En una tierra donde las leyendas se entretejen con la realidad, yace el reino de Zafir, un lugar que ha visto nacer y morir innumerables historias. Entre ellas, resuena la del Corcel Negro, un ser tan esquivo como la brisa del desierto y tan misterioso como las estrellas que decoran el firmamento del Oriente. Se cuenta que este corcel no era un simple animal, sino el guardián de un secreto tan poderoso que podría cambiar el destino de Zafir para siempre. Su pelaje era tan oscuro como la noche más profunda, y sus ojos, dos llamas ardientes que reflejaban la valentía de los que se atrevían a mirarlo directamente.
La historia comienza con el príncipe Alí, heredero al trono de Zafir, cuya alma ardía con el fuego de los inconformes, de aquellos que buscan su destino más allá de los muros de palacio. Una noche, bajo un cielo adornado con el velo plateado de la luna, Alí se encontró con el Corcel Negro, una criatura cuya presencia imponía respeto y cuya mirada parecía penetrar hasta lo más profundo de su ser. Aquel encuentro no sería sino el primer hilo de un tapiz de aventuras y misterios que entrelazarían sus destinos, llevándolos por caminos de rebelión, camaradería y revelaciones ancestrales que se desentrañarían bajo el cobijo de las dunas eternas.



La leyenda del corcel negro
Hace mucho tiempo, en una tierra lejana, vivía un joven príncipe llamado Alí. Era el heredero del reino de Zafir, un lugar rico y próspero, donde la gente vivía en paz y armonía. Alí era un muchacho valiente, generoso y noble, pero también tenía un gran defecto: era muy orgulloso y vanidoso. Le gustaba presumir de sus riquezas, de su belleza y de su habilidad con la espada. Pero lo que más le enorgullecía era su caballo, un hermoso corcel negro de pura raza árabe, que había recibido como regalo de su padre el rey. Alí y su corcel eran inseparables, y juntos recorrían los campos y los bosques, disfrutando de la libertad y la aventura.
Un día, mientras cabalgaban por un sendero, se encontraron con un anciano mendigo, que les pidió una limosna. Alí se burló de él y le dijo:
- ¿Qué quieres, viejo? ¿No ves que soy el príncipe de Zafir? ¿No ves que tengo el mejor caballo del mundo? ¿Qué puedes ofrecerme a cambio de mi generosidad?
El anciano lo miró con tristeza y le respondió:
- No tengo nada que darte, joven. Solo te pido un poco de pan y de agua, para calmar mi hambre y mi sed. Y te ofrezco mi bendición, para que seas feliz y agradecido con lo que tienes.
Alí se rió con desprecio y le dijo:
- ¿Tu bendición? ¿Qué me importa tu bendición? Yo no necesito de nadie, ni de nada. Tengo todo lo que quiero, y nadie puede igualarme. Vete de aquí, viejo, y no me molestes más.
Y diciendo esto, espoleó a su corcel y se alejó a toda velocidad, dejando al anciano solo y desamparado.
Lo que Alí no sabía era que aquel mendigo era en realidad un poderoso mago, que había tomado esa forma para poner a prueba su corazón. El mago se enfureció al ver la soberbia y la crueldad del príncipe, y decidió castigarlo por su falta de humildad y compasión. Con una voz potente, pronunció una maldición:
- ¡Escúchame, Alí, príncipe de Zafir! Has despreciado mi súplica y mi consejo, y has ofendido a tu corcel, que es más noble y fiel que tú. Por eso, te condeno a vagar por el mundo, sin rumbo ni destino, hasta que encuentres el verdadero valor de la amistad y el amor. Y tu corcel, que tanto amas, se convertirá en tu mayor enemigo, pues cada noche, al caer el sol, se transformará en un monstruoso dragón, que intentará devorarte con sus garras y su fuego. Solo podrás romper este hechizo si logras vencer al dragón con tu valor y tu bondad, y si le ofreces tu perdón y tu amistad.
