En el corazón del siglo XIX, en una época donde las expectativas sociales oprimían la creatividad femenina, emergió una figura excepcional que desafió las limitaciones de su tiempo: Harriet Goodhue Hosmer, una escultora intrépida que esculpió su propio destino. Nacida en una familia acomodada de Massachusetts, Hosmer tropezó con la tragedia desde temprana edad, pero su espíritu rebelde y aventurero la llevó por caminos inexplorados. Desde las majestuosas Montañas Rocosas hasta las calles de Roma, Hosmer forjó su camino, desafiando convenciones y desafiando las barreras que restringían a las mujeres de su era. Su historia no solo se entrelaza con la maestría en la escultura de mármol y la creación de obras inmortales, sino también con relaciones secretas, luchas por la igualdad y un legado que resuena en el batir de las alas del arte y la emancipación.



Entre Mármol y Revolución: El Mundo de Harriet Hosmer en el Siglo XIX”


Harriet Goodhue Hosmer nació en una familia acomodada de Massachusetts, pero tuvo que enfrentarse a la tragedia desde muy joven. Su madre murió cuando ella tenía solo 12 años, y sus tres hermanos también fallecieron poco después. Su padre, un médico progresista, se convirtió en su principal apoyo y le inculcó el amor por la ciencia y el arte. Harriet era una niña rebelde y aventurera, que disfrutaba de las actividades al aire libre y de los viajes. A los 15 años, recorrió el Oeste de los Estados Unidos con su padre, visitando lugares como las Montañas Rocosas, el río Mississippi y las tribus indígenas. Esta experiencia le abrió la mente y le dio confianza en sí misma.

Harriet descubrió su vocación por la escultura cuando vio una exposición de obras de Hiram Powers en Boston. Decidió dedicarse a este arte, pero se encontró con muchas dificultades para acceder a una educación formal. En aquella época, las mujeres no podían asistir a las academias de arte ni estudiar anatomía con modelos vivos. Harriet tuvo que recurrir a su padre, que le enseñó los principios básicos de la anatomía humana usando cadáveres de su consulta. También contó con el apoyo de la actriz Fanny Kemble, que le presentó a otros artistas y le animó a seguir su sueño.

En 1852, Harriet se trasladó a Roma con su padre y su madrastra, donde pudo estudiar con el escultor británico John Gibson, uno de los maestros del neoclasicismo. Allí se integró en una colonia de artistas y escritores extranjeros, que formaban una comunidad cosmopolita y liberal. Entre sus amigos se encontraban Edmonia Lewis, otra escultora afroamericana e indígena; Nathaniel Hawthorne, el autor de La letra escarlata; William Makepeace Thackeray, el creador de La feria de las vanidades; Florence Freeman, una pintora inglesa; George Eliot, la novelista de Middlemarch; y George Sand, la escritora francesa que se vestía de hombre y tuvo una relación con Chopin.

Harriet se especializó en la escultura de mármol, creando obras inspiradas en la mitología clásica, la historia y la literatura. Algunas de sus obras más famosas son Oenone (1855), una ninfa abandonada por Paris; Beatrice Cenci (1857), una joven romana que mató a su padre abusivo; Zenobia (1859), una reina de Palmira que se rebeló contra Roma; y Puck (1856), el travieso duende de El sueño de una noche de verano. Harriet demostró un gran dominio técnico y una sensibilidad artística, logrando expresar las emociones y personalidades de sus personajes. También innovó en el proceso de transformar la piedra caliza en mármol, patentando un método químico que le permitió ahorrar tiempo y dinero.

Harriet fue una mujer independiente y exitosa, que logró vivir de su arte y ganarse el respeto de sus colegas y del público. Fue la primera mujer en exponer en la Royal Academy of Arts de Londres y en recibir un encargo del gobierno estadounidense para realizar un monumento público. También fue una pionera en el movimiento por los derechos de las mujeres, participando en actos públicos y apoyando causas como el sufragio femenino y la educación superior para las mujeres.

Harriet mantuvo varias relaciones amorosas con otras mujeres a lo largo de su vida, aunque nunca lo hizo público ni se casó. Una de sus parejas más importantes fue Louisa Ashburton Baring, una rica viuda inglesa que le ayudó a financiar su estudio en Roma y le ofreció una vida cómoda y lujosa. Juntas viajaron por Europa y Oriente Medio, visitando lugares como Egipto, Grecia y Turquía. Harriet y Louisa vivieron juntas durante más de 20 años, hasta que Louisa murió en 1878.

Harriet regresó a Estados Unidos en 1865, al finalizar la Guerra Civil, y se instaló en Watertown, su ciudad natal. Allí continuó trabajando en su arte, aunque con menos intensidad y reconocimiento que antes. También se dedicó a escribir sus memorias y a dar conferencias sobre sus experiencias. Murió en 1908, a los 77 años, de una enfermedad respiratoria. Fue enterrada en el cementerio de Mount Auburn, junto a su padre y su madrastra.

Harriet Goodhue Hosmer fue una mujer adelantada a su tiempo, que rompió las barreras sociales y artísticas que limitaban a las mujeres de su época. Su obra es un testimonio de su talento, su pasión y su espíritu libre. Su vida es un ejemplo de coraje, perseverancia y amor por el arte.

Aquí algunas de sus obras:


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