En las sombrías sombras de la historia británica, se oculta un relato que desafía la frontera entre la vida y la muerte, uno que aún susurra su advertencia a través de los siglos. Es la historia de Alice Blunden de Basingstoke, una mujer cuyo destino se entrelazó con la oscuridad de la ignorancia y la superstición del siglo XVII. Esta crónica no es para los de corazón débil, pues narra la espantosa experiencia de una mujer que fue sepultada en el frío abrazo de la tierra no una, sino dos veces, mientras su corazón aún latía, un eco de su lucha por la vida que todavía resuena en el silencio del cementerio de San Miguel. Sumérgete en el inquietante destino de Alice Blunden y descubre cómo un error médico y el temor supersticioso de su tiempo tejieron el macabro tapiz de su existencia, un relato que no solo despierta el alma a los horrores del pasado sino que también ilumina las sombras de nuestra humanidad.



EL ESPANTOSO DESTINO DE ALICE BLUNDEN, DOS VECES ENTERRADA VIVA



Una pesadilla hecha realidad


Alice Blunden era una mujer de Basingstoke, una ciudad del sur de Inglaterra, que vivió en el siglo XVII. Su historia es una de las más extrañas y aterradoras que se han registrado en la historia de ese país. Alice sufrió la terrible experiencia de ser enterrada viva no una, sino dos veces, debido a un error médico y a la superstición de la época.

Todo comenzó en el año 1674, cuando Alice cayó en un sueño profundo del que nadie pudo despertarla. Se cree que había tomado una dosis excesiva de un medicamento para el dolor que contenía opio, una sustancia que induce al sueño y que puede ralentizar el ritmo cardíaco y la respiración. En aquel entonces, los médicos no tenían los conocimientos ni la tecnología suficientes para determinar con certeza si una persona estaba realmente muerta o solo inconsciente. Así que, al ver que Alice no reaccionaba a ningún estímulo, la declararon muerta y la prepararon para su entierro.


El primer rescate


Alice fue colocada en un ataúd y enterrada en el cementerio de la iglesia de San Miguel. Sin embargo, al día siguiente, unos niños que jugaban cerca de su tumba escucharon unos golpes y unos gemidos que provenían del interior. Asustados, corrieron a avisar a los adultos, que acudieron al lugar y abrieron el ataúd. Para su horror, encontraron a Alice todavía viva, pero en un estado lamentable.

Alice había despertado dentro de su tumba y se había dado cuenta de su terrible situación. Había intentado liberarse de su encierro, arañando la tapa del ataúd y gritando pidiendo ayuda, pero nadie la había oído. Había pasado varias horas en la oscuridad, el frío y la falta de aire, lo que le había causado graves daños físicos y psicológicos.

Los testigos del rescate quedaron conmocionados al ver el estado de Alice y la llevaron a una casa cercana para cuidarla y tratar de curar sus heridas. Sin embargo, Alice no estaba fuera de peligro todavía.


El segundo entierro


Mientras Alice se recuperaba en la casa, su marido, que estaba de viaje, regresó a la ciudad y se enteró de lo ocurrido. Al ver a su esposa en tan mal estado, pensó que estaba poseída por el diablo o que era una bruja. Temiendo por su alma y por la de los demás, decidió que lo mejor era volver a enterrarla, sin esperar a que se recuperara por completo.

Así que, sin el consentimiento de nadie, llevó a Alice de vuelta al cementerio y la metió de nuevo en el ataúd. Esta vez, para asegurarse de que nadie la sacara, colocó una gran piedra sobre la tapa y la cubrió con tierra. Alice, que aún estaba débil y confundida, no pudo oponerse ni pedir ayuda.


El final trágico


Dos días después, el clérigo de la iglesia, que había sido informado de lo sucedido, ordenó que se desenterrara el ataúd de Alice para verificar su estado. Al abrirlo, se encontraron con una escena espeluznante: Alice estaba muerta, pero su cuerpo mostraba signos de haber luchado por salir. Sus manos estaban ensangrentadas y sus uñas rotas por los arañazos en la madera. Su boca y su nariz estaban llenas de tierra, lo que indicaba que había muerto por asfixia.

La noticia de la muerte de Alice causó una gran conmoción en la ciudad y en todo el país. Muchos se preguntaron cómo era posible que una persona fuera enterrada viva dos veces y nadie hiciera nada para evitarlo. Algunos culparon a los médicos por su negligencia, otros a su marido por su crueldad, y otros a la ignorancia y la superstición de la época.


Las consecuencias y el legado


La historia de Alice Blunden tuvo varias consecuencias e inspiró algunas medidas para prevenir que se repitiera. Por un lado, se estableció una ley que obligaba a esperar al menos 48 horas antes de enterrar a una persona, para asegurarse de que estuviera realmente muerta. Por otro lado, se inventaron algunos dispositivos de seguridad para los ataúdes, como campanas, tubos de aire o mecanismos de apertura, que permitían a los enterrados vivos comunicarse con el exterior o escapar.

La historia de Alice Blunden también se convirtió en un símbolo de los peligros y errores que pueden surgir cuando la ciencia y la razón son reemplazadas por la ignorancia y la superstición. Su caso fue uno de los más famosos y documentados de la historia, pero no el único. Se estima que cientos de personas fueron enterradas vivas en el pasado, y algunas incluso en la actualidad. Su historia es un recordatorio de la importancia de verificar la muerte con rigor y de respetar la dignidad de los difuntos.


Reflexión Final


Alice Blunden fue una víctima de la ignorancia y la superstición de su época, que la condenaron a sufrir una de las peores pesadillas: ser enterrada viva dos veces. Sin embargo, Alice también fue una protagonista de la resistencia y la esperanza, que logró sobrevivir a la primera sepultura y luchar por su vida hasta el final. Su historia nos muestra que la vida humana es frágil y puede ser arrebatada por el error o la crueldad, pero también que es fuerte y puede superar los obstáculos más difíciles. Su historia nos inspira a valorar la vida y a buscar la verdad.


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