La maldición del mago se cumplió al instante. Alí sintió que una fuerza invisible lo arrastraba lejos de su reino, y que su corcel se resistía a seguirlo. Miró hacia atrás, y vio con horror cómo su caballo se transformaba en un dragón negro, que rugía con furia y lanzaba llamas por su boca. Alí escapó como pudo, y se refugió en una cueva cercana. Allí pasó la noche, temblando de miedo y de frío, sin poder creer lo que había ocurrido.
Al amanecer, el dragón volvió a ser un corcel, y Alí salió de la cueva, esperando que todo fuera un sueño. Pero pronto se dio cuenta de que la maldición era real, y que no podía volver a su reino. Intentó hablar con su corcel, pero este lo miraba con indiferencia y rencor. Alí se sintió solo y desdichado, y se arrepintió de su arrogancia y su egoísmo. Pero ya era tarde para lamentarse, y solo le quedaba buscar una forma de romper el hechizo.
Así comenzó el largo y penoso viaje de Alí y su corcel negro, que duró muchos años y los llevó por tierras extrañas y peligrosas. Cada día, Alí buscaba un lugar donde esconderse del dragón, que cada noche intentaba matarlo. Cada día, Alí trataba de acercarse a su corcel, que cada mañana lo rechazaba. Cada día, Alí sufría y lloraba, y pedía perdón al mago y al cielo.
Pero el hechizo no se rompía, y Alí empezó a perder la esperanza. Hasta que un día, llegó a un hermoso valle, lleno de flores y de árboles. Allí vio una pequeña cabaña, donde vivía una joven campesina llamada Lila. Alí se acercó a ella, y le pidió permiso para pasar la noche en su casa. Lila lo miró con bondad, y le dijo:
- Claro, eres bienvenido. Pero debes saber que esta noche es la noche de luna llena, y que en este valle hay una terrible maldición. Cada noche de luna llena, un dragón negro aparece y ataca a los animales y a las personas. Nadie sabe de dónde viene, ni cómo detenerlo. Así que debes tener cuidado, y no salir de la cabaña.
Alí se sorprendió al oír esto, y se dio cuenta de que el dragón del que hablaba Lila era su propio corcel. Sintió una gran pena, y quiso contarle la verdad. Pero no se atrevió, por miedo a que ella lo rechazara. Así que solo le agradeció su hospitalidad, y entró en la cabaña.
Lila le preparó una cena sencilla, pero deliciosa. Alí se sintió reconfortado por su amabilidad, y por primera vez en mucho tiempo, sonrió. Lila también se sintió atraída por él, y por su mirada triste y profunda. Los dos conversaron durante horas, y se contaron sus vidas y sus sueños. Alí se olvidó de su maldición, y se enamoró de Lila. Lila se olvidó de su soledad, y se enamoró de Alí.
Cuando llegó la hora de dormir, Lila le ofreció su cama, y le dijo que ella dormiría en el sofá. Alí no quiso aceptar, y le dijo que él dormiría en el sofá, y que ella durmiera en su cama. Lila insistió, y le dijo que no se preocupara, que ella estaba acostumbrada. Alí se sintió conmovido por su generosidad, y le dijo que no, que él se quedaría en el sofá, y que ella durmiera en su cama. Los dos se miraron con ternura, y se dieron un beso. Luego, se desearon buenas noches, y se fueron a dormir.
Pero Alí no pudo conciliar el sueño. Estaba inquieto y nervioso, pensando en el dragón y en Lila. Temía que el dragón apareciera y atacara a Lila, y que ella lo descubriera y lo odiara. Así que se levantó, y salió de la cabaña. Buscó a su corcel, que estaba atado a un árbol. Lo desató, y lo montó. Quería alejarlo del valle, y evitar que se transformara en un dragón. Pero era demasiado tarde. El sol se había ocultado, y la luna llena brillaba en el cielo. El corcel empezó a cambiar, y se convirtió en un dragón. Alí cayó al suelo, y el dragón lo miró con odio. Alí se preparó para morir, y cerró los ojos.
