Entre los muros del dogma y el eco de las catedrales, la Edad Media vio surgir figuras que desafiaron la narrativa oficial del saber. En un mundo donde el acceso al conocimiento estaba restringido por el género, ciertas mujeres irrumpieron en el ámbito de la medicina medieval con valentía e ingenio. Este ensayo rescata esas voces silenciadas, trazando su impacto en la historia de la salud y del pensamiento. ¿Cuántas de sus contribuciones siguen ignoradas? ¿Quién escribe realmente la historia del conocimiento?
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Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.
“Mujeres Pioneras en la Medicina de la Edad Media: Un Análisis Histórico”
En este ensayo se pretende analizar el papel de las mujeres en la medicina durante la Edad Media, una época que suele ser considerada como oscura, violenta y opresiva para el género femenino. Sin embargo, esta visión simplista y negativa no refleja la diversidad y la riqueza de las experiencias y los conocimientos de las mujeres medievales, que en muchos casos fueron protagonistas de importantes avances e innovaciones en el campo de la salud. Para ello, se hará un recorrido histórico por las principales fuentes, escuelas y figuras femeninas que contribuyeron al desarrollo de la medicina medieval, así como por los obstáculos y los desafíos que tuvieron que enfrentar en un contexto dominado por el patriarcado y la religión.
Desarrollo
La medicina antigua y sus herederas
La medicina medieval no surgió de la nada, sino que se basó en los conocimientos y las prácticas de las civilizaciones anteriores, especialmente de las griegas y las romanas. Estas culturas tenían una visión holística del ser humano, que integraba lo físico, lo mental y lo espiritual, y que se reflejaba en la teoría de los cuatro humores de Hipócrates y Galeno. Según esta teoría, la salud dependía del equilibrio entre los cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Cada uno de estos humores estaba asociado a un elemento, una estación, un órgano y una personalidad. Cuando alguno de ellos se alteraba o se desequilibraba, se producían las enfermedades.
Las mujeres participaron activamente en la medicina antigua, tanto como pacientes como como sanadoras. Algunas diosas griegas y romanas eran invocadas para curar diversas dolencias o para proteger a las parturientas. Por ejemplo, Afrodita, bajo forma de paloma, curaba las enfermedades de la piel y las fiebres infantiles¹, Artemisa y Atenea curaban la ceguera mediante el uso de hierbas¹, Leto intervenía en los partos difíciles. También hubo mujeres que se dedicaron a la medicina como profesión o como vocación, como Agnodice, una médica griega que se disfrazó de hombre para poder ejercer su oficio, o Aspasia, una filósofa romana que escribió tratados sobre ginecología y obstetricia.
Estas mujeres fueron las precursoras de otras que continuaron su legado en la Edad Media, a pesar de las dificultades y las prohibiciones que les impusieron las autoridades civiles y eclesiásticas. Algunas de ellas fueron:
- Las médicas bizantinas: En el Imperio Bizantino, la medicina se mantuvo como una ciencia respetada y valorada, que se transmitió a través de escuelas e instituciones públicas. Las mujeres tuvieron acceso a la educación médica y a la práctica profesional, aunque con algunas limitaciones. Entre las médicas bizantinas más destacadas se encuentran Metrodora, autora del primer libro médico escrito por una mujer, Olimpia Morata, una erudita que enseñó medicina en Ferrara, o Ana Comnena, una historiadora que describió con precisión varias enfermedades en su obra Alexiada.
- Las monjas benedictinas: En el Occidente medieval, la Iglesia Católica ejerció un gran control sobre la medicina, que consideraba como una forma de caridad cristiana. Los monasterios se convirtieron en centros de atención sanitaria y de conservación del saber antiguo. Las monjas benedictinas jugaron un papel fundamental en este ámbito, ya que se dedicaron a cuidar de los enfermos, a cultivar plantas medicinales y a escribir libros sobre botánica, farmacología y terapéutica. Entre las monjas benedictinas más famosas se encuentran Hildegarda de Bingen, una mística y polímata que escribió sobre medicina natural y espiritual, Trota de Salerno, una médica que se especializó en ginecología y obstetricia, o Herrada de Landsberg, una abadesa que compiló una enciclopedia sobre ciencias y artes.
- Las médicas judías: En la Edad Media, la comunidad judía sufrió persecuciones y expulsiones por parte de los reinos cristianos y musulmanes. Sin embargo, los judíos lograron preservar y difundir sus conocimientos médicos, que se basaban en la tradición bíblica, la filosofía griega y la medicina árabe. Las mujeres judías tuvieron un papel relevante en la medicina, ya que se encargaban de atender a las mujeres y a los niños de su comunidad, así como de transmitir sus saberes a sus hijas o discípulas. Entre las médicas judías más renombradas se encuentran Rebecca Guarna, una médica italiana que escribió sobre anatomía y fisiología, Benvenida Abravanel, una mecenas que financió hospitales y escuelas médicas en Nápoles, o Gracia Nasi, una empresaria que fundó una red de refugios para los judíos perseguidos en el Imperio Otomano.
