Entre las mentes que han moldeado el pensamiento contemporáneo, Jürgen Habermas se erige como un faro intelectual ineludible, capaz de iluminar los recovecos más complejos de la filosofía y la teoría social. Su obra cuestiona los fundamentos de la racionalidad, la comunicación y la democracia, desafiando a generaciones a repensar la ética y la convivencia. ¿Estamos dispuestos a confrontar nuestras ideas con rigor? ¿Podemos abrirnos al diálogo crítico que propone Habermas?


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Habermas y su historia de la filosofía: una obra monumental y original


Jürgen Habermas es uno de los filósofos vivos más conocidos e influyentes del mundo. Nacido en Düsseldorf, Alemania, en 1929, es el principal representante de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de la Teoría crítica desarrollada en el Instituto de Investigación Social. Su obra abarca diversos campos como la filosofía política, la ética, la teoría del derecho, la filosofía del lenguaje, la sociología y la epistemología. Entre sus aportes destacan la construcción de la teoría de la acción comunicativa, la ética del discurso y la teoría de la democracia deliberativa. En este ensayo, se pretende ofrecer una visión panorámica de su vida y su pensamiento, así como de su reciente obra, “También una historia de la filosofía”, en la que ofrece su mirada a la historia de la filosofía, de la que él mismo forma parte gracias a su teoría de la democracia deliberativa.


Vida y formación


Habermas nació en una familia protestante, en la que su padre, Ernst Habermas, era director ejecutivo de la Cámara de Industria y Comercio de Colonia y simpatizante nazi. Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, que le hicieron tomar conciencia de la importancia de la crítica y la comunicación. Además, sufrió desde su nacimiento una malformación del paladar que le dificultaba el habla y le provocaba el rechazo de sus compañeros. Se sometió a dos operaciones correctivas, pero este defecto le acompañaría toda su vida y le haría reflexionar sobre el papel del lenguaje en la construcción y el mantenimiento de la sociedad.

Estudió historia, psicología, literatura alemana, economía y filosofía en las universidades de Gotinga, Zúrich y Bonn, donde obtuvo el doctorado en filosofía en 1954 con una tesis sobre el pensamiento de Schelling. Su primer artículo, publicado en 1953, fue una crítica a la obra de Heidegger “Introducción a la metafísica”, en la que cuestionaba su postura sobre el nacionalismo. Entre 1956 y 1959, trabajó con Theodor Adorno y Max Horkheimer en el Instituto de Investigación Social de Frankfurt, donde se inició en la Teoría crítica, una corriente de pensamiento que pretendía analizar y transformar la sociedad capitalista desde una perspectiva marxista y humanista. Sin embargo, Habermas no se limitó a seguir las ideas de sus maestros, sino que desarrolló su propia visión, más abierta al diálogo y a la racionalidad comunicativa.

Entre 1961 y 1971, fue profesor de filosofía y sociología en las universidades de Heidelberg y Frankfurt, respectivamente. En este periodo, publicó algunas de sus obras más importantes, como “Historia y crítica de la opinión pública” (1962), “Conocimiento e interés” (1968) y “La lógica de las ciencias sociales” (1970). En ellas, abordó temas como la relación entre la razón y la historia, la distinción entre ciencias empírico-analíticas y ciencias histórico-hermenéuticas, y la crítica a la ideología y al positivismo. También se involucró en los movimientos estudiantiles y sociales de finales de los años sesenta, defendiendo la democracia participativa y la emancipación frente al autoritarismo y la alienación.

En 1971, sucedió a Adorno como director del Instituto de Investigación Social y como catedrático de filosofía en Frankfurt, cargos que ocupó hasta su jubilación en 1994. Durante estos años, consolidó su reputación internacional como filósofo y como intelectual público, participando en numerosos debates y controversias sobre temas como la modernidad, la posmodernidad, el nacionalismo, el multiculturalismo, la religión, la bioética y la integración europea. Entre sus obras más relevantes de este periodo, destacan “Teoría de la acción comunicativa” (1981), “El discurso filosófico de la modernidad” (1985), “Facticidad y validez” (1992) y “Entre naturalismo y religión” (2005). En ellas, desarrolló su concepción de la racionalidad comunicativa como la capacidad de los seres humanos de coordinar sus acciones mediante el entendimiento mutuo, basado en el uso público de la razón y en el respeto a las normas morales y jurídicas. Asimismo, propuso una teoría de la democracia deliberativa, según la cual la legitimidad política se basa en la participación de los ciudadanos en el debate público, orientado por el principio del discurso, que exige que todos los afectados por una norma puedan aceptarla libremente tras una argumentación racional.


