En la sinfonía de la existencia humana, a menudo es el desgarro de las cuerdas más profundas lo que produce las melodías más resonantes. Mientras muchos buscan refugio en las notas de la comodidad y la felicidad perpetua, hay quienes argumentan que es en la disonancia del sufrimiento donde encontramos la autenticidad y la verdadera esencia de la vida. José Luis Ontiveros, con su aguda perspicacia, nos invita a sumergirnos en este océano de reflexiones, explorando cómo el dolor y el sacrificio pueden ser los guardianes silenciosos de nuestra auténtica identidad. En esta exploración, nos aventuramos en las profundidades del alma humana, buscando comprender cómo el sufrimiento puede ser, paradójicamente, el faro que ilumina nuestro camino hacia el verdadero yo.



Sufrimiento y Autenticidad: Un Viaje hacia el Crecimiento Personal.



De alguna manera creo que todo hombre auténtico tiene que sufrir más que el hombre mediocre, y que esa dosis de sufrimiento interno, ese desgarrarse, es lo que marca lo excepcional (…) y debemos estar dispuestos a la entrega, a la oblación, al sacrificio.”

José Luis Ontiveros, periodista y escritor mexicano



El pasaje de José Luis Ontiveros toca un tema profundo y complejo que ha sido objeto de reflexión y análisis a lo largo de la historia: la relación entre el sufrimiento y la autenticidad.

  1. El sufrimiento como marcador de autenticidad:
    El texto sugiere que el “hombre auténtico” sufre más que el “hombre mediocre”. Aquí, la autenticidad podría interpretarse como la capacidad de una persona para enfrentar y aceptar todas las facetas de la existencia, incluso las más dolorosas. Esta idea conecta con la noción filosófica de que el sufrimiento es una parte esencial de la condición humana, y que el enfrentarlo nos brinda una comprensión más profunda de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
  2. Desgarrarse como señal de lo excepcional:
    El “desgarrarse” evoca imágenes de conflicto interno y lucha. Ontiveros parece sugerir que este tipo de conflicto, este desgarro, es lo que distingue a las personas excepcionales de las demás. Tal vez sea porque las personas excepcionales son más sensibles o están más en sintonía con las complejidades y contradicciones de la vida. Esta idea también se conecta con muchas representaciones artísticas y literarias, donde los genios y artistas suelen ser retratados como figuras atormentadas, lidiando con demonios internos.
  3. Entrega, oblacón y sacrificio:
    La “entrega”, “oblación” y “sacrificio” son términos que sugieren una disposición para dar algo de uno mismo, incluso cuando es doloroso. Estas palabras evocan la idea de que la autenticidad y la grandeza a menudo vienen acompañadas de una disposición para sacrificar algo valioso: la comodidad, la seguridad, la aprobación social, entre otros. Esta disposición para sacrificar podría verse como una manifestación de la pasión y el compromiso que siente el individuo hacia una causa o ideal superior.
  4. Comparación con otras reflexiones sobre el sufrimiento:
    Las reflexiones de Ontiveros no están aisladas. Filósofos como Friedrich Nietzsche han argumentado que el sufrimiento es un componente esencial de la vida, y que enfrentarlo y superarlo puede conducir a un mayor crecimiento y autoconocimiento. En la tradición budista, el sufrimiento (Dukkha) es una de las Cuatro Nobles Verdades, y se considera fundamental para la comprensión de la existencia.
  5. Implicaciones para la sociedad contemporánea:
    En una época donde la búsqueda de la comodidad y la evitación del dolor son prioridades para muchos, las palabras de Ontiveros desafían esta norma. Su perspectiva sugiere que deberíamos abrazar, o al menos aceptar, el sufrimiento como una parte inevitable y valiosa de la experiencia humana. No se trata de buscar el dolor por el dolor mismo, sino de reconocer que las luchas y los desafíos a menudo son catalizadores para el crecimiento personal y la auténtica autoexpresión.

Conclusión

El sufrimiento, en sus múltiples facetas y manifestaciones, ha sido a lo largo de la historia tanto una sombra ominosa como una fuente iluminadora para la humanidad. Las reflexiones de Ontiveros nos han mostrado que, aunque pueda parecer una paradoja, es a través de las dificultades y los desafíos que podemos alcanzar una mayor comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. El dolor, en lugar de ser simplemente un obstáculo, puede ser una herramienta poderosa para forjar una identidad auténtica y un carácter resiliente.

Sin embargo, es fundamental recordar que, mientras valoramos las lecciones que se pueden aprender del sufrimiento, no debemos caer en la trampa de romanticizar el dolor o ignorar sus consecuencias potencialmente devastadoras. La clave radica en la capacidad de encontrar un equilibrio, de abrazar los momentos de adversidad con perspectiva y empatía, y de utilizarlos como trampolines hacia el crecimiento y la autoconciencia.

En última instancia, la relación entre el sufrimiento y la autenticidad es una danza compleja, llena de matices y contradicciones. Pero es precisamente esta complejidad la que hace que la experiencia humana sea tan rica y multifacética. A través de las lágrimas y las risas, las pérdidas y las victorias, cada individuo tiene la oportunidad de trazar su propio camino, encontrando en el proceso su voz única y auténtica en el vasto coro de la humanidad.


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