En las profundidades del rico tapiz cultural de México, donde la historia y la mitología se entrelazan en un vibrante mosaico de creencias, emerge la figura de Tonantzin, la venerada diosa madre de los mexicas. Su historia, un relato fascinante de devoción, poder y transformación, se extiende a través de los siglos, desde los antiguos templos prehispánicos hasta las majestuosas basílicas de la era moderna. Esta narrativa no solo captura la esencia de una divinidad central en la mitología mexica, sino que también refleja la compleja evolución de las creencias religiosas y culturales en México. A través del prisma de Tonantzin, exploramos un viaje único: desde su papel original como protectora y madre, hasta su sincretismo con la figura católica de la Virgen de Guadalupe, un símbolo de fe y resistencia que resuena profundamente en el corazón de América Latina.



El origen de la diosa Tonantzin


Tonantzin es el nombre que se le daba a varias deidades femeninas en la cultura y mitología mexica, especialmente a Coatlicue, la madre de los dioses, y a Toci, la abuela de los dioses. El nombre significa “nuestra venerable madre” en náhuatl, la lengua de los mexicas. Tonantzin era una diosa muy importante para los mexicas, que la consideraban la protectora de la vida, la fertilidad, la salud y la guerra. Su culto se remonta a tiempos prehispánicos, cuando existía un templo dedicado a ella en el cerro de Tepeyacac, al norte de la ciudad de México-Tenochtitlan. Sin embargo, su origen se relaciona con una historia de traición, venganza y sacrificio que involucra a los mexicas y a sus enemigos, los colhuas.


Los mexicas y los colhuas


Los mexicas fueron el último pueblo mesoamericano que formó una rica y compleja civilización en el centro de México. Su origen se remonta a una migración desde el mítico lugar de Aztlán, ubicado en el norte del país, hacia el sur, en busca de una señal divina que les indicara dónde fundar su ciudad. Después de varios siglos de peregrinación, los mexicas llegaron al Valle de México, donde se establecieron como vasallos de los colhuas, un pueblo que dominaba la región de Culhuacán.

Los colhuas eran rivales de los xochimilcas, otro pueblo que habitaba el sur del valle. En una ocasión, el tlatoani (gobernante) de Culhuacán, llamado Coxcox, inició una guerra contra los xochimilcas y ordenó a los mexicas que fueran al frente de batalla. Los mexicas obedecieron, pero en lugar de matar a sus enemigos, les cortaban una oreja y la guardaban en unas bolsas de hilo de maguey. Los colhuas, que iban detrás, capturaban a los xochimilcas heridos y los llevaban como prisioneros.

Al terminar la guerra, los guerreros colhuas se presentaron ante Coxcox con sus cautivos, mientras que los mexicas solo llevaban canastas. Coxcox les preguntó dónde estaban sus prisioneros, y uno de los mexicas le respondió que ellos habían sido los primeros en enfrentar a los xochimilcas, y que a todos los que les habían traído les faltaba la oreja derecha. Entonces, los mexicas vaciaron las canastas y mostraron las orejas cortadas. Coxcox quedó impresionado por la valentía y la astucia de los mexicas, pero también los despreció por su condición de vasallos y bárbaros.


La ofensa a Huitzilopochtli


Los mexicas eran devotos de Huitzilopochtli, el dios del sol y de la guerra, que según su mitología les había guiado desde Aztlán hasta el lugar donde fundaron su ciudad, en una isla del lago Texcoco. Huitzilopochtli era el dios principal de los mexicas, y su templo era el más grande y el más sagrado de México-Tenochtitlan. Los mexicas celebraban cada año una gran fiesta en honor a Huitzilopochtli, en la que ofrecían sacrificios humanos y animales para alimentar al sol y asegurar su movimiento.