Pero entonces, oyó un grito. Era Lila, que había salido de la cabaña, al ver la luz de la luna. Había corrido hacia el lugar donde estaba Alí y el dragón. Había reconocido a Alí, y se había dado cuenta de que el dragón era su corcel. Había comprendido la maldición, y había sentido una gran compasión por Alí. Así que se interpuso entre el dragón y Alí, y le gritó al dragón:
- ¡No! ¡No le hagas daño! ¡Él te quiere, y yo también! ¡Él es tu amigo, y yo también! ¡Por favor, no seas cruel, y déjanos vivir!
El dragón se sorprendió al oír estas palabras. Nunca nadie le había hablado así. Nunca nadie le había mostrado amor y amistad. Nunca nadie le había pedido perdón y comprensión. El dragón sintió algo que no había sentido nunca: una emoción cálida y dulce, que le llenó el corazón. Era el amor, que había vencido al odio. Era la bondad, que había vencido a la crueldad. Era la amistad, que había vencido a la soledad.
El dragón dejó de rugir y de lanzar llamas. Se acercó a Lila, y le lamió la cara con suavidad. Luego, se acercó a Alí, y le lamió la mano con ternura. Alí abrió los ojos, y vio al dragón. No sintió miedo, sino alivio y alegría. Abrazó al dragón, y le dijo:
- Gracias, amigo. Gracias por perdonarme y por aceptarme. Gracias por ser mi corcel y mi dragón. Te quiero, y nunca te abandonaré.
Lila se unió al abrazo, y le dijo:
- Y yo también, amigo. Y yo también te quiero, y nunca te abandonaré. Eres nuestro corcel y nuestro dragón. Eres nuestro compañero y nuestro protector.
El dragón se sintió feliz, y ronroneó con placer. Los tres se miraron con cariño, y se sonrieron. Entonces, ocurrió algo maravilloso. El dragón empezó a brillar, y se transformó en un corcel. Pero no era un corcel cualquiera, sino un corcel alado, de color blanco y negro, con una crin y una cola de arco iris. Era el corcel más hermoso y majestuoso que se había visto jamás. Era el corcel de la leyenda, el corcel de la libertad.
Alí y Lila se quedaron boquiabiertos, y admiraron al corcel alado. El corcel alado los miró con gratitud, y les dijo con una voz melodiosa:
- Gracias, Alí y Lila. Gracias por romper el hechizo que me atormentaba. Gracias por darle sentido a mi vida. Gracias por ser mis amigos y mis amores. Ahora soy libre, y puedo volar por el cielo. Pero no os preocupéis, no os dejaré solos. Siempre estaré con vosotros, y os llevaré conmigo. Venid, subid a mi lomo, y os mostraré el mundo.
Alí y Lila no podían creer lo que oían. El corcel alado podía hablar, y los invitaba a viajar con él. Sin dudarlo, aceptaron su invitación, y subieron a su lomo. El corcel alado les dio las gracias, y les dijo que se sujetaran bien. Luego, extendió sus alas, y se elevó por el aire. Alí y Lila sintieron una emoción indescriptible, y se abrazaron con fuerza. El corcel alado los llevó por el cielo, y les mostró las maravillas del mundo. Les mostró las montañas y los valles, los ríos y los lagos, los bosques y los desiertos, las ciudades y los pueblos, las culturas y las costumbres, los animales y las plantas, las estrellas y los planetas. Les mostró la belleza y la diversidad, la vida y la magia, el amor y la felicidad.
Y así fue como Alí y Lila vivieron una aventura increíble, junto al corcel alado. Y así fue como Alí y Lila se casaron, y formaron una familia, junto al corcel alado. Y así fue como Alí y Lila fueron felices, y hicieron felices a los demás, junto al corcel alado.
Y esta es la leyenda del corcel negro, que se convirtió en el corcel alado. Una leyenda que nos enseña que el orgullo y la crueldad nos hacen sufrir, y que la humildad y la bondad nos hacen crecer. Una leyenda que nos enseña que el odio y la soledad nos hacen daño, y que el amor y la amistad nos hacen libres. Una leyenda que nos enseña que la maldición y el dolor se pueden superar, y que la bendición y la alegría se pueden compartir. Una leyenda que nos enseña que la vida es un viaje, y que el viaje es mejor si se hace con alguien a quien amas.
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