En la víspera de Navidad, cuando el viento frío acaricia los copos de nieve y las luces destellan en cada rincón del mundo, se despliega una leyenda mágica que va más allá de los cuentos tradicionales. En el legendario Polo Norte, donde los duendes tejen sueños en forma de regalos y los renos esperan ansiosos, Papá Noel se embarca en su trineo mágico para llevar la alegría navideña a todos los rincones del planeta. Sin embargo, esta vez, la magia se entrelaza con la aventura cuando el buen viejo barbudo se enfrenta a una malvada bruja en un remoto pueblo colombiano. Una historia que revela la valentía detrás de la risa “jo, jo, jo” y la magia que trasciende más allá de los regalos, convirtiéndose en una celebración de solidaridad y esperanza en la época más especial del año.



La leyenda mágica de Papá Noel
Era la víspera de Navidad en el legendario polo norte y todo estaba preparado para la gran celebración. Los duendes en las instalaciones de fabricación trabajaban sin parar para terminar de empaquetar y decorar todos los regalos que serían entregados esa noche mágica.
En su oficina, Papá Noel revisaba por última vez su lista para asegurarse de que ningún niño se había quedado sin regalo. Todo parecía en orden, así que el viejo barbudo se preparó para iniciar su recorrido anual dando a los renos las últimas instrucciones.
- Muy bien mis amigos, está todo listo. Rudolph, ilumina bien el camino con tu nariz roja. ¡Vamos, no debemos hacer esperar a los niños! – dijo alegremente mientras saltaba a su trineo tirado por los ocho renos.
Tan pronto como despegaron del polo norte, el trineo mágico se elevó sobre los techos de las casas y comenzó a surcar los cielos nocturnos. Primero hicieron una parada en Canadá, donde Papá Noel dejó diversos regalos para los niños buenos de aquel país. Luego continuaron hacia Estados Unidos, repartiendo juguetes, dulces y otras sorpresas navideñas a lo largo y ancho de todo el territorio.
Pronto el trineo voló rumbo a América del Sur. Allí, Papá Noel se sorprendió al llegar a una pequeña aldea en Colombia y no encontrar niños esperando sus regalos.
- Vamos amigos, seguramente aquí debe haber niños a los que obsequiar. Bajemos a averiguar qué sucede – les dijo a los renos con preocupación.
Al aterrizar en una plaza del pueblo, uno de los duendes que lo acompañaba se acercó a un señor que pasaba por allí.
- Disculpe buen hombre, pero es que no vemos niños por ninguna parte. ¿Sabe usted por qué? – preguntó el duende.
- Ay pequeño amigo, es que hace unos días llegó una malvada bruja a nuestro pueblo. Ella secuestró a todos los niños y los llevó a su castillo en las montañas, amenazando con no devolverlos a menos que le entreguemos todas nuestras propiedades – respondió el hombre con tono triste.
Al escuchar esta historia, el rostro alegre de Papá Noel se tornó serio. Sabía que no podía dejar a esos niños en manos de semejante bruja en esos días tan especiales. Debía hacer algo al respecto.
- No se preocupen más, yo me encargaré de rescatar a los niños. Ustedes confíen en que para mañana todo habrá vuelto a la normalidad – dijo decidido antes de subir de nuevo a su trineo junto a los duendes.
Siguiendo las indicaciones de los aldeanos, el trineo volador emprendió el vuelo rumbo a las montañas nevadas donde se encontraba el oscuro castillo de la bruja. Al llegar, pudieron ver a través de los barrotes de una enorme celda como los niños lloraban desconsolados.
Uno de los duendes tuvo una idea. Tomando su vara mágica, la agitó sobre la cerradura de la puerta y esta se abrió de inmediato. Los niños, sorprendidos, no podían creer lo que veían.
- ¡Papá Noel, has venido a salvarnos! – gritaron emocionados mientras lo abrazaban.
- Shhh, no hagan ruido. Vamos a sacarlos de aquí sin que la bruja se entere – les susurró con una sonrisa.
Poco a poco fueron sacando a todos los niños de la mazmorra y los subieron de forma sigilosa al trineo. Cuando creyeron que ya todos estaban a salvo, de pronto un grito se dejó escuchar en los pasillos del castillo.
- ¿Pero qué significa esto? ¿Cómo escaparon esos mocosos? – bramó furiosa la bruja al asomarse y ver el trineo listo para despegar.
Rápidamente Papá Noel ordenó a los renos poner rumbo lejos de allí. La bruja, encolerizada, tomó su escoba mágica y emprendió vuelo detrás de ellos para intentar recuperar a los niños.
Comenzó entonces una espectacular persecución por los cielos nocturnos. La bruja lanzaba ráfagas de fuego negro tratando de alcanzar el trineo, pero la habilidad de Rudolph y sus compañeros para maniobrar entre la niebla y las montañas los mantenía a salvo.
Viéndose en aprietos, Papá Noel ideó un plan. Al sobrevolar un lago congelado, hizo que los renos se elevaran bruscamente para poder así derribar a la bruja de su escoba. Su astucia dio resultado y la malvada cayó estrepitosamente sobre el hielo, quebrándose bajo su peso y sumergiéndola en las gélidas aguas.
La persecución había terminado. Entre vítores y aplausos, los niños celebraban haber sido rescatados de las garras de tan despreciable enemiga. Papá Noel les informó que a partir de ahora la bruja ya no podría hacerles daño jamás.
De regreso en el pueblo, los aldeanos recibieron con júbilo a sus pequeños. Entre lágrimas de emoción, agradecían profusamente a Papá Noel por su valentía y buen corazón.
- No hay nada que agradecer. Lo hice porque es mi deber velar por la felicidad y seguridad de todos los niños – respondió modestamente el barbudo.
Luego de una cálida cena con los aldeanos, Papá Noel reanudó su recorrido entregando los regalos que se habían salvado milagrosamente del ataque de la bruja. Al despuntar el alba, concluía así su travesía anual llevando alegría a cada rincón del mundo. Y desde entonces, aquel pequeño poblado colombiano quedó en los anales como el lugar donde Papá Noel tuvo su aventura más emocionante.
Fin.
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