En las vastas y enigmáticas arenas del desierto de Nasca, en el sur de Perú, se teje una historia tan intrigante como las líneas que adornan su superficie. Esta es la historia de María Reiche, una matemática y arqueóloga alemana cuya vida se entrelazó profundamente con los misteriosos geoglifos que han cautivado al mundo. Llegada a Perú en busca de aventuras y conocimiento, María se convirtió en la protectora incansable de estas antiguas maravillas, dedicando su existencia a estudiar, preservar y difundir su importancia. Su legado, impregnado en cada línea y figura que se extiende a lo largo del árido paisaje, narra no solo una historia de descubrimiento científico, sino también una de pasión y compromiso con el enigma cultural que son las Líneas de Nasca.


“La Loca de la escoba” – Historia real de las Líneas de Nasca
- ¿Y tú la conociste, abuelo?
- Sí, yo también la conocí cuando era chiquillo. Pero a diferencia de mis amigos, yo la saludaba, y cuando ellos la insultaban, yo me quedaba callado, porque a mí me parecía una buena persona…
- ¿Tus amigos la insultaban? ¿Qué le decían?
- Le gritaban “gringa loca” cuando la veían pasar, porque así se refería la gente a ella: “ahí pasa la loca de la escoba”. En realidad, no la tratamos nada bien, porque para todos era solo una loca que barría el desierto, ya que la veíamos desde temprano con su escoba y su wincha barriendo y midiendo las arenas, haciendo dibujos incomprensibles y cálculos matemáticos que nadie entendía.
- ¿No vivía en el pueblo?
- No, vivía alejada, entre las dunas. A nadie le interesaba lo que hacía, y pese a que nunca nos dijo nada, algunos chicos le teníamos miedo. Cuando la insultábamos, solo nos miraba en silencio como comprendiendo que solo éramos unos mocosos malcriados…
- ¿Y qué más pasó?
- Que a los pocos años, gracias a la “gringa loca”, el mundo empezó a conocer las líneas de Nasca; ni nosotros sabíamos lo que teníamos a pocos metros. Y entonces llegaron otras personas del extranjero a tomar fotos, y a hacer estudios. Y de pronto el mundo comenzó a interesarse por nuestra región, el gobierno se preocupó más por nosotros, y llegó la luz, el agua y los turistas, y se hizo un comercio alrededor gracias al que muchos de nosotros ahora vivimos mejor que antes… todo gracias a lo que empezó la “gringa loca”.
- ¿Ya murió, no?
El abuelo abrió una caja y empezó a buscar entre cartas, fotos antiguas y amarillentos recortes de periódicos.
- Sí. Cuando ya estaba mayor y enferma, tuvo que dejar el desierto para vivir en el Hotel de Turistas de Nasca, donde estuvo hasta que su salud empeoró. La llevaron a Lima, donde murió en 1998. Guardé un recorte cuando el gobierno le otorgó la nacionalidad peruana. Lee fuerte lo que ella dijo de nosotros, -dijo el abuelo entregándole a su nieto un recorte de periódico avejentado por el tiempo y señalándole un párrafo.
Carlos leyó en voz alta.
- “Yo quiero, con mi obra, ser un instrumento para eliminar las injusticias y para que los peruanos –que son gente de cualidades culturales, morales y físicas especiales– recuperen su propia estimación. Yo les digo: yo soy chola, porque me siento a veces más unida con los cholitos, y sobre todo ahora que tengo la nacionalidad peruana”.
- ¡Qué bonitas palabras!, -dijo Carlos sorprendido-, y si estuviera viva ahora, ¿le hablarías?
El abuelo no contestó. Pero las dos lágrimas que resbalaban por sus mejillas en agradecimiento a la “loca” que barría el desierto, eran sin duda una afirmación.
Descripción de la alemana María Victoria Reiche Neumann, descubridora e investigadora de las míticas Líneas de Nasca
Está historia es una bella narración que pone en relieve la vida y el legado de María Reiche, una figura clave en el estudio y la preservación de las Líneas de Nasca en Perú. Aunque la historia parece ser una mezcla de hechos y ficción, María Reiche sí fue una persona real y su contribución a la comprensión de las Líneas de Nasca es indiscutible.
María Reiche, nacida en Alemania en 1903, llegó a Perú en la década de 1930. Trabajó inicialmente como niñera y profesora, pero su vida cambió al conocer al arqueólogo estadounidense Paul Kosok, quien la introdujo en el estudio de las Líneas de Nasca. Desde entonces, Reiche dedicó su vida a estudiar, proteger y promover estos geoglifos.
Las Líneas de Nasca son un conjunto de figuras trazadas en el suelo del desierto de Nasca, en el sur de Perú. Estas líneas forman diversos diseños, incluyendo formas geométricas, animales y figuras humanas. Se cree que fueron creadas por la cultura Nasca entre 500 a.C. y 500 d.C. El propósito de estas líneas sigue siendo un tema de debate entre los investigadores, con teorías que van desde prácticas astronómicas hasta rituales religiosos.
Reiche desarrolló la teoría de que las líneas tenían propósitos astronómicos y calendáricos. Pasó décadas en el desierto, limpiando y conservando las líneas, y luchando contra la erosión y las amenazas de desarrollo. Su trabajo fue fundamental para que las Líneas de Nasca fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994.
María Reiche murió en Lima en 1998, pero su legado sigue vivo. Su casa en Nasca ha sido convertida en un museo donde se exhiben sus mapas, dibujos y notas sobre las líneas. También hay un mirador en su honor desde donde se pueden observar algunas de las figuras.
La historia de María Reiche y las Líneas de Nasca es un recordatorio de la importancia de la conservación del patrimonio cultural y de cómo una persona puede hacer una gran diferencia en la preservación de la historia y el conocimiento.
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