En la espesura de los bosques antiguos, donde el eco de las cornamentas se entrelaza con los susurros del viento, surge la figura de San Huberto, el noble errante cuya alma, cazadora de lo terrenal, fue atrapada por una visión celestial. La leyenda cuenta cómo este ardiente amante de la caza se enfrentó al misterio de un ciervo con una cruz resplandeciente entre sus astas, un encuentro divino que cambiaría su destino y lo consagraría como el santo patrón de los cazadores. En el susurro de las hojas y el crujir de las ramas, su historia se despliega, invitando a los hombres y mujeres del bosque a descubrir un camino de fe tejido con los hilos de la naturaleza misma.


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 
Imágenes realizadas con IA, por ChatGPT para el Candelabro.

LA LEYENDA DE SAN HUBERTO, EL SANTO PATRÓN DE LOS CAZADORES


San Huberto es el santo patrón de los cazadores, pero también de los arqueros, los leñadores, los metalúrgicos y los fabricantes de cuchillos. Su fiesta se celebra el 3 de noviembre, fecha de su muerte en el año 727. Su vida está llena de aventuras, milagros y conversiones, y su leyenda se relaciona con el simbolismo de uno de los animales más sagrados de la naturaleza: el ciervo.


UN NOBLE APASIONADO POR LA CAZA


Huberto nació en el seno de una familia noble francesa en el siglo VII. Era el hijo mayor de Bertrán, duque de Aquitania, y de Hiltrudis, hija del rey de Baviera. Desde pequeño mostró una gran inteligencia, una nobleza de carácter y una afición por la caza, que practicaba con destreza y entusiasmo. Su padre lo envió a la corte del rey Teodorico III, donde se convirtió en un caballero respetado y admirado.

Allí conoció a Floribana, la hija del conde de Lovaina, de quien se enamoró perdidamente. Se casaron y tuvieron un hijo, al que llamaron Floriberto. Huberto era feliz con su familia y su pasión por la caza, que le hacía olvidarse de sus deberes religiosos y sociales. No le importaba faltar a la misa o a las obras de caridad, con tal de perseguir a las fieras por los bosques.


UNA TRAGEDIA QUE LO CAMBIÓ TODO


Pero un día, su felicidad se truncó. Su esposa Floribana murió al dar a luz a su segundo hijo, que también falleció. Huberto quedó sumido en una profunda tristeza y desesperación. No encontraba consuelo ni sentido a su vida. Entregó su hijo Floriberto a su suegro, el conde de Lovaina, y renunció a todos sus bienes y honores. Se retiró a los bosques de las Ardenas, donde se dedicó por completo a la caza, buscando en ella un escape a su dolor.

Así pasó varios años, viviendo como un ermitaño, sin preocuparse por nada más que por su deporte favorito. Pero un Viernes Santo, mientras cazaba un venado, ocurrió algo extraordinario. El animal se detuvo y se volvió hacia él, mostrando entre sus astas una cruz luminosa. De ella salió una voz que le dijo: “Huberto, ¿hasta cuándo seguirás cazando a las bestias del bosque? ¿Hasta cuándo ignorarás la voz de Dios? Si no te arrepientes y llevas una vida santa, irás al infierno”.

Huberto quedó atónito y aterrado. Cayó de rodillas y preguntó: “¿Quién eres, Señor?”. La voz le respondió: “Soy Cristo, a quien tú has ofendido con tu vida pecadora. Levántate y ve a buscar a Lamberto, el obispo de Maastricht. Él te enseñará el camino de la salvación”. Huberto obedeció y dejó al ciervo marcharse. Se dirigió a la ciudad de Maastricht, donde se encontró con el obispo Lamberto, que lo acogió con bondad y lo instruyó en la fe cristiana.