Los desafíos y las resistencias de las mujeres médicas
A pesar de los ejemplos anteriores, la medicina medieval no fue un campo fácil ni seguro para las mujeres. Por el contrario, las mujeres médicas tuvieron que enfrentarse a numerosos obstáculos y amenazas que limitaron su acceso a la educación, a la información y a la práctica profesional. Algunos de estos desafíos y resistencias fueron:
Fuentes
- La misoginia: La Edad Media estuvo marcada por una visión negativa y despectiva de las mujeres, que se basaba en prejuicios religiosos, filosóficos y científicos. Las mujeres eran consideradas como seres inferiores, débiles, pecaminosos e ignorantes, que debían someterse a la autoridad y al dominio de los hombres. La medicina no escapó a esta ideología misógina, que se reflejó en la forma de concebir el cuerpo femenino, el proceso reproductivo y las enfermedades específicas de las mujeres. Por ejemplo, se creía que la menstruación era una forma de purgar la sangre impura de las mujeres, que el embarazo era un estado patológico que requería de reposo absoluto, o que la histeria era una enfermedad causada por el desplazamiento del útero dentro del cuerpo. Estas creencias influyeron negativamente en la salud y el bienestar de las mujeres, así como en su valoración social y profesional.
- La exclusión: La Edad Media fue también una época de consolidación y regulación de las instituciones médicas, que establecieron normas y requisitos para el ejercicio de la medicina. Estas instituciones fueron dominadas por los hombres, que excluyeron o marginaron a las mujeres del ámbito académico y laboral. Por ejemplo, las universidades medievales prohibieron o restringieron el acceso de las mujeres a sus estudios, los gremios médicos impidieron o dificultaron el ingreso de las mujeres a sus asociaciones, o las autoridades civiles sancionaron o persiguieron a las mujeres que practicaban la medicina sin licencia o sin supervisión masculina. Estas medidas tuvieron como consecuencia la reducción del número y la calidad de las mujeres médicas, así como el aumento de su vulnerabilidad y precariedad.
La competencia: La Edad Media fue también un período de diversidad y pluralidad en la medicina, que convivió con otras formas de curación alternativas o complementarias. Estas formas incluían la magia, la astrología, el alquimia, la herbolaria o la cirugía. Algunas de estas prácticas eran realizadas por mujeres, que aprovechaban su conocimiento empírico, su intuición o su sensibilidad para sanar a los enfermos. Sin embargo, estas mujeres también tuvieron que competir con otros agentes sanitarios, que las consideraban como rivales, impostoras o amenazas. Por ejemplo, los médicos universitarios despreciaban a las mujeres que curaban con hierbas o con conjuros, los inquisidores acusaban a las mujeres que usaban la astrología o el alquimia de herejía o brujería, o los cirujanos rechazaban a las mujeres que practicaban la obstetricia o la sangría. Estos conflictos generaron tensiones y violencias entre los diferentes actores de la medicina medieval, que afectaron especialmente a las mujeres.
Conclusión
En conclusión, se puede afirmar que las mujeres en la Edad Media no fueron meras espectadoras o víctimas de la medicina, sino que participaron activamente en su desarrollo y evolución. A pesar de las dificultades y los riesgos que tuvieron que afrontar, las mujeres medievales demostraron su capacidad, su inteligencia y su creatividad para curar y para aprender. Su legado es una prueba de que la Edad Media no fue una época oscura ni retrógrada, sino una época de transición y de transformación, en la que se gestaron las bases de la medicina moderna.
Reflexión Final: La Resiliencia y el Legado de las Mujeres Medievales en la Medicina
La historia de las mujeres en la medicina medieval es una narrativa de resistencia y resiliencia. A pesar de vivir en una era donde la misoginia y el patriarcado estaban profundamente arraigados, muchas mujeres se elevaron como figuras de conocimiento y sanación. Su participación activa en la medicina no solo desmiente la noción de una “Edad Oscura” sin progreso, sino que también destaca cómo las contribuciones femeninas han sido fundamentales, aunque a menudo invisibilizadas, en la historia del desarrollo humano.
Estas mujeres no solo se enfrentaron a los desafíos de su tiempo, sino que también dejaron un legado duradero que ha inspirado generaciones futuras. Su trabajo pionero sentó las bases para una comprensión más inclusiva y equitativa del papel de las mujeres en la ciencia y la sociedad. Al reflexionar sobre su impacto, es esencial reconocer y valorar su contribución al avance del conocimiento médico y su lucha incansable por el derecho a la educación y la práctica profesional.
En última instancia, el estudio de las mujeres medievales en la medicina nos enseña sobre la importancia de cuestionar las narrativas históricas simplistas y reconstruir nuestra comprensión del pasado con una perspectiva más matizada y completa. Así, podemos apreciar plenamente cómo las acciones de estas mujeres valientes han moldeado no solo el campo médico sino también el curso de la historia humana.
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