Imagínese la vida como un par de prismáticos de ópera, con el poder de acercar o alejar la vastedad del tiempo a nuestro antojo. En nuestra juventud, estos prismáticos nos permiten ver un futuro amplio y lleno de posibilidades, un horizonte que se extiende hasta donde alcanza la vista. Sin embargo, a medida que el crepúsculo de la vejez se acerca, los giramos sutilmente, y lo que antes veíamos lejano y abundante, ahora se nos presenta como un conjunto compacto de memorias y experiencias, un pasado que se contempla con nostalgia y sabiduría. A través de la lente filosófica de Arthur Schopenhauer, exploraremos cómo esta transición afecta nuestra percepción de la vida y del tiempo, y cómo cada etapa ofrece su propia perspectiva, rica en lecciones y revelaciones.


Imágenes DALL-E de OpenAI 


"Entre el Amanecer y el Crepúsculo: Comprendiendo Nuestra Existencia Temporal"


Desde el punto de vista de la juventud, la vida se presenta como un largo e interminable futuro; pero contemplada desde la vejez, no parece sino un pasado muy corto. Así, al principio, la vida se nos representa como cuando colocamos delante de nuestros ojos la lente del objetivo de unos prismáticos de ópera, y más tarde como cuando nos ponemos el ocular. Hay que haberse hecho viejo, es decir, haber vivido bastante tiempo, para darse cuenta de cuán corta es la vida. El tiempo mismo, en nuestra juventud, pasa de manera mucho más sosegada y, por tanto, el primer cuarto de nuestra vida no solo es el más feliz, sino también el que más lento transcurre, de modo que genera mucho más recuerdos, y cualquiera, si tuviese que hacerlo, sabría contar más cosas de ese período que de dos de los siguientes. E incluso, como pasa durante el año con la primavera, de igual manera en la flor de la vida los días terminan siendo de una duración enojosa. En otoño tanto del año como de la vida se vuelven cortos, si bien más amenos y estables. Cuando la vida se acaba, uno no sabe adónde se ha ido”.

Arthur Schopenhauer.
“El arte de sobrevivir”



Arthur Schopenhauer, en su reflexión sobre el paso del tiempo y la percepción de la vida desde la juventud hasta la vejez, nos ofrece una perspectiva filosófica profunda y enriquecedora. Su analogía con los prismáticos de ópera nos ayuda a entender cómo cambia nuestra percepción del tiempo a medida que avanzamos en edad. Esta visión nos permite adentrarnos en una exploración más detallada sobre cómo la juventud y la vejez encaran el transcurso de la vida y cómo esto influye en nuestro entendimiento y apreciación del tiempo.


La Juventud: Un Horizonte Amplio


En la juventud, la vida se despliega ante nosotros como un vasto y prometedor futuro, lleno de posibilidades y oportunidades. El tiempo parece moverse lentamente, cada día está lleno de nuevos descubrimientos y experiencias. La juventud se caracteriza por una sensación de inmortalidad y un hambre voraz por vivir y experimentar todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Schopenhauer compara esta percepción con mirar a través del objetivo de unos prismáticos de ópera, donde el campo de visión se amplía y los objetos lejanos parecen acercarse, representando así cómo el futuro se siente al alcance de la mano y lleno de posibilidades infinitas.


La Madurez y la Vejez: La Compresión del Tiempo


A medida que avanzamos hacia la madurez y entramos en la vejez, nuestra percepción del tiempo sufre una transformación drástica. Lo que una vez parecía un futuro interminable, ahora se contempla como un pasado breve. La vida, vista a través del ocular de los prismáticos, parece condensarse, con los eventos pasados apilándose unos sobre otros, creando una sensación de rapidez y brevedad. Esta etapa de la vida se caracteriza por una reflexión más profunda sobre nuestras experiencias y el legado que dejaremos. La vejez nos brinda la sabiduría para apreciar los momentos de calma y la belleza en las pequeñas cosas, valorando la estabilidad y la tranquilidad por encima de la efervescencia de la juventud.


El Papel de los Recuerdos y la Percepción del Tiempo


Schopenhauer señala que el primer cuarto de nuestra vida no solo es el más feliz, sino también el que transcurre más lentamente, permitiéndonos generar una cantidad significativa de recuerdos. Esto puede deberse a la novedad y el aprendizaje constante en la juventud, donde cada experiencia se graba con detalle en nuestra memoria. En contraste, a medida que envejecemos, la rutina y la familiaridad pueden hacer que los días y años se fusionen, pasando más rápidamente y dejando menos impresiones duraderas en nuestra memoria.


Reflexiones Finales


La contemplación de Schopenhauer sobre la vida y el tiempo nos invita a reflexionar sobre nuestra propia percepción del paso del tiempo y cómo vivimos nuestras vidas. Nos recuerda la importancia de vivir plenamente en cada etapa, de acumular experiencias y recuerdos que enriquezcan nuestro ser, y de apreciar la belleza de cada momento. A través de esta reflexión, podemos aprender a valorar tanto la promesa de la juventud como la sabiduría de la vejez, entendiendo que cada etapa de la vida tiene su propio valor y belleza.


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