UN OBISPO QUE CUIDÓ DE LOS POBRES Y LOS ANIMALES


Huberto se convirtió en un discípulo fiel de Lamberto, al que acompañó en sus viajes misioneros por las tierras de los francos y los frisones. Se despojó de sus vestiduras nobles y se vistió con un hábito humilde. Repartió sus riquezas entre los pobres y los enfermos, y fundó varios hospitales y monasterios. Se hizo famoso por su caridad, su humildad y su poder de hacer milagros. Se dice que curaba a los leprosos, a los ciegos y a los poseídos por el demonio. También se le atribuye el don de sanar la rabia, una enfermedad que afectaba tanto a los humanos como a los animales, especialmente a los perros.

Cuando Lamberto murió asesinado por un sobrino del rey, Huberto fue elegido para sucederlo como obispo de Maastricht. Más tarde trasladó la sede episcopal a la ciudad de Lieja, donde construyó una espléndida catedral. Desde allí continuó su labor evangelizadora y social, predicando el Evangelio, bautizando a los paganos, reformando el clero, defendiendo a los oprimidos y protegiendo a los animales. Se dice que tenía una especial devoción por el ciervo, al que consideraba un símbolo de Cristo y un mensajero de Dios. Nunca volvió a cazar, sino que respetaba y cuidaba a las criaturas del bosque.


UN SANTO QUE INSPIRÓ A LOS CAZADORES


Huberto murió el 3 de noviembre del año 727, rodeado de sus fieles y de sus amigos. Fue enterrado en la catedral de Lieja, donde se conservan sus reliquias. Su culto se extendió rápidamente por toda Europa, especialmente por Francia, Alemania y Bélgica. Fue canonizado por el papa Sergio II en el año 828.

Su leyenda se hizo muy popular entre los cazadores, que lo tomaron como su patrón y su modelo. Muchos de ellos imitaron su conversión y su respeto por la naturaleza. Se crearon varias órdenes y cofradías de cazadores bajo su nombre, que seguían unas normas éticas y religiosas. Cada año, el día de su fiesta, los cazadores llevan a bendecir sus armas y sus perros a las iglesias dedicadas a San Huberto. También se celebra la llamada “cacería de San Huberto”, que consiste en una cacería simbólica y pacífica, sin matar a ningún animal.

San Huberto es, pues, un ejemplo de cómo la caza puede ser una actividad noble y respetuosa, siempre que se haga con moderación, con conciencia y con amor. Su historia nos muestra que Dios puede hablar a través de la naturaleza y de los animales, y que debemos escuchar su voz y seguir su voluntad. Su leyenda nos invita a admirar la belleza y la sabiduría del ciervo, un animal que representa la fuerza, la gracia, la nobleza y la espiritualidad.


Reflexión Final


La vida de San Huberto nos invita a reflexionar sobre la transformación profunda que puede experimentar el espíritu humano cuando se encuentra frente a la majestuosidad de lo divino, incluso en los parajes más inesperados. Su conversión en los bosques de las Ardenas no es sólo el relato de un hombre que cambió la espada por el báculo y la cacería por la compasión, sino también un testimonio del poder de la naturaleza como catalizador de revelaciones profundas. En el silencio del bosque, San Huberto encontró un nuevo propósito, aprendiendo que cada criatura y cada hoja eran parte de un diseño más grande, una sinfonía de la creación que hablaba del amor y del respeto como virtudes supremas.

En el mundo moderno, donde la desconexión con la naturaleza se vuelve cada vez más pronunciada, la leyenda de San Huberto resuena con un llamado a reencontrar nuestro lugar en el tapestry natural. Nos recuerda que la reverencia por la vida no es solo un deber espiritual, sino también un acto de reconocimiento hacia la interconexión de todas las formas de existencia. Al igual que el ciervo sagrado que detuvo a Huberto en su camino, la naturaleza continúa ofreciéndonos sus signos y maravillas, esperando que, como el santo patrón de los cazadores, aprendamos a leer en ellos el mensaje eterno de armonía y custodia de nuestro entorno.


El CANDELABRO. ILUMINANDO MENTES

#SanHuberto
#SantoDeLosCazadores
#LeyendaDelCiervo
#MísticaDelBosque
#PatrónDeCazadores
#EspiritualidadNatural
#VisiónDivina
#CazadorConvertido
#BosquesSagrados
#FeYSimbología
#TradiciónCristiana
#HistoriaSagrada


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.