En medio de los estrechos y antiguos callejones de Jerusalén, existe un lugar que nos lleva a un viaje a través del tiempo, donde la fe, la devoción y los anhelos se entrelazan en una sinfonía sagrada. En este escenario único, el Muro de las Lamentaciones, una figura solitaria se aferra a sus rituales diarios, sus palabras y sus oraciones resonando en cada grieta y cada piedra gastada por los siglos. Este hombre, conocido como Moshe Cohen, ha dedicado su vida a un acto simple pero poderoso: la oración. Su presencia constante y su persistencia en este lugar sagrado durante sesenta años ha capturado la atención de muchos, y su historia nos invita a reflexionar sobre la búsqueda incesante de paz y reconciliación en un mundo convulsionado por conflictos y divisiones.



Persistencia Sagrada: Un viejo judío y su interminable búsqueda de paz”


En la ciudad de Jerusalén, un lugar predominado por la espiritualidad y la historia, una figura particular ha llamado la atención de todos durante muchos años. Un anciano caracterizadamente judío, conocido como Moshe Cohen, un hombre dedicado a la oración cotidiana en el Muro de las Lamentaciones, símbolo intrínseco de fe, rezos y ruegos.

Desde hace seis décadas, Moshe ha sido un presencia constante en la pared que resguarda los rezos de millones, haciendo vibrar las viejas piedras de Jerusalén con sus súplicas, su voz llena de esperanza, y sobre todo, de persistencia. En cada amanecer y cada anochecer, independientemente de las condiciones climáticas o los conflictos políticos, Moshe siempre está allí, hablando con Dios, suplicando por un mundo mejor.

El foco principal de sus oraciones es la paz entre las tres principales religiones monoteístas: el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo. Estos son los tres pilares que han formado la historia de nuestro mundo, que han coexistido, luchado y sobrevivido lado a lado durante siglos. Moshe reza por la armonía entre ellos, por un entendimiento mutuo que pueda cesar las guerras y los conflictos que han manchado la tierra con sangre innecesaria.

Además, Moshe también ora por los más jóvenes. Él ve en los niños la esperanza del mañana, los portadores de la paz y el amor que él tanto anhela. Su oración es para que ellos crezcan y se desarrollen como adultos responsables, llenos de amor por sus semejantes, sin importar su procedencia, raza o religión. En su visión, los niños son los constructores del futuro, un futuro en el que la tolerancia, la comprensión y la paz sean los cimientos de la sociedad.

Sin embargo, después de sesenta años, Moshe se siente frustrado. Siente que todos estos años de oración no han traído los cambios que anhela. No ve realización de sus plegarias, siente que su voz no ha sido escuchada, que sus palabras han caído en oídos sordos. Esta sensación de impotencia es compartida por muchas personas en todo el mundo. Es como si hubiera estado hablando con una pared.

Esta metáfora es trágica, ya que Moshe literalmente reza frente a una pared, el Muro de las Lamentaciones, un lugar sagrado que ha visto más lágrimas y más ruegos de los que cualquier ser humano podría contar. Y a pesar de ello, Moshe permanece fiel a su rutina, su fe inquebrantable, se mantiene fiel a sus ideales de paz y amor.

Sin embargo, su frustración también es una realidad cruda que refleja la situación actual del mundo. A pesar de sus fervientes oraciones, las guerras siguen ocurriendo, el odio continúa proliferando y los niños aún están creciendo en mundos llenos de violencia y miedo.

La paz, la armonía y la tolerancia aún son sueños lejanos para muchos en este mundo. Pero aun en medio de esta desesperanza, la fe persiste, la esperanza sigue viva, y como Moshe, muchos siguen rezando, buscando un cambio, un mejor futuro.


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