En el corazón de la literatura latinoamericana, las obras que retratan la cruda realidad de la injusticia social y la explotación laboral se erigen como faros de conciencia, iluminando las sombras de desigualdad que persisten en sus sociedades. “Los Amos”, un cuento de Juan Bosch, sumerge al lector en el mundo agreste del campo dominicano, donde la vida del peón se entrelaza con la tierra que cultiva y la opresión que lo asfixia.
A través de la historia de Cristino, un trabajador dedicado cuya enfermedad lo convierte en un lastre para su patrón, Bosch despliega un lienzo vívido de la explotación y la falta de empatía en las relaciones de poder. Este cuento no es solo un relato de sufrimiento y abandono; es una crítica penetrante al sistema que perpetúa estas injusticias, invitando a la reflexión sobre la humanidad, la dignidad y el precio de la indiferencia.


Imágenes DALL-E de OpenAI
“Empatía y Explotación: Reflexiones sobre ‘Los Amos’ de Juan Bosch”
Juan Bosch: Los amos
Los amos
Juan Bosch
(Cuento completo)
Cuando ya Cristino no servía ni para ordeñar una vaca, don Pío lo llamó y le dijo que iba a hacerle un regalo.
—Le voy a dar medio peso para el camino. Usté está muy mal y no puede seguir trabajando. Si se mejora, vuelva.
Cristino extendió una mano amarilla, que le temblaba.
—Mucha’ gracia’, don. Quisiera coger el camino ya, pero tengo calentura.
—Puede quedarse aquí esta noche, si quiere, y hasta hacerse una tisana de cabrita. Eso es bueno.
Cristino se había quitado el sombrero, y el pelo abundante, largo y negro le caía sobre el pescuezo. La barba escasa parecía ensuciarle el rostro, de pómulos salientes.
—Ta’ bien, don Pío —dijo—; que Dió se lo pague.
Bajó lentamente los escalones, mientras se cubría de nuevo la cabeza con el viejo sombrero de fieltro negro. Al llegar al último escalón se detuvo un rato y se puso a mirar las vacas y los críos.
—Qué animao ‘ta el becerrito —comentó en voz baja.
Se trataba de uno que él había curado días antes. Había tenido gusanos en el ombligo y ahora correteaba y saltaba alegremente.
Don Pío salió a la galería y también se detuvo a ver las reses. Don Pío era bajo, rechoncho, de ojos pequeños y rápidos. Cristino tenía tres años trabajando con él. Le pagaba un peso semanal por el ordeño, que se hacía de madrugada, las atenciones de la casa y el cuido de los terneros. Le había salido trabajador y tranquilo aquel hombre, pero había enfermado y don Pío no quería mantener gente enferma en su casa.
Don Pío tendió la vista. A la distancia estaban los matorrales que cubrían el paso del arroyo, y sobre los matorrales, las nubes de mosquitos. Don Pío había mandado poner tela metálica en todas las puertas y ventanas de la casa, pero el rancho de los peones no tenía puertas ni ventanas; no tenía ni siquiera setos. Cristino se movió allá abajo, en el primer escalón, y don Pío quiso hacerle una última recomendación.
—Cuando llegue a su casa póngase en cura, Cristino.
—Ah, sí, cómo no, don. Mucha’ gracia’ —oyó responder.
El sol hervía en cada diminuta hoja de la sabana. Desde las lomas de Terrero hasta las de San Francisco, perdidas hacia el norte, todo fulgía bajo el sol. Al borde de los potreros, bien lejos, había dos vacas. Apenas se las distinguía, pero Cristino conocía una por una todas las reses.
—Vea, don —dijo—, aquella pinta que se aguaita allá debe haber parió anoche o por la mañana, porque no le veo barriga.
Don Pío caminó arriba.
—¿Usté cree, Cristino? Yo no la veo bien.
—Arrímese pa’ aquel lao y la verá.
Cristino tenía frío y la cabeza empezaba a dolerle, pero siguió con la vista al animal.
—Dése una caminadita y me la arrea, Cristino —oyó decir a don Pío.
—Yo fuera a buscarla, pero me ‘toy sintiendo mal.
—¿La calentura?
—Unjú. Me ‘ta subiendo.
—Eso no hace. Ya usté está acostumbrado, Cristino. Vaya y tráigamela.
