Entre las brumas del tiempo, la figura de los vándalos emerge con fulgor desafiante, desplazando mitos de mera destrucción para revelar un mosaico de migraciones, diplomacia y choque cultural. Esta narrativa, tejida entre los colapsos del Imperio romano y la expansión de la cultura germánica, invita a replantear inercias académicas y rastrear la herencia de su paso por Iberia y el norte de África en la memoria global y cultural. ¿Quiénes marcaron así el pulso diluente de la Antigüedad? ¿Qué ecos resuenan hoy en la identidad europea?


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Imágenes realizadas con IA, por ChatGPT para el Candelabro.

Entre Mito y Realidad: Redescubriendo la Historia de los Vándalos”


Los vándalos fueron un pueblo de origen germano que habitó un territorio de Europa Central, entre Alemania y Polonia. Durante su existencia, recorrieron e invadieron múltiples naciones y se establecieron en el norte de África, en la actual Túnez.

La primera referencia escrita sobre esta tribu data del año 77 d. C., cuando el historiador y filósofo romano Plinio el Viejo mencionó a los Vandilii. Se cree que migraron a la actual Alemania desde Escandinavia. Es posible que también incluyeran a miembros de la cultura Przeworsk, una tribu de la Edad del Hierro que vivía en la actual Polonia. Los historiadores creen que eran agricultores y pastores. Otra teoría menciona que este pueblo tomó su nombre del condado de Vendel, en Suecia. También eran llamados “lugiones”.

La palabra vándalo parece tener un doble significado: “los que cambian” y “los hábiles”. La palabra “lugiones”, igualmente, tomaba un doble significado: “mentirosos” y “confederados”. Desde su ingreso en la historia escrita ya estaban bajo sospecha.

En el siglo II d. C. los vándalos empezaron a enfrentarse al Imperio romano. Participaron en varias guerras en la frontera romana, como las guerras marcomanas del río Danubio, que se prolongaron desde la década del 160 d. C. a la década del 180 d. C.

Hay que añadir que el pueblo vándalo también resulta asociado a otro término claramente vilipendiado: el de los “bárbaros”. Los pueblos germánicos que se extendían por las riberas del Rin hacia Bohemia (actual República Checa) y más al este, fueron conocidos como bárbaros. El nombre provino de los griegos, pues según ellos, no hablaban de manera civilizada, sino por medio de “balbuceos” incomprensibles (bar-bar), como los de los niños.

También equivalía a “extranjeros” que no hablaban una lengua civilizada, como el latín o el griego. Llegaron en tribus nómadas de blancos europeos y amarillos asiáticos. Ya en la Roma imperial, la connotación lingüística pasó a ser peyorativa. La “barbarie” señalaba un estadio inferior en la evolución de las sociedades humanas.


El declive de los vándalos:


Mientras viajaban por el este y centro de Europa, los vándalos peleaban con los lugareños, capturando su territorio conforme avanzaban. En el año 406 d. C., atravesaron el río Rin y comenzaron a invadir la Galia (actual Francia), después Hispania (España) y el norte de África. Uno de sus mayores logros fue capturar Cartago (actual Túnez) en el 439 d. C.

Genserico, el rey más exitoso que conocieron los vándalos, convirtió a Cartago en la capital del reino –que para ese entonces era una provincia romana más tras la muerte de Aníbal Barca– y conquistó más territorios pertenecientes al imperio en los años posteriores.

Su ubicación estratégica en el Mediterráneo proporcionó una ventaja a los vándalos, que se convirtieron en una potencia naval formidable. Desesperado, el Imperio romano se vio forzado a reconocer a los vándalos como interlocutores legítimos y firmó un tratado que garantizaba que dejarían a Roma en paz. Los vándalos adoptaron muchas facetas de la cultura romana, incluidas sus prendas de vestir y sus artes.

Sin embargo, su fama de destructores se consolidó cuando saquearon Roma en el año 455 d. C., llevándose consigo numerosas riquezas y obras de arte. También atacaron otras ciudades importantes del Mediterráneo, como Marsella, Nápoles y Sicilia. Su reino se extendió desde el sur de España hasta el norte de Egipto.

Los vándalos se convirtieron al cristianismo, pero de una rama considerada herética por los romanos: el arrianismo. Esto les generó conflictos con los católicos y los ortodoxos, que los perseguían y los marginaban. Los vándalos, a su vez, reprimían a los que no compartían su fe, confiscando sus propiedades y prohibiendo sus ritos.

El reino vándalo entró en decadencia tras la muerte de Genserico en el 477 d. C. Sus sucesores no pudieron mantener la cohesión interna ni la defensa externa. En el 533 d. C., el emperador bizantino Justiniano I envió a su general Belisario a reconquistar el norte de África. Los vándalos fueron derrotados en la batalla de Ad Decimum y la batalla de Tricamarum, y su rey Gelimer fue capturado y llevado a Constantinopla.

Los vándalos desaparecieron como pueblo independiente y fueron asimilados por los bizantinos, los árabes y los bereberes. Su nombre quedó asociado a la destrucción y el saqueo, y se convirtió en sinónimo de alguien que causa daños sin motivo. Sin embargo, algunos historiadores modernos han cuestionado esta imagen negativa y han destacado sus aportes culturales y políticos.


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