En una época donde la serenidad parece ser un arte perdido, el relato de Confucio sobre Tsze-Lu nos invita a un viaje retrospectivo hacia el dominio del autocontrol y la comprensión de la ira. A través de una conversación trascendental entre maestro y discípulo, se despliega una enseñanza atemporal sobre el poder destructivo de la ira y la fortaleza inherente en la paciencia y la gentileza. Este antiguo diálogo no solo arroja luz sobre las batallas internas que enfrentamos todos sino que también ofrece un faro de sabiduría para navegar las turbulentas aguas de nuestras emociones en el mundo moderno.


Imágenes DALL-E de OpenAI
“Confucio y la Transformación de la Ira: Una Guía hacia el Equilibrio Interior”
Confucio una vez escuchó a dos de sus alumnos discutiendo. Uno tenía una naturaleza gentil y todos los estudiantes lo llamaban un hombre pacífico. El otro era inteligente y de buen corazón, pero propenso a grandes arrebatos de ira. Si quería hacer algo, lo hacía, y nadie podía impedírselo; si alguien intentaba detenerlo, mostraba una ira súbita y terrible.
Un día, después de uno de estos ataques de temperamento, comenzó a sangrar por la boca y, lleno de miedo, acudió a Confucio. “¿Qué debo hacer con mi cuerpo?” preguntó, “Temo no vivir mucho tiempo. Quizás sea mejor que deje de estudiar y trabajar. Soy tu alumno y me quieres como a un hijo. Dime qué hacer por mi cuerpo.”
Confucio respondió, “Tsze-Lu, tienes una idea equivocada sobre tu cuerpo. No es el estudio, ni el trabajo en la escuela, sino tu gran ira la que causa el problema.
“Te ayudaré a verlo. Recuerdas cuando tú y Nou-Wui discutieron. Él estaba en paz y feliz de nuevo en poco tiempo, pero tú tardaste mucho en superar tu ira. No puedes esperar vivir mucho si actúas de esa manera. Cada vez que uno de los alumnos dice algo que no te gusta, te enfureces mucho. Hay mil en esta escuela. Si cada uno te ofende solo una vez, tendrás un ataque de ira mil veces este año. Y seguramente morirás, si no ejerces más autocontrol. Quiero hacerte unas preguntas:
“¿Cuántos dientes tienes?”
“Tengo treinta y dos, maestro.”
“¿Cuántas lenguas?”
“Solo una.”
“¿Cuántos dientes has perdido?”
“Perdí uno cuando tenía nueve años, y cuatro cuando tenía alrededor de veintiséis años.”
“¿Y tu lengua, sigue perfecta?”
“Oh, sí.”
“¿Conoces a Mun-Gun, que es bastante viejo?”
“Sí, lo conozco bien.”
“¿Cuántos dientes crees que tenía a tu edad?”
“No lo sé.”
“¿Cuántos tiene ahora?”
“Dos, creo. Pero su lengua está perfecta, aunque es muy viejo.”
“Ves que los dientes se pierden porque son fuertes y decididos a tener todo lo que desean. Son duros y lastiman la lengua muchas veces, pero la lengua nunca lastima a los dientes. Sin embargo, perdura hasta el final, mientras que los dientes son lo primero en decaer del hombre. La lengua es pacífica y gentil con los dientes. Nunca se enfada y lucha contra ellos, incluso cuando están equivocados. Siempre les ayuda a hacer su trabajo, preparando la comida del hombre, aunque los dientes nunca ayudan a la lengua, y siempre resisten todo.
“Y así es con el hombre. El más fuerte en resistir, es el primero en decaer; y tú, Tsze-Lu, serás igual si no aprendes la gran lección del autocontrol.”
Relato de Confucio sobre Tsze-Lu y la lección sobre la ira y el autocontrol
El relato de Confucio sobre Tsze-Lu y la lección sobre la ira y el autocontrol ofrece una rica veta de sabiduría y reflexión sobre la naturaleza humana, las emociones y la salud tanto física como mental. Este tema, centrado en el impacto de la ira en la vida y el bienestar de una persona, permite explorar diversos aspectos que incluyen la filosofía, la psicología y la fisiología, así como la ética y la práctica del autocontrol.
La Naturaleza de la Ira
La ira, como emoción, puede ser una respuesta natural a la percepción de una amenaza, injusticia o frustración. Sin embargo, cuando se vuelve desproporcionada o incontrolable, puede tener consecuencias negativas significativas, no solo para la persona que experimenta la ira sino también para aquellos que la rodean. En la historia, la ira de Tsze-Lu no solo lo afecta físicamente, provocando que sangre por la boca, sino que también perturba su paz interior y sus relaciones con otros.
Impacto Fisiológico de la Ira
La ira intensa y frecuente puede tener un impacto directo en la salud física de una persona. Puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, y otros problemas de salud. La manifestación física de la ira en Tsze-Lu es un recordatorio dramático de cómo las emociones intensas no controladas pueden tener consecuencias físicas reales y dañinas.
La Importancia del Autocontrol
La enseñanza central de Confucio en esta historia es la importancia del autocontrol. Comparando la lengua y los dientes, Confucio ilustra cómo la paciencia, la tolerancia y la gentileza pueden ser más duraderas y beneficiosas que la fuerza bruta o la ira. El autocontrol no implica suprimir las emociones sino gestionarlas de manera que no se conviertan en destructivas.
Lecciones de Vida
Esta historia no solo habla sobre la gestión de la ira sino también sobre la resiliencia, la compasión y la sabiduría. Enseña que el verdadero poder no reside en cuánto podemos imponernos sobre los demás, sino en cuánto podemos controlarnos y en nuestra capacidad para responder a las situaciones con calma y consideración.
Aplicaciones Prácticas
En el mundo moderno, donde el estrés y los conflictos son comunes, aprender a gestionar la ira es crucial. Esto puede involucrar prácticas como la meditación, la reflexión consciente, la terapia y el desarrollo de habilidades de comunicación efectiva. El objetivo es no eliminar la ira, sino entenderla y canalizarla de manera que se convierta en una fuerza para el cambio positivo en lugar de la destrucción.
Conclusión
La historia de Tsze-Lu y la lección de Confucio sobre la ira y el autocontrol es atemporal. Nos recuerda que las emociones intensas, si no se manejan adecuadamente, pueden tener consecuencias dañinas tanto para nosotros mismos como para los demás. El autocontrol, la gentileza y la paciencia no solo son virtudes en el sentido moral sino también prácticas saludables para vivir una vida plena y armoniosa. A través de la introspección y la práctica consciente, podemos aspirar a cultivar estas cualidades en nosotros mismos, mejorando así nuestra salud, nuestras relaciones y nuestro bienestar general.
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