan los susurros del pasado, se teje una narrativa mística que abraza la historia y la leyenda. Aquí, en el corazón de Chiapas, México, la epopeya de los chiapanecas se entrelaza con la sombra de la conquista española, dando origen a una leyenda que desafía el tiempo. Guerreros indomables, divinidades adoradas y la mágica sonoridad del río Grijalva convergen en un relato que ha perdurado por siglos. En este ensayo, nos aventuraremos por los misterios del Cañón del Sumidero, desentrañando la trama entre la realidad histórica y la poesía mitológica que ha forjado la identidad de los chiapanecas, y cuestionaremos la autenticidad de la leyenda que resuena entre sus imponentes acantilados.



Códices y Relatos: Descifrando la Épica de los Chiapanecas en su Lucha contra la Conquista”


La leyenda del Sumidero es una narración que busca explicar el origen y el destino de los chiapanecas, un pueblo indígena que habitó la región central del actual estado de Chiapas, en México. Según esta leyenda, los chiapanecas eran guerreros valientes e indomables, que nunca se sometieron a los aztecas ni a los españoles, y que prefirieron morir lanzándose al vacío desde el Cañón del Sumidero, antes que aceptar la dominación extranjera. Esta leyenda ha sido transmitida de generación en generación, y ha sido considerada como un símbolo de la resistencia y la libertad de los chiapanecos.

Sin embargo, ¿qué tan cierta es esta leyenda? ¿Qué evidencias históricas y arqueológicas hay para sustentarla? ¿Qué otros factores influyeron en la desaparición de los chiapanecas? ¿Qué legado cultural dejaron en la región? Estas son algunas de las preguntas que intentaré responder en este ensayo, basándome en las fuentes disponibles y en mi propia interpretación.

Para empezar, es necesario aclarar que los chiapanecas no eran un grupo homogéneo, sino que se trataba de una confederación de varios pueblos que compartían una lengua común, el chiapaneco o soctón, perteneciente a la familia otomangueana. Esta lengua se extinguió en el siglo XVIII, pero se conservan algunos documentos escritos en ella, como el Códice Chiapa de Corzo y el Testamento de Nandalumí. Los chiapanecas se establecieron en la Depresión Central de Chiapas, alrededor del río Grijalva, donde fundaron varios asentamientos, siendo el más importante Napiniacá, conocido también como Chiapa de los Indios o Chiapa de Corzo.

No se sabe con certeza cuál fue el origen de los chiapanecas, pero se ha propuesto que pudieron haber migrado desde América Central hacia el norte, debido a su cercanía lingüística con los mangues, un pueblo que habitó la costa pacífica de Nicaragua y Costa Rica. Esta hipótesis se basa en las similitudes fonéticas y gramaticales entre el chiapaneco y el mangue, así como en algunos rasgos culturales compartidos, como el uso del calendario ritual de 260 días y la práctica del sacrificio humano. Sin embargo, también hay diferencias significativas entre ambos pueblos, como el tipo de escritura y la organización política. Además, no hay evidencias arqueológicas que apoyen esta teoría, por lo que se requieren más estudios para confirmarla o descartarla.

Lo que sí se sabe es que los chiapanecas tuvieron contacto con otras culturas mesoamericanas, como los olmecas, los mayas, los zoques y los aztecas. Los olmecas fueron los primeros habitantes conocidos de la región chiapaneca, y dejaron huellas de su presencia en sitios como La Venta y Chiapa de Corzo. Los mayas ocuparon el área oriental del estado, donde desarrollaron ciudades como Palenque y Bonampak. Los zoques se asentaron en la zona norte y occidente del estado, donde fundaron centros ceremoniales como Iglesia Vieja y Santa Marta. Los aztecas llegaron al territorio chiapaneco en el siglo XV, como parte de sus campañas expansionistas.