Obra filosófica


La obra filosófica de Habermas se caracteriza por su amplitud, su complejidad y su originalidad. Su objetivo es ofrecer una teoría crítica de la sociedad, que sea capaz de explicar los problemas y las posibilidades de la modernidad, entendida como un proceso histórico de diferenciación entre los ámbitos de la ciencia, la moral, el arte y el derecho. Habermas considera que la modernidad no es un proyecto fracasado, como sostienen algunos pensadores posmodernos, sino un proyecto incompleto, que requiere de una reconstrucción racional y normativa. Para ello, Habermas recurre a diversas fuentes y disciplinas, como la filosofía analítica, la hermenéutica, la pragmática, la teoría de sistemas, la teoría de la evolución, la psicología del desarrollo, la sociología de la comunicación y la teoría política.

El núcleo de su pensamiento es la teoría de la acción comunicativa, que se basa en la distinción entre dos tipos de acción social: la acción instrumental y la acción comunicativa. La acción instrumental es aquella que se orienta por el éxito, es decir, por la consecución de fines determinados mediante el uso de medios adecuados. La acción comunicativa es aquella que se orienta por el entendimiento, es decir, por el logro de un acuerdo intersubjetivo sobre la validez de las pretensiones de verdad, corrección normativa, sinceridad y adecuación estética que se expresan en el lenguaje. Habermas sostiene que la acción comunicativa es la forma originaria y fundamental de la acción social, ya que permite la formación de la identidad, la cultura, la sociedad y la personalidad. Sin embargo, la acción comunicativa se ve amenazada por la colonización del mundo de la vida, que es el ámbito de la reproducción simbólica de la sociedad, por parte del sistema, que es el ámbito de la reproducción material de la sociedad, regido por la lógica del dinero y del poder. Esta colonización se manifiesta en fenómenos como la burocratización, la mercantilización, la tecnificación y la desintegración social.

Frente a esta situación, Habermas propone una ética del discurso, que se basa en el principio de la universalización, según el cual una norma es válida si todos los afectados por ella pueden aceptarla en condiciones de igualdad, libertad y racionalidad. Esta ética se aplica también al ámbito del derecho y de la política, dando lugar a una teoría de la democracia deliberativa, que defiende la soberanía popular, los derechos humanos, el Estado de derecho, el pluralismo, la tolerancia y el cosmopolitismo. Habermas considera que la democracia deliberativa es la forma más adecuada de realizar la racionalidad comunicativa en el nivel político, ya que permite la participación de los ciudadanos en la formación de la voluntad colectiva, mediante el debate público y el control de los poderes públicos. Así, la democracia deliberativa se convierte en el horizonte normativo de la teoría crítica de Habermas, que busca la emancipación de los individuos y de los grupos sociales frente a las formas de dominación y de opresión que impiden el desarrollo de sus capacidades comunicativas.


También una historia de la filosofía


La última obra de Habermas, publicada en 2019, es “También una historia de la filosofía”, que consta de dos volúmenes y 1.752 páginas. En ella, Habermas ofrece su interpretación de la historia de la filosofía occidental, desde los presocráticos hasta la actualidad, pasando por Platón, Aristóteles, Agustín, Descartes, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche, Wittgenstein, Heidegger y otros. Su propósito es mostrar que la filosofía no es solo una actividad teórica, sino también una práctica comunicativa, que busca el entendimiento sobre las cuestiones fundamentales de la existencia humana. Así, Habermas traza una línea de continuidad entre los diferentes autores y corrientes filosóficas, que comparten el interés por la racionalidad, la moralidad, la libertad y la justicia.

Habermas divide su obra en cuatro partes: la primera, dedicada a la filosofía antigua y medieval, que denomina “metafísica”; la segunda, dedicada a la filosofía moderna, que denomina “filosofía de la conciencia”; la tercera, dedicada a la filosofía contemporánea, que denomina “filosofía del lenguaje”; y la cuarta, dedicada a su propia filosofía, que denomina “filosofía de la comunicación”. En cada una de estas partes, Habermas analiza las principales ideas y argumentos de los filósofos, así como sus aciertos y sus errores, desde una perspectiva crítica y dialogal. Habermas no pretende ofrecer una historia objetiva y neutral de la filosofía, sino una historia comprometida y reflexiva, que se sitúa en el contexto de los problemas y los desafíos de la modernidad y de la posmodernidad.

