En el vibrante escenario de Viena, el 18 de febrero de 1906, nacía Hans Asperger, un prodigio de la medicina que dejaría una marca imborrable en la comprensión del espectro autista. No solo se destacó por sus logros académicos en la Universidad de Viena, sino que también cultivó desde la infancia una pasión por la naturaleza, la música y la literatura. Sin embargo, la historia de Asperger se entrelaza con desafíos extraordinarios, enfrentándose a las sombras del nazismo mientras exploraba la “psicopatía autista”. A través de su legado, emerge la figura de un visionario que, aunque inicialmente pasado por alto, resurge gracias a mentes como la de Lorna Wing. Este viaje desde los recovecos de la historia hasta el reconocimiento global del Síndrome de Asperger revela no solo un avance médico, sino también un tributo a la diversidad y potencial creativo dentro del espectro autista.

“Tras las Huellas de Hans Asperger: Vida, Desafíos y Contribuciones”
Hans Asperger nació en Viena el 18 de febrero de 1906, en el seno de una familia católica de clase media. Desde niño mostró un gran interés por la naturaleza, la literatura y la música. Aprendió a tocar el piano y el violín, y se aficionó a la poesía y al teatro. Su padre era profesor de historia y su madre era ama de casa. Tenía dos hermanos menores, que murieron durante la Primera Guerra Mundial.
Asperger estudió medicina en la Universidad de Viena, donde se graduó en 1931. Se especializó en pediatría y psiquiatría infantil, y trabajó en el Hospital Infantil Universitario de Viena. Allí conoció a Erwin Lazar, un psicólogo que le introdujo en el estudio de los niños con dificultades de aprendizaje y adaptación social. Asperger se interesó por estos casos, que él llamó “psicopatía autista”, y dedicó gran parte de su carrera a investigarlos.
En 1944, Asperger publicó su trabajo más famoso, titulado “Die ‘Autistischen Psychopathen’ im Kindesalter” (“Los ‘psicópatas autistas’ en la infancia”). En este artículo, describió las características de cuatro niños que presentaban un trastorno del desarrollo caracterizado por una falta de empatía, una escasa habilidad para entablar amistad, una tendencia a hablar solos o con adultos, una fijación intensa hacia un determinado asunto, y unos movimientos extraños o estereotipados. Asperger los llamó “pequeños profesores” porque eran capaces de hablar con mucha precisión y detalle sobre sus temas favoritos, que solían ser muy específicos y complejos. Asperger reconoció que estos niños tenían una inteligencia normal o superior, y que podían desarrollar sus talentos si se les ofrecía un ambiente adecuado y comprensivo. Así lo demostraron algunos de sus pacientes, que llegaron a ser profesionales exitosos en campos como la astronomía, la literatura o la música. Por ejemplo, uno de ellos fue Fritz V., que se convirtió en profesor de astronomía y corrigió un error en la obra de Newton que había encontrado cuando era estudiante. Otro fue Elfriede Jelinek, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2004.
El trabajo de Asperger pasó desapercibido durante décadas, debido a que se publicó en alemán y en una revista poco difundida. Además, el contexto histórico no era favorable para su difusión, ya que Austria estaba bajo el dominio nazi y la Segunda Guerra Mundial estaba en curso. Asperger tuvo que enfrentarse a las presiones del régimen nazi, que consideraba a los niños con discapacidad como inferiores y prescindibles. Se ha acusado a Asperger de colaborar con los nazis al enviar a algunos de sus pacientes a la clínica Am Spiegelgrund, donde se practicaban eutanasias a niños con problemas mentales o físicos. Sin embargo, también hay evidencias de que Asperger trató de proteger a sus pacientes y de oponerse al programa eugenésico nazi.
Después de la guerra, Asperger continuó su carrera académica y clínica en Viena. En 1946 fue nombrado director del Hospital Infantil Universitario, y en 1957 fue designado jefe del Departamento de Pediatría de la Universidad. En 1962 se trasladó a Innsbruck, donde fundó una clínica infantil y una escuela especial para niños con dificultades emocionales y sociales. Se retiró en 1977, pero siguió dando conferencias y escribiendo artículos hasta su muerte el 21 de octubre de 1980.
El legado de Asperger fue rescatado por la psiquiatra británica Lorna Wing, que en 1981 publicó un artículo titulado “Asperger’s syndrome: a clinical account”. Wing revisó el trabajo de Asperger y propuso el término “síndrome de Asperger” para referirse a un trastorno del espectro autista que se caracteriza por una inteligencia normal o alta, una dificultad para la interacción social y la comunicación, y unos intereses restringidos y obsesivos. Wing también destacó la contribución de la neuróloga rusa Grunya Sukhareva, que en 1926 había descrito un cuadro clínico muy similar al de Asperger, pero que también había sido ignorado por la comunidad científica.
El síndrome de Asperger se popularizó en los años 90, cuando se incluyó en las clasificaciones internacionales de los trastornos mentales. Desde entonces, se ha reconocido la existencia de una gran diversidad dentro del espectro autista, y se ha valorado el potencial y la creatividad de las personas con este síndrome.
El nacimiento de Asperger, el 18 de febrero, se celebra como el Día Internacional del Síndrome de Asperger, con el fin de promover la concienciación y el respeto hacia las personas con este trastorno.
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