En las páginas del siglo XIX peruano, entre los resplandores de la aristocracia y los susurros de la opresión, surge la figura luminosa y polémica de Mercedes Cabello de Carbonera. Nacida en la esplendorosa Moquegua, su vida se tejió con la pluma rebelde y la valentía ante un conservadurismo implacable y un machismo asfixiante. Educada en los salones donde resonaban los ecos de la aristocracia, Mercedes se convirtió en la arquitecta de palabras que desafiarían las convenciones sociales. Su matrimonio infeliz, marcado por la infidelidad y la cruel sombra de la sífilis, se convirtió en el crisol de su crítica social. Bajo el seudónimo de Enriqueta Pradel, se erigió como una voz inconformista en el periodismo y la literatura, desafiando la posición subordinada asignada a la mujer en la sociedad peruana. En esta introducción, exploramos el legado de una escritora que, relegada al olvido en vida, resurge ahora como precursora del realismo y del feminismo en el Perú.

“Tragedias y Triunfos: La Vida de Mercedes Cabello de Carbonera en el Siglo XIX Peruano”
Mercedes Cabello de Carbonera fue una de las escritoras más importantes y polémicas del siglo XIX en el Perú. Su obra se caracterizó por ser una crítica social y una defensa de los derechos de la mujer, en un contexto dominado por el conservadurismo y el machismo. Su vida personal también estuvo marcada por el sufrimiento y la marginación, hasta llegar a un triste final.
Nació en Moquegua, una ciudad del sur del Perú, el 7 de febrero de 1845. Su familia era de origen aristocrático y poseía una gran hacienda. Desde niña recibió una educación esmerada, gracias a su padre y a su tío, que le enseñaron francés, literatura, historia y filosofía. Su padre era bisnieto de los condes de Cumbres Altas y su madre era hija de un magistrado que participó en el Congreso Constituyente de 1827.
A los 22 años se trasladó a Lima, donde vivió con un tío que era cosmógrafo mayor de la República. Allí conoció al médico Urbano Carbonera, con quien se casó en 1866. El matrimonio fue infeliz, pues él le fue infiel y le contagió la sífilis, una enfermedad incurable en esa época. Además, él era jugador y derrochador, lo que los llevó a la ruina económica. No tuvieron hijos y se separaron.
En Lima, Mercedes se dedicó al periodismo y a la literatura. Colaboró en varios diarios y revistas, usando el seudónimo de Enriqueta Pradel. Escribió ensayos sobre temas literarios, sociales y feministas, influenciada por el positivismo y el naturalismo. Abogó por la emancipación de la mujer, por su derecho a la educación, al trabajo y al voto. Criticó el papel subordinado que la sociedad le asignaba a la mujer, como esposa sumisa, madre abnegada y católica devota³.
También escribió seis novelas de contenido social e intención crítica, siendo las más conocidas Blanca Sol (1888), Las consecuencias (1890) y El conspirador (1892). En estas novelas retrató la realidad peruana de su tiempo, con sus problemas políticos, económicos y morales. Sus personajes eran mujeres que sufrían por el amor, la ambición, el engaño o la violencia. Sus obras causaron escándalo y fueron censuradas por la iglesia y por los escritores varones, que la acusaron de inmoral e impúdica⁴.
Su salud mental se deterioró por el estrés, el insomnio y el consumo de drogas como el cloral. También sufrió de parálisis progresiva, un síntoma de la sífilis avanzada. En 1900 fue internada en el Manicomio del Cercado, donde pasó los últimos nueve años de su vida. Murió el 12 de octubre de 1909, olvidada y despreciada por la mayoría⁵.
Su obra fue rescatada y revalorada en las últimas décadas del siglo XX, por los estudiosos de la literatura peruana y latinoamericana. Se le reconoce como la iniciadora de la novela realista peruana y como una precursora del feminismo en el Perú..
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