Una noche, antes de la fiesta, unos guerreros colhuas entraron al templo de Huitzilopochtli y profanaron su imagen, cubriéndola de excremento y dejando un pájaro bobo muerto y ensangrentado. Esta ofensa provocó la ira de los mexicas, que limpiaron a su dios y se prepararon para la venganza. Al día siguiente, los sacerdotes mexicas consultaron a Huitzilopochtli, y él les dijo que para castigar a los colhuas debían pedirles en ofrenda a la hija más amada de su tlatoani.


El sacrificio de Teteoinan


Los mexicas esperaron unos años, hasta que el tlatoani de Culhuacán murió y lo sucedió su hijo Achitometl. Entonces, los mexicas le pidieron que les diera a su hija Teteoinan para que fuera la esposa de Huitzilopochtli y la madre de los mexicas. Achitometl accedió, pensando que los mexicas se habían vuelto más civilizados y que su hija sería una reina. Teteoinan era una joven hermosa y virtuosa, que aceptó con resignación su destino. Los mexicas la recibieron con gran alegría y la llevaron al templo de Huitzilopochtli, donde le hicieron una ceremonia de matrimonio.

Sin embargo, lo que Teteoinan no sabía era que los mexicas la habían engañado, y que en realidad la iban a sacrificar y a desollar. Así lo hicieron, y luego vistieron a un joven guerrero con la piel de Teteoinan, que representaba a Huitzilopochtli. Después, los mexicas enviaron una embajada a Culhuacán para invitar a Achitometl a ver a su hija. Achitometl, ilusionado, fue al templo con muchos regalos, pero al llegar se encontró con la horrible escena de su hija muerta y sin piel, y a su supuesto esposo danzando con su piel sobre los hombros. Achitometl se llenó de dolor y de rabia, y ordenó a sus guerreros que atacaran a los mexicas, pero estos los derrotaron fácilmente.


La diosa Tonantzin


Los mexicas tomaron el cuerpo de Teteoinan y lo llevaron al cerro de Tepeyacac, donde lo enterraron y le construyeron un santuario. Allí la adoraron como la diosa Tonantzin, la madre de los mexicas, que había dado su vida por ellos. Tonantzin era una diosa bondadosa y compasiva, que escuchaba las plegarias de su pueblo y les concedía favores. Los mexicas le ofrecían flores, incienso, comida y bebida, y le cantaban himnos de alabanza. Tonantzin también tenía otros nombres, según sus atributos y funciones:

  • Toci, la abuela de los dioses, la diosa de la salud, la maternidad y las hierbas medicinales.
  • Cihuacóatl, la mujer serpiente, la diosa del nacimiento y la muerte, la señora de los médicos, las parteras, los cirujanos y los que daban remedios para abortar; la recolectora de las almas (tonalli).
  • Chicomecóatl, la de las siete serpientes, la diosa de la agricultura, la señora de las cosechas y la fecundidad.
  • Citlalicue, la de la falda de estrellas, la diosa de la Vía Láctea, la señora de las estrellas.
  • Coatlicue, la de la falda de serpientes, la diosa de la tierra, la madre de los dioses, la señora de la vida y la muerte, la guía del renacimiento.
  • Tonacacíhuatl, la señora del sustento, la diosa primordial de la comida y la bebida.
  • Omecíhuatl, la señora de la sustancia, la diosa primordial de la creación, la esposa y dualidad de Ometéotl, el dios supremo.

Tonantzin fue una diosa muy venerada por los mexicas y otros pueblos nahuas, hasta que llegaron los españoles y conquistaron México-Tenochtitlan en 1521. Los españoles destruyeron el templo de Huitzilopochtli y el santuario de Tonantzin, e impusieron la religión católica. Sin embargo, el culto a Tonantzin no desapareció del todo, sino que se transformó y se fusionó con el de la Virgen María, la madre de Jesucristo. .


La aparición de la Virgen de Guadalupe


Según la tradición católica, el 9 de diciembre de 1531, un indígena llamado Juan Diego, que se había convertido al cristianismo, iba caminando por el cerro de Tepeyac, donde antes se adoraba a Tonantzin, cuando escuchó una voz que lo llamaba. Al acercarse, vio a una mujer hermosa, vestida con un manto azul estrellado, que le dijo que era la Virgen María, la madre de Dios, y que quería que le construyeran una iglesia en ese lugar. Juan Diego fue a contarle al obispo de México, fray Juan de Zumárraga, pero este no le creyó y le pidió una prueba.

