En un frío callejón de la ciudad, tres pequeños y huérfanos mininos se disponían a vivir una aventura que los llevaría más allá de sus más locos sueños. Sin familia y con el hambre amenazando, su único tesoro era la amistad que los unía. Pero lo que no sabían estos gatitos era que los resguardaba un talento que maravillaría al mundo: la música corría por sus venas. Y aunque la desgracia los había golpeado temprano, su destino estaba escrito entre melodías que sanarían miles de corazones. Esta es la extraordinaria historia de cómo tres gatitos con sólo una lata, una caja y una botella, lograron convertirse en leyendas de la canción gracias al poder transformador del arte.



Los Tres Gatitos Músicos


Era una fría noche de invierno y tres pequeños gatitos de apenas 3 meses de edad se encontraban solos y abandonados en un oscuro callejón. Sus estómagos comenzaban a rugir de hambre, pues no había nadie que les diera de comer.

Lo peor de todo era que habían perdido a su mamá. Recordaban aún con dolor cómo un día, un hombre malvado y cruel la había atrapado para llevársela y quemarla viva. Desde entonces estaban completamente solos.

El mayor de los gatitos, que tenía el pelaje negro azabache, dijo a sus hermanitos: “debemos encontrar la forma de conseguir nuestro próximo bocadillo o terminaremos muriendo de inanición. Si al menos supiéramos tocar un instrumento musical podríamos ganarnos la vida como artistas callejeros”.

“Pero hermano, ¿cómo haremos para aprender si solo somos unos niños?” preguntó el segundo gatito, de delicado pelaje blanco. En eso intervino la más pequeña, una belleza tierna de pelaje gris: “no debemos perder la esperanza, si nos esforzamos estoy segura de que lo lograremos”.

Y así, los tres decidieron emprender la aventura de convertirse en músicos. Durante días estuvieron buscando en la basura objetos que pudieran utilizar como instrumentos. Finalmente, el pequeño gris encontró una vieja lata que podía usarse como tambor, el blanco una caja de cartón que sonaba melodiosamente y el negro una botella vacía cuya boquilla sonaba de maravilla.

Luego de ponerse a ensayar durante semanas, habían logrado dominar sus nuevos instrumentos. Una cálida noche primaveral salieron a tocar sus melodías al parque de la ciudad, donde muchas personas paseaban. Quedaron fascinados con el talento de los tres pequeños músicos y comenzaron a aplaudir y a arrojarles monedas.

Así fue como los Tres Gatitos Músicos encontraron la forma de ganarse la vida honradamente con su arte. Cada tarde se presentaban en el parque, deleitando a la gente con canciones alegres que hablaban de amor, amistad y esperanza. Pronto se hicieron muy famosos en toda la ciudad.

Un día, el alcalde escuchó hablar tanto de ellos que quiso presenciar su show. Cuando los vio tocar, quedó maravillado con su destreza musical a pesar de su tierna edad. Les ofreció presentarse en el teatro municipal del pueblo cada fin de semana.

Los Tres Gatitos aceptaron emocionados su propuesta. Sus presentaciones en el teatro fueron todo un éxito, llenando la sala todos los fines de semana. Con el dinero que ganaban ya podían comer tres deliciosas comidas diarias y comprarse lindos trajecitos para sus shows.

Pero la aventura de los amigos músicos no terminó ahí. Un reconocido productor los escuchó en el teatro y decidió llevarlos de gira por todo el país. Realizaron grandes giras donde se presentaron en los mejores escenarios, con públicos multitudinarios.

Lanzaron varios discos que se convirtieron en éxitos de ventas. Finalmente tuvieron la dicha de tocar en la prestigiosa Sala Grande de la famosa ópera de Nueva York. Su historia conmovió a millones y demostró que con talento y perseverancia, hasta los más pequeños pueden alcanzar sus sueños.

Aunque hoy son unos exitosos artistas, los Tres Gatitos Músicos nunca olvidan sus humildes comienzos. Siguen tocando en parques y plazas para alegrar a la gente con su música. Su legendaria historia demuestra que aún en los momentos más difíciles, nunca se debe dejar de creer en uno mismo.


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