En el universo literario de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha” ofrece momentos de profunda reflexión entrelazados con humor y crítica social. Uno de estos momentos se da en una discusión sobre la importancia del conocimiento académico versus la sabiduría práctica entre Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco, revelando contrastes y complementos entre ambos tipos de saber.

Sancho, con su típica humildad y sentido práctico, enfrenta la arrogancia del bachiller que desprecia su falta de educación formal. Esta interacción no solo subraya el valor de la experiencia sobre la erudición libresca, sino que también nos invita a reflexionar sobre qué tipo de conocimiento es verdaderamente útil en la cotidianidad.


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Imágenes DALL-E de OpenAI 

Educación Formal versus Conocimiento Práctico: Un Debate en la Obra de Cervantes”


«Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro»
En un rincón de la venta, don Quijote, el cura Pedro Pérez se encontraban tomando vinos junto con el bachiller Sansón Carrasco que discutía con Sancho Panza sobre su incapacidad para leer los libros en los que ya cabalgaba:

Es una vergüenza, Sancho, que siendo el escudero de tan ilustre caballero como Don Quijote, no sepas ni escribir tu nombre, —decía con desdén.
Sancho, sin perder la calma, respondió:

Señor bachiller, es verdad que no sé hacer letras, ni siquiera la o con un canuto, pero sé algo muy importante que muchos letrados olvidan…
Intrigado, el bachiller preguntó:

—¿Y qué es eso tan importante?

Sé cuándo debo labrar, cuando sembrar, cuando escardar, que racimo de uva coger, si un melón está dulce o es pepino, si va a llover o no y cómo ayudarle a mis cabras a parir, cuándo debo destetar a los cabritos… cambió por un tono sarcástico cambio —, dar consejos a los cabritos, cuando me pregunta todos los años la época en la que debe su caballo montar a la burra para que para mulas…

En cuanto a lo primero, son cosas de simples, cualquier labriego lo hace…En lo segundo, te pediría moderación en el lenguaje, ¿tú crees que yo puedo estar pendientes de esas nimiedades?

Pues buenos réditos saca de la venta de acémilas…

—¡Buf! Imagina que don Alonso, aquí presente, te hace gobernador de una ínsula…

Me defendería, con gente y sin gente, y además ¿Usted lo haría? Imagine que está en la ínsula y solo y tiene un saco de cebada y medio celemín de trigo, una mula y el arado, ¿qué haría?

Le diría a mis criados que lo hicieran…

No tendría criados. Estaría usted solo…

Le daría la cebada a la mula y molería el trigo…

Se quedaría sin trigo ni cebada- Debería aparte una parte de la cebada y del trigo para sembrarla, pero en esa ínsula no llueve, ¿qué haría), ¿regaría con agua de mar?

Vaya sandez, en las islas siempre llueve —continuó con tono altanero el bachiller.

Se equivoca, señor bachiller, se moriría de hambre si alguien no le diera de comer, con todo su saber. Si el campesino no siembra y cosecha ni el rey come. Muchos de muchas letras sin inútiles para lograr el sustento, como no sea con el sudor ajeno. Me afea que no sepa escribir y no conoce la lealtad y el buen juicio

dijo Sancho. —. No necesito saber escribir para ser fiel a mi señor o para discernir lo justo de lo injusto. Hay quienes escriben cartas y no tienen palabra, y hay quienes, como yo, sin saber de tinta, mantienen su palabra sin mancha.

Don Quijote y otros que estaban con ellos, sonrieron satisfechos Sancho, con su sencillez, había dado una lección de sabiduría que ningún libro podría enseñar.

—Sancho, — dijo con una sonrisa —tu ingenio supera a la erudición de muchos que se precian de sabios. La verdadera sabiduría no siempre está en los libros, sino en la honestidad y la experiencia de la vida. Has demostrado ser un escudero digno y prudente, y tu lección es un tesoro más valioso que el conocimiento de las letras. Y usted, señor bachiller, no olvide que de la cultura, la más importante es la agricultura y que ningún hombre es más que otro si no hace más que otro.



La sabiduría de Sancho Panza: una lección de humildad y pragmatismo


En el célebre episodio de Don Quijote de la Mancha donde Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco discuten sobre la importancia de la lectura y la escritura, se esconde una profunda lección sobre la sabiduría y el valor de la experiencia práctica.

Si bien es cierto que el conocimiento adquirido a través de los libros es invaluable, Sancho Panza nos recuerda que la verdadera sabiduría no se limita a las páginas impresas. Su humilde sabiduría, basada en la experiencia de la vida cotidiana en el campo, le permite discernir lo justo de lo injusto, ser fiel a su señor y ofrecer consejos valiosos.


La importancia de la experiencia práctica

Sancho Panza, a pesar de no saber leer ni escribir, posee un conocimiento profundo del mundo natural y de las labores agrícolas. Sabe cuándo es el momento de sembrar, cosechar, escardar o podar, y cómo cuidar a sus animales. Este conocimiento, adquirido a través de años de experiencia práctica, le permite ser un escudero eficiente y un buen consejero para su amo.

En contraste, el bachiller Sansón Carrasco, a pesar de su erudición académica, demuestra una gran falta de conocimiento práctico. No sabe cómo cuidar a un caballo o una mula, ni cómo sembrar y cosechar. Su arrogancia y falta de humildad le impiden reconocer el valor del conocimiento práctico de Sancho Panza.


La verdadera sabiduría: una combinación de conocimiento y experiencia

Don Quijote, en su intervención, reconoce la importancia de ambas formas de conocimiento: el académico y el práctico. Afirma que la verdadera sabiduría no se encuentra solo en los libros, sino también en la experiencia de la vida.

La sabiduría de Sancho Panza nos enseña que la educación formal no es el único camino para alcanzar el conocimiento. La experiencia práctica, la observación del mundo natural y la interacción con las personas pueden ser fuentes de aprendizaje tan valiosas como cualquier libro.


La humildad como base del aprendizaje

La lección de Sancho Panza también nos recuerda la importancia de la humildad. El bachiller Sansón Carrasco, a pesar de su erudición, se muestra arrogante y despreciativo hacia Sancho Panza por su falta de educación formal. Esta actitud le impide reconocer el valor del conocimiento práctico de Sancho Panza y aprender de él.

En cambio, Don Quijote demuestra una gran humildad al reconocer que la sabiduría no se limita a los libros. Está abierto a aprender de Sancho Panza, a pesar de su condición social y educativa. Esta actitud humilde le permite adquirir nuevos conocimientos y convertirse en un caballero más sabio y justo.


Conclusión

La sabiduría de Sancho Panza es una lección de humildad, pragmatismo y apertura al aprendizaje. Nos enseña que el conocimiento no se limita a los libros, sino que también se puede adquirir a través de la experiencia práctica y la interacción con el mundo que nos rodea. La verdadera sabiduría es una combinación de ambos tipos de conocimiento, y solo se puede alcanzar con una actitud humilde y abierta al aprendizaje.


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