Cristino se sujetaba el pecho con los dos brazos descarnados. Sentía que el frío iba dominándolo. Levantaba la frente. Todo aquel sol, el becerrito…
—¿Va a traérmela? —insistió la voz.
Con todo ese sol y las piernas temblándole, y los pies descalzos llenos de polvo.
—¿Va a buscármela, Cristino?
Tenía que responder, pero la lengua le pesaba. Se apretaba más los brazos sobre el pecho. Vestía una camisa de listado sucia y de tela tan delgada que no le abrigaba.
Resonaron pisadas arriba y Cristino pensó que don Pío iba a bajar. Eso asustó a Cristino.
—Ello sí, don —dijo—; voy a dir. Deje que se me pase el frío.
—Con el sol se le quita. Hágame el favor, Cristino. Mire que esa vaca se me va y puedo perder el becerro.
Cristino seguía temblando, pero comenzó a ponerse de pie.
—Sí; ya voy, don —dijo.
—Cogió ahora por la vuelta del arroyo —explicó desde la galería don Pío.
Paso a paso, con los brazos sobre el pecho, encorvado para no perder calor, el peón empezó a cruzar la sabana. Don Pío le veía de espaldas. Una mujer se deslizó por la galería y se puso junto a don Pío.
—¡Qué día tan bonito, Pío! —comentó con voz cantarina.
El hombre no contestó. Señaló hacia Cristino, que se alejaba con paso torpe como si fuera tropezando.
—No quería ir a buscarme la vaca pinta, que parió anoche. Y ahorita mismo le di medio peso para el camino.
Calló medio minuto y miró a la mujer, que parecía demandar una explicación.
—Malagradecidos que son, Herminia —dijo—. De nada vale tratarlos bien.
Ella asintió con la mirada.
—Te lo he dicho mil veces, Pío —comentó.
Y ambos se quedaron mirando a Cristino, que ya era apenas una mancha sobre el verde de la sabana.
FIN

Análisis
El cuento “Los Amos” de Juan Bosch, uno de los escritores más destacados de la literatura dominicana, ofrece una poderosa crítica a las dinámicas de poder y explotación en el contexto rural de la República Dominicana. A través de su narrativa, Bosch logra capturar no solo el paisaje físico del campo dominicano, sino también el paisaje social y las desigualdades que lo definen.
Ambientación y Contexto
La ambientación juega un papel crucial en “Los Amos”. Bosch describe meticulosamente el entorno rural, utilizando el amanecer en el campo como metáfora del despertar a la realidad opresiva de los trabajadores agrícolas. La descripción detallada no solo establece el escenario, sino que también sirve para contrastar la belleza natural del paisaje con la dura realidad de los personajes que lo habitan.
Personajes y Dinámicas de Poder
Los personajes principales, el peón y el amo, representan las disparidades sociales y económicas. El peón, con su ropa desgastada y su apariencia enfermiza, simboliza la vulnerabilidad y la opresión de la clase trabajadora. Su caminar lento y vacilante refleja no solo su estado físico, sino también su resignación y falta de esperanza ante una vida de explotación.
Por otro lado, el amo, aunque aparece solo como una silueta en el fondo, ejerce una presencia poderosa y amenazante. Su postura autoritaria y su distancia física del peón resaltan la desconexión emocional y social entre las clases y el control absoluto que tiene sobre la vida del trabajador.
Temas y Mensajes
El cuento aborda temas de injusticia social, explotación y la lucha de clases. Bosch utiliza estas dinámicas para criticar el sistema feudal que aún persistía en muchas áreas rurales de América Latina en ese momento, donde los terratenientes tenían un poder desproporcionado sobre la vida de los campesinos.
La atmósfera del cuento, marcada por la soledad, la resignación y la dura realidad de los trabajadores, refuerza el mensaje de Bosch sobre la necesidad de reconocer y abordar estas injusticias. A través de su obra, invita a la reflexión sobre la desigualdad y sus efectos devastadores en la dignidad humana.
Conclusión
“Los Amos” de Juan Bosch es una narrativa profundamente emotiva y crítica que pone de relieve las disparidades sociales en el campo dominicano. Bosch no solo narra una historia, sino que también denuncia las condiciones de vida de los más vulnerables, provocando en el lector una reflexión crítica sobre la justicia social y la equidad. Su obra sigue siendo relevante, ya que las cuestiones de desigualdad y explotación continúan presentes en muchas sociedades contemporáneas.
El CANDELABRO. ILUMINANDO MENTES
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