En un universo lleno de constantes y rutinas, la vida también reserva espacios para lo inesperado y lo extraordinario. Es en esos momentos en los que se alinean los astros y las puertas de lo asombroso se abren de par en par, invitándonos a adentrarnos en un mundo donde lo común se desvanece y lo extraordinario emerge como una poderosa fuerza transformadora. Es allí, en ese punto donde convergen el deseo, la pasión y el atrevimiento, donde cada uno de nosotros tiene la oportunidad de forjar una vida que trascienda lo ordinario y se eleve a alturas insospechadas. Con el telón de fondo de infinitos horizontes por desvelar y sueños por alcanzar, nos sumergimos en la profunda exploración de lo extraordinario, abriendo nuestras almas a las posibilidades ilimitadas que nos aguardan en este increíble viaje llamado vida.



En busca de lo excepcional: El poder de vivir una vida fuera de lo común”


La vida es una oportunidad única para hacer o pensar cosas extraordinarias. No se trata solo de lograr grandes hazañas o reconocimientos, sino de encontrar sentido y belleza en lo que nos rodea y en lo que somos. Cada persona tiene su propia definición de lo extraordinario, y puede cambiar a lo largo del tiempo. Lo importante es no dejar de buscarlo, de aspirar a ello, de disfrutarlo.

Muchas veces pensamos que la vida es demasiado corta para hacer todo lo que queremos, y nos agobiamos por el tiempo que se nos escapa. Sin embargo, la vida también puede ser irritantemente larga si no le damos un propósito, si nos conformamos con la rutina, si nos olvidamos de nuestros sueños. La vida puede durar décadas, pero también puede pasar en un instante si no le prestamos atención.

Por eso, no tengas prisa. No te dejes llevar por la ansiedad o el miedo. No te compares con los demás ni te juzgues por lo que no has hecho. Tampoco te acomodes ni te resignes. Sé curioso, sé valiente, sé tú mismo. Busca lo que te apasiona, lo que te hace feliz, lo que te hace crecer. Aprende cosas nuevas, explora lugares desconocidos, conoce gente diferente. Exprésate con tu voz, con tu cuerpo, con tu arte. Comparte tus sentimientos, tus ideas, tus experiencias. Ayuda a los demás, respeta al planeta, defiende tus valores.

No importa la edad que tengas ni las circunstancias en las que vivas. Siempre habrá algo extraordinario que hacer o pensar, algo que te sorprenda o te emocione, algo que te desafíe o te enseñe. Puede ser algo grande o pequeño, algo fácil o difícil, algo común o raro. Lo que cuenta es cómo lo vivas, cómo lo interpretes, cómo lo transformes.

Imagina que tienes veinte años y quieres hacer o pensar cosas extraordinarias. Tienes toda la vida por delante y un mundo de posibilidades. Puedes estudiar lo que quieras, viajar a donde quieras, dedicarte a lo que quieras. Puedes ser un genio del ajedrez o del piano, un deportista de élite o un físico teórico. Puedes inventar algo revolucionario, escribir un best-seller, ganar un premio Nobel. O puedes hacer cosas más sencillas pero igual de extraordinarias: leer un libro que te cambie la vida, hacer un voluntariado en otro país, enamorarte perdidamente.

Imagina que tienes cuarenta años y sigues queriendo hacer o pensar cosas extraordinarias. Tal vez hayas cumplido algunos de tus objetivos o tal vez no. Tal vez hayas cambiado de planes o tal vez no. Tal vez estés satisfecho con tu trayectoria o tal vez no. Sea como sea, aún tienes mucho camino por recorrer y mucho que descubrir. Tal vez ya no puedas ser un genio del ajedrez o del piano, un deportista de élite o un físico teórico, pero hay muchas otras excelencias reservadas para ti. Puedes aprender hebreo o chino mandarín, hablar de Cecilia Bartoli o de Truman Capote como si fueran tus amigos íntimos, recorrer Islandia en bicicleta o escribir tu novela inmortal.

Imagina que tienes sesenta años y todavía quieres hacer o pensar cosas extraordinarias. Quizás hayas logrado algunas de tus metas o quizás no. Quizás hayas mantenido tu ilusión o quizás no. Quizás te sientas orgulloso de lo que has hecho o quizás no. Como sea, aún tienes mucho por vivir y mucho por aprender. Quizás ya no puedas aprender hebreo o chino mandarín, hablar de Cecilia Bartoli o de Truman Capote como si los conocieras de toda la vida, recorrer Islandia en bicicleta o escribir tu novela inmortal, pero hay muchas otras maravillas reservadas solo para ti. Puedes cultivar un huerto ecológico, meditar en un monasterio budista, adoptar a un perro callejero, desayunar en Tiffany’s.

Imagina que tienes ochenta años y aún quieres hacer o pensar cosas extraordinarias. Tal vez hayas alcanzado algunas de tus aspiraciones o tal vez no. Tal vez hayas conservado tu sentido del humor o tal vez no. Tal vez te sientas feliz con lo que has sido o tal vez no. De cualquier modo, aún tienes mucho por sentir y mucho por imaginar. Tal vez ya no puedas cultivar un huerto ecológico, meditar en un monasterio budista, adoptar a un perro callejero, desayunar en Tiffany’s, pero hay muchas otras bellezas reservadas solo para ti. Puedes acariciar la tela del sillón donde te sientas, las paredes de tu casa, las flores de tu jardín, la loza de tu baño. Puedes acariciar también tus recuerdos, tus ideas, tus sueños. Puedes acariciar la vida.

No esperes a tener ochenta años para hacerlo. Empieza ahora, empieza siempre. Acaricia un poco cada día, con los sentidos y con la mente. No te distraigas con lo superficial, lo banal, lo efímero. Busca lo profundo, lo esencial, lo eterno. Busca lo extraordinario. Está en ti y en todo lo que te rodea. Solo tienes que encontrarlo.


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