En las sombrías páginas de la historia, marcadas por la crueldad y la desesperación de la Segunda Guerra Mundial, emerge la figura casi mítica de Witold Pilecki. Este oficial del ejército polaco no solo desafió el terror del régimen nazi, sino que se adentró voluntariamente en las fauces del infierno en Auschwitz, convirtiéndose en un singular espía dentro del más mortífero de los campos de concentración. Su historia, tejida con hilos de valor inquebrantable, resistencia astuta y un sacrificio casi incomprensible, ofrece un relato asombroso que trasciende el mero heroísmo, iluminando un capítulo oscuro de la humanidad con un destello de esperanza y coraje.



Witold Pilecki: el voluntario de Auschwitz


Witold Pilecki (1901-1948) fue un oficial del ejército polaco que se ofreció como voluntario para ser encarcelado en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, donde organizó una red de resistencia, escapó e informó al exterior de los crímenes que allí se cometían. Su hazaña es considerada una de las más extraordinarias de la Segunda Guerra Mundial y de la historia de la humanidad.


Sus orígenes y su participación en las guerras


Pilecki nació el 13 de mayo de 1901 en Olónets, una ciudad cerca del lago Ládoga, en el norte de Rusia. Su familia era de origen noble y había sido desterrada allí por las autoridades zaristas, después de que su abuelo participara en el levantamiento polaco de 1863 contra el dominio ruso. En 1910, su familia se trasladó a Vilna, la actual capital de Lituania, que entonces formaba parte del Imperio ruso y tenía una importante población polaca. Allí, Pilecki terminó la escuela comercial y se unió a la organización juvenil ZHP, que promovía el patriotismo y el escultismo. En 1916, se mudó a Oriol, una ciudad rusa donde fundó un grupo local de ZHP.

En 1918, al finalizar la Primera Guerra Mundial, Pilecki se alistó en el ejército polaco, que luchaba por la independencia de Polonia tras más de un siglo de particiones entre Rusia, Prusia y Austria. Pilecki participó en la defensa de Vilna contra los alemanes y en la guerra polaco-soviética de 1919-1921, donde combatió en varias batallas y fue condecorado por su valor. Al terminar la guerra, Pilecki se retiró del ejército con el rango de teniente y se dedicó a la agricultura en su finca familiar en Sukurcze, cerca de la frontera con Bielorrusia. En 1931, se casó con Maria Pilecka, con quien tuvo dos hijos: Andrzej y Zofia. También aprovechó los tiempos de paz para estudiar en la Universidad de Vilna.


Su resistencia contra la ocupación nazi


En 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial y Polonia fue invadida por la Alemania nazi y la Unión Soviética, que se repartieron el territorio polaco. Pilecki se reincorporó al ejército y participó en la defensa de Varsovia, la capital polaca, hasta que la ciudad se rindió el 28 de septiembre. Pilecki logró evitar la captura y se unió a la resistencia clandestina contra la ocupación nazi. El 9 de noviembre de 1939, fundó junto con Jan Włodarkiewicz el Ejército Secreto Polaco (Tajna Armia Polska o TAP), una de las primeras organizaciones armadas de la resistencia. Pilecki asumió el mando de la división de Varsovia del TAP y adoptó el seudónimo de Tomasz Serafiński.

En 1940, Pilecki se presentó ante sus superiores con un plan audaz: infiltrarse en el campo de concentración de Auschwitz, que los nazis habían establecido en la ciudad polaca de Oświęcim, para obtener información sobre el funcionamiento del campo, organizar una resistencia interna y preparar una posible liberación por parte de las fuerzas aliadas. En aquel momento, se sabía muy poco sobre el campo, que se había convertido en el principal centro de exterminio de los judíos y otros grupos perseguidos por los nazis. Los superiores de Pilecki aceptaron el plan y le proporcionaron una identidad falsa: Tomasz Serafiński, un obrero católico polaco. El 19 de septiembre de 1940, Pilecki se dejó detener durante una redada en Varsovia y fue enviado a Auschwitz junto con otros 2.000 prisioneros.


Su vida en Auschwitz y su escape


Pilecki llegó a Auschwitz el 21 de septiembre de 1940 y recibió el número de prisionero 4859. Allí, sufrió las condiciones inhumanas, el hambre, el trabajo forzado, los maltratos, las enfermedades y las ejecuciones que padecían los internos. Sin embargo, no se dejó vencer y pronto empezó a organizar una red de resistencia dentro del campo, que llamó Unión Militar (Związek Organizacji Wojskowej o ZOW). La ZOW estaba formada por unos 500 miembros de diferentes nacionalidades y religiones, que se comunicaban mediante señales secretas y mensajes ocultos. La ZOW tenía varios objetivos: mejorar la moral y la solidaridad entre los prisioneros, distribuir alimentos y medicinas, recabar información sobre el campo, sabotear las instalaciones y el armamento nazis, preparar un levantamiento armado y establecer contacto con la resistencia externa.

Pilecki logró enviar varios informes al exterior sobre la situación en Auschwitz, donde describía las atrocidades que se cometían, el número de muertos, el proceso de selección y exterminio, la construcción de las cámaras de gas y los crematorios, los experimentos médicos y la llegada masiva de judíos de toda Europa. Estos informes fueron transmitidos por la resistencia polaca al gobierno polaco en el exilio y a los aliados, que al principio no creyeron la magnitud del horror que relataban. Pilecki también solicitó ayuda para liberar el campo, pero nunca recibió una respuesta positiva. Los aliados consideraban que la mejor forma de ayudar a los prisioneros era acelerar el fin de la guerra.

