Desde tiempos inmemoriales, entre las páginas de un libro el ser humano ha encontrado un lugar privilegiado para embarcarse en extraordinarios viajes sin moverse de su asiento. Allí, las más grandes mentes de la historia le han susurrado verdades y hecho volar su imaginación a universos infinitos. No por nada millones han hallado en la lectura un portal capaz de transgredir las barreras del tiempo y el espacio, nutriendo su intelecto y su espíritu rebelde. Este sencillo pero poderoso acto encierra, como veremos, un potencial transformador que atañe a la evolución individual y colectiva. Exploraremos así las múltiples aristas de una práctica cuya esencia resuena en las elocuentes palabras de aquel que supo vislumbrar su dimensión revolucionaria.



Rompiendo cadenas espacio-temporales: las libertades y potencialidades de la lectura
Leer es entablar un diálogo privilegiado con aquellas mentes rebosantes de originalidad que han esculpido las imágenes inmortales de la literatura y los conceptos de la filosofía, las teorías y postulados de las ciencias humanas y del conocimiento en su forma más general. Leer es protestar contra la superficialidad, retar a la autoridad del poder ilegítimo, abrir alas de la poesía como resistencia a un mundo que es todo lo contrario a lo que debería ser, a lo que merecemos como seres que solo viven una vez. Leer es testimonio de la necesidad humana de trascender las limitaciones del espacio y del tiempo.
Nicolás Esteban Fajardo
El diálogo infinito entre lectores y autores
Las palabras de Nicolás Esteban Fajardo describen con maestría el diálogo peculiar que entabla la lectura. Suponen un llamado a valorar esta práctica no solo como mero entretenimiento, sino por sus nobles dimensiones culturales, políticas e incluso espirituales.
Lectura como encuentro con las mentes extraordinarias
El autor destaca en primer lugar que leer es establecer un “diálogo privilegiado” con los grandes talentos literarios y filosóficos que han dejado su huella. Gracias a sus obras, los lectores pueden conversar a través de los siglos con mentes prodigiosas capaces de moldear conceptos trascendentes e imágenes memorables.
Pero el diálogo no es estático: cada nuevo lector aporta su propia experiencia vital, sensibilidad y contexto histórico. De este modo, la lectura permite que grandes pensamientos y creaciones artísticas perduren reactualizándose sin cesar. Es un intercambio dinámico donde autores y lectores se enriquecen mutuamente.
En contra de lo superficial y lo autoritario
Fajardo sugiere luego que leer constituye una “protesta contra la superficialidad”. Implica un compromiso con la profundidad del pensamiento y la complejidad de las ideas, en rechazo a la simplificación y la banalización.
Del mismo modo, indica que leer es “retar a la autoridad del poder ilegítimo”. Los libros brindan herramientas conceptuales para cuestionar cualquier ejercicio arbitrario de la fuerza que coarte la libertad de pensamiento.
De este modo, la lectura se torna en una actividad inherentemente subversiva y libertaria, pues nutre la capacidad crítica del individuo y fomenta la desobediencia frente a todo tipo de dominación ilegítima.
La poesía como resistencia al mundo
El autor sostiene que leer también implica “abrir alas de la poesía como resistencia a un mundo que es todo lo contrario a lo que debería ser”. Es decir, a través de los Textos se accede a la belleza y al consuelo de lo estético, que permite soñar con realidades alternativas y denunciar aquello que está mal en la realidad efectiva.
De este modo, la Poesía se ve como una herramienta de resistencia espiritual al orden establecido, que mantienen viva la llama de la utopía y la rebelión ante las injusticias.
Trascender los límites de lo finito
Finalmente, Fajardo define la lectura como “testimonio de la necesidad humana de trascender las limitaciones del espacio y del tiempo”. Los libros posibilitan viajar libremente tanto en el tiempo como en el espacio: transportan al lector a otras eras y latitudes, permitiéndole conocer mundos lejanos desde la comodidad del presente.
Así, la lectura satisface un anhelo profundamente enraizado en el ser humano de escapar de las ataduras de lo finito y concreto.
La lectura como motor del progreso individual y colectivo
Si la lectura permite trascender las barreras temporales y espaciales, también contribuye enormemente al desarrollo de la persona y la sociedad. Al expandir los conocimientos y plasmar ideas, promueve el progreso intelectual y cultural.
La mente del lector se nutre del caudal de saberes e imaginarios que las obras literarias y filosóficas han ido acumulando. De esta forma, cada lectura enriquece el acervo conceptual personal y alimenta la curiosidad por seguir aprendiendo.
Este incremento del bagaje individual redunda en un enriquecimiento colectivo. A lo largo de la historia, las nuevas corrientes de pensamiento han surgido de las inquietudes sembradas en generaciones de lectores, que a su vez impulsaron transformaciones sociales.
La lectura, en este sentido, es motor de cambio e impulsora del progreso de una cultura. Además de plasmar ideas, alienta su difusión y debate, propiciando el avance progresivo del intelecto humano.
La inclusión y participación a través de la palabra escrita
Leer promueve también la inclusión social y la participación ciudadana. Al alcance de todos, independientemente de condición o género, la lectura permite informarse y formarse un criterio propio sobre los asuntos públicos.
De este modo, las obras literarias y ensayísticas habilitan el acceso democrático a ideas y posibilitan la formación de una opinión fundamentada. Esto facilita la implicación activa de cada persona en la construcción colectiva de una sociedad más justa e igualitaria.
La palabra escrita, al ser tan accesible, fomenta una ciudadanía participativa, comprometida e informada. Reduce las brechas en el acceso al conocimiento y habilita la expresión y representación de todas las voces en el debate público.
En conclusión,
Como bien supo vislumbrar Nicolás Esteban Fajardo, la lectura significa mucho más que un simple entretenimiento. Es una herramienta formidable de desarrollo personal y un vehículo para el diálogo, el cuestionamiento, el progreso colectivo y la construcción de una sociedad más inclusiva.
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