En las polvorientas calles y las bulliciosas plazas del antiguo imperio romano, donde la grandeza y la austeridad de los monumentos se mezclaba con el estrépito de la vida cotidiana, los más jóvenes encontraban un mundo aparte, uno lleno de risas y juegos. No eran simplemente futuros ciudadanos del imperio más poderoso de la Tierra; eran niños y niñas, cuyos juegos y juguetes reflejaban la complejidad de su sociedad y el ingenio de su cultura. Desde pequeñas réplicas de la vida adulta hasta competencias que emulaban el ardor del campo de batalla, estos pasatiempos no solo entretenían sino que también educaban y preparaban a la próxima generación para los roles que eventualmente asumirían. En este vistazo a su mundo, descubrimos que, aunque separados por milenios, la esencia de la infancia permanece inalterable y el juego sigue siendo el lenguaje universal de la juventud.



LOS JUEGOS DE LOS NIŇOS ROMANOS


Los niños y las niñas romanas tenían diferentes formas de divertirse, según su edad, su sexo y su clase social. Aunque la educación era muy importante para formar a los futuros ciudadanos y ciudadanas del imperio, también había tiempo para el ocio y el entretenimiento.


Los juguetes de los niños y las niñas romanas


Los juguetes más comunes entre los niños y las niñas romanas eran los animales domésticos, que podían ser de diversos tipos: desde pequeños insectos como las cigarras o los grillos, hasta otros más grandes como los perros, los corderos, los pájaros, los conejos, los patos o los gansos. Estos animales se llamaban delicium o deliciae, y se les quería tanto que a veces se les enterraba junto a sus dueños o se les mencionaba en sus lápidas.

Las niñas también jugaban con vajillas y cocinitas de barro o metal, imitando las tareas domésticas de sus madres. Otra diversión muy popular entre ellas eran las muñecas, que podían ser de trapo, madera, marfil o cera. Algunas muñecas tenían las extremidades articuladas y se les podía cambiar la ropa y el peinado.

Los niños, en cambio, preferían los juegos más bélicos y aventureros, como representar batallas con espadas y escudos de madera, luchar entre ellos con guantes de cuero o piedras, construir casitas de piedra o arena, o hacer carreras con carros tirados por ratones o perros.


Los juegos colectivos de los niños y las niñas romanas


Además de los juguetes, los niños y las niñas romanas practicaban muchos juegos colectivos, algunos de los cuales seguían jugando de adultos. Uno de los más populares era el juego de pelota, que podía ser de varios tipos: el harpastum, que era una especie de rugby; el trigon, que consistía en lanzarse la pelota entre tres personas formando un triángulo; el expulsim ludere, que era como el balonmano; y el pila paganica, que era el antecedente del golf.

Otro juego muy extendido era la morra, que se parecía al de los “chinos”. Consistía en sacar los dedos de una mano y adivinar cuántos dedos habían sacado los dos jugadores en total. El que acertaba, ganaba.

También se jugaba con las tabas, que eran huesos de animales, normalmente de oveja o cabra. Se lanzaban al aire y se contaban los puntos según la cara que quedaba hacia arriba. Con las tabas se podían hacer varios juegos, como el par impar, el delta o el micare digitis.

Otros juegos que divertían a los niños y las niñas romanas eran la peonza, el aro, las canicas, la gallinita ciega, el escondite, el saltar la cuerda, el veo veo o el cinco piedritas.


Los juegos de mesa de los niños y las niñas romanas


Los juegos de mesa eran otra forma de entretenimiento para los niños y las niñas romanas, y también para los adultos. Había muchos tipos de juegos de mesa, como el latrunculi, que era una especie de ajedrez; el duodecim scripta, que era como el backgammon; el tesserae, que era como los dados; el tabula lusoria, que era como el parchís; o el rithmomachia, que era un juego matemático.

Estos juegos se podían jugar con fichas de madera, marfil, hueso, metal o piedra, y se usaban tableros de madera, mármol, bronce o incluso el suelo. Algunos juegos requerían también dados, que podían ser de cuatro, seis, ocho o doce caras.


Las travesuras de los niños y las niñas romanas


Los niños y las niñas romanas no eran siempre tan inocentes y a veces hacían travesuras a sus padres, a sus maestros o a los transeúntes. Por ejemplo, les gustaba pegar una moneda en el suelo y burlarse de quien intentara recogerla, o tirar nueces o castañas a las personas que pasaban por la calle, o hacer ruidos con las puertas o las ventanas, o esconderse debajo de las mesas o las camas.

Estas travesuras solían ser castigadas con azotes, multas o privaciones, pero también había padres y maestros más indulgentes que las toleraban como parte de la infancia.


La vida de los niños y las niñas pobres


Sin embargo, no todos los niños y las niñas romanas tenían la misma suerte de poder jugar y divertirse. Los que nacían en familias pobres o esclavas tenían que trabajar desde muy pequeños, ayudando a sus padres en el campo, en el taller, en la mina o en la casa. No tenían acceso a la educación ni a los juguetes, y su infancia era muy dura y breve.

Los niños y las niñas pobres o esclavos solo podían soñar con los juegos de los niños y las niñas ricos o libres, y esperar que algún día su situación mejorara.



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