“Embárcate en un viaje a través del tiempo, a una época donde los dioses y diosas dictaban el destino de los mortales. Entra en el fascinante mundo de Ishtar, la poderosa diosa del amor y la guerra, cuyos dominios abarcaban la pasión y la destrucción, la belleza y la ira. Descubre cómo su figura trascendió las fronteras de Mesopotamia, dejando huella en civilizaciones lejanas y conformando la imagen de otras deidades posteriores. A través de historias épicas y mitos antiguos, recorre los senderos de esta entidad que, en su aparente contradicción, refleja la complejidad de la naturaleza humana.”




ISHTAR: DIOSA DEL AMOR Y LA GUERRA


Entre las muchas deidades que se adoraron en el Antiguo Oriente Próximo, una de las más antiguas y poderosas fue Ishtar, conocida también como Inanna en las fuentes sumerias. Ishtar era una diosa primordial, que abarcaba los dominios del amor y la guerra, entre otros. Su culto se extendió por toda Mesopotamia y más allá, influyendo en las religiones y culturas de las civilizaciones que la rodeaban.

Ishtar tiene el honor de ser la primera deidad de la que tenemos evidencia escrita en la historia de la humanidad. Su nombre aparece en las tablillas de arcilla que se encontraron en Uruk, una de las ciudades más antiguas del mundo, situada en el sur de Mesopotamia. Estas tablillas datan de finales del cuarto milenio a.C., y muestran que Ishtar ya era una diosa muy venerada y respetada en esa época.

Mesopotamia, el lugar de origen de Ishtar, era una región geográfica que se ubicaba entre los ríos Tigris y Éufrates, en lo que hoy son los países de Irak, Kuwait, y partes de Siria, Irán, y Turquía. Esta región fue testigo del surgimiento y la caída de grandes imperios, como el Acadio, el Babilónico y el Asirio, que dejaron un rico legado cultural, científico y artístico. Ishtar fue una de las diosas más importantes de estos imperios, y su imagen y atributos se difundieron por todo el Antiguo Oriente Próximo, llegando incluso al Mediterráneo.

Ishtar tuvo un papel fundamental en la configuración de las imágenes y cultos de otras diosas posteriores, como la famosa diosa griega del amor Afrodita, y la diosa fenicia Astarté. Estas diosas, y otras como Artemisa y Atenea, han seguido siendo símbolos culturales relevantes hasta nuestros días. Sin embargo, Ishtar ha quedado relegada al olvido, a pesar de ser una de las diosas mesopotámicas más documentadas y complejas.

La razón principal de este olvido puede ser la desaparición del sistema de escritura cuneiforme, que fue el medio de comunicación predominante en el Antiguo Oriente Próximo durante más de 3000 años. El cuneiforme era una escritura que se hacía con una cuña sobre tablillas de arcilla, y que podía representar varios idiomas, como el sumerio, el acadio, el hitita, el elamita, y otros. El cuneiforme dejó de usarse alrededor del año 400 d.C., por motivos que aún no se han esclarecido del todo. Con la pérdida de esta escritura, se perdió también gran parte de la información sobre Ishtar y su mundo.

Los textos que nos han llegado sobre Ishtar, aunque numerosos, son fragmentarios, incompletos y difíciles de interpretar. Esto contrasta con el alto estatus de la diosa y su larga influencia en el mundo antiguo. Estos problemas con su evidencia se deben en gran medida (aunque no solo) a la antigüedad de la diosa. Entre los textos literarios que nos hablan de Ishtar, los más conocidos son dos mitos épicos de Mesopotamia: la Epopeya de Gilgamesh y el Descenso de Ishtar al Inframundo.

En estos mitos, y en otros, Ishtar suele aparecer con forma humana, aunque también se la relaciona con un cuerpo celeste: Venus, la estrella de la mañana y el atardecer. Ishtar es hija de Ningal, la diosa de la luna, y de Nanna (también llamado Sin), el dios de la luna. Su hermano gemelo es Utu (el semítico Shamash), el dios del sol y la justicia. Ishtar tiene un consorte, Dumuzi (el semítico Tammuz), que es el pastor rey, y que protagoniza con ella una historia de amor y muerte. La madre de Dumuzi es la diosa Duttur, y su hermana es Geshtinanna.

Ishtar es una diosa fascinante, que encarna aspectos contradictorios y complementarios de la vida. Es la diosa del amor, la sexualidad, la fertilidad, la belleza, la pasión, la alegría, pero también de la guerra, la violencia, la destrucción, la ira, el dolor. Es una diosa que busca el poder, la aventura, el conocimiento, pero también el placer, la ternura, el afecto. Es una diosa que desafía las normas, que se rebela contra las autoridades, que se enfrenta a los obstáculos, pero también que sufre las consecuencias, que se arrepiente, que se compadece. Es una diosa que representa la complejidad de la naturaleza humana, y que nos invita a explorar sus misterios.


Reflexión Final


“La figura de Ishtar, con su amplio espectro de dominios y atributos, ofrece más que una visión de las creencias y prácticas del antiguo Oriente: se convierte en un espejo de la condición humana. Como diosa del amor y la guerra, ella concilia aspectos de la existencia que a menudo parecen en conflicto, recordándonos que la vida es un complejo entramado de alegrías y desafíos, de creación y destrucción. A pesar de su relegación al olvido después de la desaparición de la escritura cuneiforme, Ishtar persiste como un poderoso símbolo de esa dualidad inherente a nuestra naturaleza. Con su resonante eco desde la antigüedad, Ishtar nos invita a reflexionar sobre nuestras propias contradicciones y a explorar los misterios que nos hacen profundamente humanos.”


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