La Virgen se le apareció de nuevo a Juan Diego y le dijo que fuera a la cima del cerro y que cortara unas rosas que allí encontraría, a pesar de que era invierno y no era época de flores. Juan Diego obedeció y llenó su tilma (una capa de tela) con las rosas. Luego fue a ver al obispo y le mostró las rosas como prueba de la aparición. Pero cuando abrió su tilma, las rosas cayeron al suelo y en la tela quedó impresa la imagen de la Virgen, tal como la había visto.

El obispo quedó maravillado y convencido de que era un milagro. Ordenó que se construyera una iglesia en el lugar de la aparición, y guardó la tilma con la imagen en su capilla. La noticia se difundió rápidamente y muchos indígenas y españoles acudieron a ver la imagen y a venerarla. La Virgen de Guadalupe se convirtió en el símbolo de la fe católica en México y en toda América.


La continuidad de Tonantzin


Sin embargo, algunos historiadores y antropólogos han señalado que la aparición de la Virgen de Guadalupe no fue solo un hecho religioso, sino también un hecho político y cultural, que buscaba legitimar la conquista española y facilitar la evangelización de los indígenas. Asimismo, han sugerido que la Virgen de Guadalupe no era una figura totalmente nueva, sino que tenía una fuerte conexión con la diosa Tonantzin, que los indígenas seguían venerando en secreto o en sincretismo con el cristianismo.

Algunos indicios de esta conexión son:

  • El lugar de la aparición: el cerro de Tepeyac, donde se encontraba el antiguo templo de Tonantzin, y donde los indígenas acudían a pedir favores a la diosa.
  • El nombre de la Virgen: Guadalupe, que según algunos autores deriva de la palabra náhuatl “coatlaxopeuh”, que significa “la que aplasta la serpiente”, un atributo de Coatlicue, la madre de los dioses y una de las manifestaciones de Tonantzin.
  • La imagen de la Virgen: que presenta rasgos mestizos, que la acercan a los indígenas, y que contiene símbolos prehispánicos, como el manto azul estrellado, que representa el cielo y la noche, el cinturón negro, que indica el embarazo, y la luna y el ángel bajo sus pies, que aluden a su poder sobre las fuerzas de la naturaleza.
  • La devoción de los indígenas: que la llamaban “nuestra madre”, “nuestra señora”, “nuestra reina”, “nuestra abogada”, tal como lo hacían con Tonantzin, y que le ofrecían flores, incienso, velas, música y danzas, como parte de su culto ancestral.

De esta manera, la Virgen de Guadalupe se convirtió en la heredera de la diosa Tonantzin, y en la expresión de la identidad y la resistencia de los indígenas frente al dominio español. La Virgen de Guadalupe también fue la patrona de la independencia de México, y actualmente es la patrona de toda América Latina. Su imagen es una de las más veneradas y reconocidas en el mundo, y su santuario en el cerro de Tepeyac recibe millones de visitantes cada año.


Conclusión


La diosa Tonantzin es una de las figuras más importantes de la cultura y la mitología mexica, que representa la maternidad, la fertilidad, la salud y la guerra. Su origen se relaciona con una historia de traición, venganza y sacrificio que involucra a los mexicas y a los colhuas. Su culto se remonta a tiempos prehispánicos, cuando existía un templo dedicado a ella en el cerro de Tepeyac. Sin embargo, su culto no desapareció con la conquista española, sino que se transformó y se fusionó con el de la Virgen de Guadalupe, la madre de Dios, que se apareció en el mismo lugar en 1531. La Virgen de Guadalupe se convirtió en el símbolo de la fe católica en México y en toda América, pero también en la heredera de la diosa Tonantzin, y en la expresión de la identidad y la resistencia de los indígenas frente al dominio español.


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