En 1943, Pilecki se dio cuenta de que los nazis estaban empezando a eliminar a los miembros de la ZOW y que su vida corría peligro. Además, temía que los soviéticos ocuparan Polonia después de la guerra y quería seguir luchando por la libertad de su país. Por eso, decidió escapar del campo junto con otros dos compañeros. El 26 de abril de 1943, aprovechando una noche de tormenta, los tres hombres cortaron el cable de la cerca eléctrica y huyeron. Tras varios días de esconderse y caminar, lograron llegar a Varsovia y contactar con la resistencia. Pilecki escribió entonces un informe detallado sobre su experiencia en Auschwitz, que se conoce como el Informe Witold o el Informe Pilecki. Este informe es el primer testimonio documentado del Holocausto y una de las fuentes más importantes para conocer la historia de Auschwitz.


Su lucha contra el comunismo y su muerte


Pilecki no se quedó de brazos cruzados tras su escape. Se unió al Ejército Nacional (Armia Krajowa o AK), la principal organización de la resistencia polaca, que había absorbido al TAP y a otras agrupaciones. Pilecki participó en varias operaciones de sabotaje y espionaje contra los nazis, y en 1944 tomó parte en el levantamiento de Varsovia, el intento de liberar la capital polaca antes de la llegada de los soviéticos. El levantamiento duró 63 días y fue brutalmente reprimido por los nazis, que destruyeron la mayor parte de la ciudad y mataron a unos 200.000 civiles y combatientes. Pilecki fue capturado y enviado a un campo de prisioneros de guerra en Alemania, donde permaneció hasta el final de la guerra.

En 1945, Pilecki regresó a Polonia, que había quedado bajo la influencia de la Unión Soviética y donde se había instalado un gobierno comunista. Pilecki se reincorporó al AK, que ahora luchaba contra el nuevo régimen, y se dedicó a recopilar información sobre las atrocidades soviéticas y los crímenes del gobierno polaco. Sin embargo, en 1947 fue descubierto, arrestado y torturado por la policía política comunista. Fue sometido a un juicio farsa, acusado de espionaje, traición y otros delitos, y condenado a muerte.

El 25 de mayo de 1948, Pilecki fue ejecutado de un tiro en la nuca en la prisión de Varsovia. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común y su nombre fue borrado de la historia oficial por el régimen comunista, que censuró toda la información sobre su vida y su obra. Su familia sufrió la persecución y el exilio, y sus hijos no supieron la verdad sobre su padre hasta muchos años después.


Su legado y su reconocimiento


Pilecki fue olvidado durante décadas, hasta que en 1989 cayó el comunismo en Polonia y se recuperó la democracia. Entonces, se empezó a difundir su historia y se le reconoció como uno de los mayores héroes de Polonia y de la humanidad. En 1990, fue rehabilitado judicialmente y se le concedió la Orden Polonia Restituta, la más alta condecoración civil polaca. En 1995, se le otorgó la Orden del Águila Blanca, la más alta distinción del Estado polaco. En 2006, se le concedió la ciudadanía honoraria de Varsovia y de Oświęcim. En 2012, se le declaró “Héroe de la República de Polonia” y se le dedicó un monumento en Varsovia. En 2013, se le rindió un homenaje en el Parlamento Europeo, donde se le calificó de “símbolo de la lucha por la verdad y la justicia”. En 2015, se le dedicó una exposición en el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau. En 2017, se le dedicó una película titulada “La muerte de un héroe: Witold Pilecki”.

La historia de Pilecki ha inspirado también a numerosos escritores, historiadores, periodistas y artistas. Entre las obras más destacadas sobre su vida se encuentran el libro “El voluntario” de Jack Fairweather, el cómic “El infiltrado” de Gaetan Nocq, la canción “Inmate 4859” de la banda de metal Sabaton y el musical “El prisionero de Auschwitz” de Marcin Wrona. Su informe sobre Auschwitz ha sido traducido a varios idiomas y es considerado un documento histórico de gran valor.

Pilecki es un ejemplo de valentía, sacrificio, patriotismo y humanidad. Su testimonio nos muestra el horror del nazismo y del comunismo, pero también la esperanza y la resistencia de los que lucharon por la libertad y la dignidad. Su lema era “El silencio es el peor enemigo de la verdad”. Su historia nos invita a no olvidar, a no callar y a no rendirnos.


Reflexión Final


La historia de Witold Pilecki es un testimonio estremecedor de valor y sacrificio humano en los momentos más oscuros de la historia. Su decisión de infiltrarse voluntariamente en Auschwitz y su posterior lucha contra el totalitarismo, tanto nazi como comunista, refleja una convicción y un coraje excepcionales. Pilecki no solo se enfrentó a los horrores indescriptibles del Holocausto, sino que también luchó incansablemente por la libertad y la dignidad humana, incluso frente a una muerte casi segura. Su vida y su sacrificio nos recuerdan la importancia de defender la verdad y la justicia, incluso en las circunstancias más adversas.

Además, la historia de Pilecki subraya la complejidad de la historia y la naturaleza multifacética de la resistencia. A través de su vida, se revela que la lucha contra la opresión y la tiranía puede tomar muchas formas y requiere no solo fuerza física, sino también moral y psicológica. Pilecki no solo combatió a los enemigos externos de la libertad, sino también a los internos, enfrentando con valor la desesperanza y el desaliento.

Su legado es un poderoso recordatorio de que un solo individuo puede marcar una diferencia significativa. La historia de Pilecki nos inspira a no rendirnos ante la adversidad y a luchar por un mundo más justo, recordándonos que la valentía puede manifestarse incluso en los lugares más oscuros. Su vida es un llamado a la acción, un recordatorio de que debemos estar siempre vigilantes contra las fuerzas de la opresión y el olvido, manteniendo viva la memoria de aquellos que han luchado por la libertad y la humanidad.


El CANDELABRO. ILUMINANDO MENTES