¿Qué tienen en común las nubes y las emociones? A simple vista, puede parecer que nada. Sin embargo, para la escritora estadounidense Joyce Carol Oates, ambas son elementos que reflejan la naturaleza efímera y cambiante de la realidad. En su novela La hija del sepulturero, Oates nos presenta a Rebecca Schwart, una mujer que ha sufrido traumas y violencias desde su infancia, y que anhela una vida más tranquila y serena. En este ensayo, analizaremos cómo Oates utiliza la metáfora de las nubes para expresar el deseo de Rebecca de aceptar y dejar ir sus emociones, sin aferrarse ni lamentarse por ellas. Asimismo, exploraremos cómo esta metáfora revela el proceso de autoconocimiento y madurez emocional que experimenta la protagonista a lo largo de la novela. Finalmente, reflexionaremos sobre el mensaje que Oates nos transmite con esta obra: la importancia de vivir el presente con ecuanimidad y sabiduría..



Joyce Carol Oates y la búsqueda de una vida tranquila: la lección de las nubes


«Mi deseo es vivir una vida en la que las emociones lleguen despacio, como las nubes en un día tranquilo. Ves cómo la nube se acerca, reparas en su belleza, la contemplas mientras pasa y la dejas ir. No te obsesionas con lo que has visto, no lamentas su desaparición. Te conformas con entender que nunca aparecerá una nube idéntica a esa, por muy hermosa, por única que sea. Y no lloras por haberla perdido».

Joyce Carol Oates



Esta cita es un fragmento de su novela La hija del sepulturero, publicada en 2007. En este pasaje, la protagonista, Rebecca Schwart, expresa su anhelo de una vida más serena y menos turbulenta, en contraste con las experiencias traumáticas que ha vivido desde su infancia.

El tema principal de esta cita es la aceptación de la impermanencia y la transitoriedad de las emociones y las experiencias. La autora utiliza la metáfora de las nubes para ilustrar cómo Rebecca desea afrontar sus sentimientos con ecuanimidad y desapego, sin aferrarse ni rechazar nada. Las nubes representan la naturaleza cambiante y efímera de la realidad, que no se puede controlar ni poseer. Rebecca aspira a observar las nubes (y sus emociones) con atención y aprecio, pero sin identificarse ni apegarse a ellas. Así, evita el sufrimiento que provoca el deseo de retener lo que es fugaz o el lamento por lo que se ha perdido.

La cita también refleja el tema del autoconocimiento y la madurez emocional. Rebecca reconoce que su deseo de una vida más tranquila es una utopía, ya que sabe que las emociones son inevitables e impredecibles. Sin embargo, también comprende que puede elegir cómo relacionarse con ellas, adoptando una actitud más consciente y compasiva. Al hacerlo, se libera de las expectativas y las ilusiones que le impiden ver la realidad tal como es. Rebecca muestra una gran sabiduría al aceptar que cada nube (y cada emoción) es única e irrepetible, y que no tiene sentido llorar por haberla perdido.

En conclusión, esta cita es un ejemplo de la profundidad psicológica y la belleza literaria que caracterizan la obra de Joyce Carol Oates. La autora nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con las emociones y la realidad, y nos propone un camino hacia una vida más plena y armoniosa.

: Oates, J.C. (2007). La hija del sepulturero. Barcelona: Ediciones B.


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