La obra de Habermas ha sido recibida con gran interés y admiración por parte de la comunidad filosófica y académica, que ha reconocido su valor y su originalidad. Sin embargo, también ha sido objeto de críticas y objeciones, que han cuestionado su método, su selección, su interpretación y su evaluación de los autores y las obras filosóficas. Algunos de los puntos más controvertidos son los siguientes:

  • La pretensión de Habermas de ofrecer una historia de la filosofía que sea también una filosofía de la historia, es decir, que tenga en cuenta la dimensión histórica y social de la filosofía, pero que también tenga una pretensión normativa y emancipatoria, que oriente la acción y la transformación de la sociedad.
  • La concepción de Habermas de la filosofía como una práctica comunicativa, que implica una racionalidad dialógica, intersubjetiva y argumentativa, que se basa en el uso público de la razón y en el respeto a las normas morales y jurídicas, pero que también excluye otras formas de filosofar, como la poética, la mística, la estética o la existencial.
  • La selección de Habermas de los autores y las obras filosóficas que considera relevantes para su historia, que se centra en la tradición occidental, especialmente en la alemana, y que deja de lado otras tradiciones, como la oriental, la africana, la latinoamericana o la feminista, así como otros autores y obras que no encajan en su esquema, como Spinoza, Hume, Schopenhauer, Kierkegaard, Sartre o Foucault.
  • La interpretación de Habermas de los autores y las obras filosóficas que analiza, que se basa en su propia teoría de la acción comunicativa y de la democracia deliberativa, y que a veces distorsiona o simplifica las ideas y los argumentos de los filósofos, especialmente de aquellos que son más críticos o más alejados de su posición, como Platón, Aristóteles, Agustín, Descartes, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche, Wittgenstein o Heidegger.
  • La evaluación de Habermas de los autores y las obras filosóficas que examina, que se basa en su propio criterio de racionalidad, moralidad, libertad y justicia, y que a veces es injusta o parcial con los filósofos, especialmente con aquellos que son más innovadores o más radicales en su propuesta, como Platón, Aristóteles, Agustín, Descartes, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche, Wittgenstein o Heidegger.

Estas críticas y objeciones no pretenden descalificar o desmerecer la obra de Habermas, sino más bien enriquecerla y complementarla, abriendo el diálogo y el debate con otros enfoques y perspectivas filosóficas. Habermas mismo ha reconocido que su obra no es definitiva ni exhaustiva, sino provisional y limitada, y que está abierta a la revisión y a la corrección. Así, Habermas ha demostrado su coherencia y su honestidad como filósofo, que no se conforma con repetir o aceptar lo establecido, sino que se atreve a cuestionar y a proponer, con rigor y con pasión, su propia visión de la filosofía y de la sociedad. Habermas ha realizado, sin duda, un gran servicio a la filosofía y a la humanidad, al ofrecer una obra que es, al mismo tiempo, una historia de la filosofía y una filosofía de la historia.


Conclusión


Habermas es un gran pensador y un gran filósofo, que ha hecho una contribución decisiva al desarrollo de la teoría crítica y de la filosofía política. Su obra es una obra monumental, que abarca diversos campos y disciplinas, y que ofrece una visión integradora y normativa de la sociedad y de la historia. Su última obra, “También una historia de la filosofía”, es una obra impresionante, que muestra su erudición y su originalidad, y que ofrece su interpretación de la historia de la filosofía occidental, desde una perspectiva comunicativa y deliberativa. Su obra es una obra valiosa y relevante, que merece ser leída y discutida, y que plantea desafíos y preguntas para el presente y el futuro.


Reflexión final


Habermas es un ejemplo de filósofo comprometido y de intelectual público, que no se ha limitado a elaborar teorías abstractas, sino que ha participado activamente en los debates y las controversias de su tiempo, defendiendo la democracia, los derechos humanos, el cosmopolitismo y la racionalidad. Habermas es un ejemplo de filósofo dialogante y de interlocutor respetuoso, que no ha pretendido imponer su verdad, sino que ha buscado el entendimiento con otros autores y corrientes filosóficas, reconociendo sus méritos y sus críticas. Habermas es un ejemplo de filósofo crítico y de pensador emancipador, que no ha aceptado pasivamente la realidad, sino que ha propuesto transformarla, mediante la acción comunicativa y la democracia deliberativa. Habermas es, en definitiva, un ejemplo de filósofo vivo y de filosofía viva, que nos invita a pensar y a actuar, con rigor y con pasión, por un mundo mejor.


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