Los chiapanecas mantuvieron relaciones comerciales y políticas con estos pueblos vecinos, pero también tuvieron conflictos y rivalidades. Los chiapanecas fueron aliados de los aztecas contra los mayas y los zoques, pero también les pagaban tributo y les enviaban cautivos para el sacrificio. Los chiapanecas fueron enemigos de los mayas y los zoques, a quienes atacaban y sometían periódicamente. Los chiapanecas fueron independientes de los olmecas, pero adoptaron algunos elementos de su cultura, como el uso del jade y la construcción de montículos.

Los chiapanecas alcanzaron su apogeo entre los siglos XI y XV, cuando dominaron la Depresión Central de Chiapas y extendieron su influencia hacia otras regiones. Los chiapanecas se caracterizaron por su organización militar y su religión politeísta. Los chiapanecas se dividían en clanes o linajes, cada uno con su propio jefe o cacique, que a su vez rendía cuentas al señor supremo o huey tlatoani, que residía en Napiniacá. Los chiapanecas adoraban a varios dioses, entre los que destacaban el dios del sol, el dios de la lluvia, el dios del maíz y el dios de la guerra. Los chiapanecas practicaban rituales como el juego de pelota, la danza de los voladores, la quema de incienso y el sacrificio de animales y humanos.

Los chiapanecas dejaron testimonios de su cultura en diversos monumentos y objetos, como estelas, esculturas, cerámicas, joyas y códices. Algunos de estos hallazgos se pueden apreciar en el Museo de la Laca y el Museo Regional de Chiapa de Corzo, así como en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México. Entre las obras más representativas de los chiapanecas se encuentran el Cilindro de Chiapa de Corzo, que contiene una inscripción en escritura epiolmeca que data del año 36 a.C.; el Códice Chiapa de Corzo, que narra la historia y la genealogía de los gobernantes chiapanecas desde el siglo XII hasta el siglo XVI; y el Testamento de Nandalumí, que es el documento más antiguo escrito en chiapaneco, y que fue redactado por el último huey tlatoani en 1528.

La llegada de los españoles al territorio chiapaneco marcó el inicio del fin de los chiapanecas como pueblo independiente. Los primeros contactos entre ambos grupos se dieron en 1524, cuando Luis Marín exploró la región y sometió temporalmente a Nandalumí. Sin embargo, los chiapanecas se rebelaron pronto y recuperaron su autonomía. En 1528, Diego de Mazariegos encabezó una nueva expedición, con el apoyo de indígenas aliados, y llegó hasta el Cañón del Sumidero, donde se enfrentó a los chiapanecas en una sangrienta batalla.

Aquí es donde entra la leyenda del Sumidero, que cuenta que los chiapanecas, al verse rodeados y derrotados por los españoles, decidieron suicidarse colectivamente lanzándose al vacío desde el peñón de Tepetchía, que domina el río Grijalva. Según la leyenda, más de 15 mil indígenas perecieron en este acto heroico, que conmovió al capitán español y lo hizo cesar el combate. La leyenda también dice que con los pocos sobrevivientes se fundó un nuevo pueblo, Chiapa de Corzo, que junto con San Cristóbal de las Casas (antes Chiapa de los Españoles), dio nombre al estado.

Sin embargo, esta leyenda tiene varios problemas para ser considerada como un hecho histórico verídico. En primer lugar, no hay evidencias arqueológicas ni documentales que confirmen la existencia de una ciudad indígena en el Cañón del Sumidero, ni mucho menos que haya sido escenario de una batalla tan masiva. En segundo lugar, no hay coherencia cronológica ni geográfica entre las fuentes coloniales que relatan la conquista de Chiapas, pues algunas ubican la batalla en 1524 y otras en 1528; algunas la sitúan en el Cañón del Sumidero y otras en otros lugares; algunas la atribuyen a Luis Marín y otras a Diego de Mazariegos. En tercer lugar, no hay consistencia numérica ni proporcional entre las cifras que se manejan sobre la población chiapaneca y las bajas que sufrieron en la supuesta batalla. Según algunos censos realizados por los españoles en 1528 y 1549, la población total de los chiapanecas era de unos 20 mil habitantes; sin embargo, según la leyenda, más de 15 mil se suicidaron en el Sumidero. Esto implicaría que casi el 75% de los chiapanecas desaparecieron.


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