Solía cuidar la casa de mi vecina, una anciana que frecuentemente salía de viaje. Aquella noche, al entrar, un frío inusual me recibió, y un temor inexplicable me hizo estremecer. La casa, normalmente tranquila, parecía susurrar secretos oscuros desde cada rincón.
Apenas había oscurecido cuando escuché un llanto proveniente del sótano. Decidí investigar, armado solo con una linterna. Cada paso resonaba en la casa vacía, y una voz escalofriante desde la oscuridad confirmó mis peores temores: no estaba solo.
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Imágenes DALL-E de OpenAI
Escapando de una Presencia Demoníaca: Mi Historia Real
Durante mi adolescencia, vivía al lado de una anciana en una casa de grandes dimensiones. Mi madre y ella eran muy amigas. La anciana solía salir frecuentemente al campo y confiaba mucho en mí, por lo que me dejaba a cargo de su casa. Sus hijos vivían lejos y ella se encontraba sola en la casa, así que cuando salía de viaje me entregaba la llave para que pudiera dormir allí y cuidar de todo hasta su regreso.
Un día, la anciana decidió emprender un viaje dejando la llave de su casa como de costumbre. Al acercarse la noche, me despedí de mi madre y me dirigí a cuidar la casa. Estaba acostumbrado a dormir allí, pero esta vez, al abrir la puerta, el ambiente se tornó opresivo. Sin motivo aparente, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Rápidamente me dirigí a la habitación de huéspedes y me acosté. La verdad, no comprendo por qué esta vez sentí temor al entrar a la casa.
Una vez que me acosté, de repente sentí que tocaron la puerta de la habitación. Me levanté rápidamente y la abrí, pero al hacerlo no encontré a nadie. El pasillo que llevaba a la sala estaba vacío. Además, era imposible que alguien estuviera en la casa, ya que la había asegurado correctamente, al menos eso creía en ese momento. Cerré la puerta de la habitación y regresé a la cama. No habían pasado ni cinco segundos cuando volvieron a tocar la puerta. Esta situación comenzaba a incomodarme.
Al regresar y abrir la puerta, una brisa fresca recorrió mi cuerpo. Mi piel se erizó y noté cómo mi respiración se aceleraba y mi corazón latía rápidamente. La verdad es que todo resultaba inquietante, ya que nunca antes había experimentado algo similar. Cuando me disponía a cerrar la puerta por tercera vez, en ese preciso instante escuché el llanto de un niño. Lentamente seguí la dirección de donde provenía el llanto, caminando por el pasillo. Sin embargo, cada vez que daba un paso, sentía a alguien respirando cerca de mi nuca.
Era un momento aterrador. Repentinamente, me di cuenta de que el llanto provenía de abajo, aparentemente del sótano. Descendí lentamente tratando de hacer el menor ruido posible. Al llegar abajo, reinaba la oscuridad total, pero misteriosamente el llanto se detuvo. Sostenía una linterna en mis manos y iluminé los alrededores del sótano, pero no encontré absolutamente nada. Al girar la cabeza para regresar a la habitación, escuché nuevamente el llanto, pero esta vez provenía de arriba.
Realmente, experimentaba un intenso pánico y estaba a punto de perder la cordura. Al subir de nuevo, de forma pausada, el llanto resonaba al final del pasillo, a la izquierda, donde se encontraba la habitación de huéspedes. Desafortunadamente, esa noche no había luz y solo disponía de una linterna. Avanzando paso a paso, me acerqué al final del pasillo, pero al llegar, algo extraño me atrapó rápidamente y me hizo caer al suelo.
Levante la cabeza y de repente, ilumine con la linterna. Lo único que pude ver fue una silueta dirigirse hacia el baño que estaba a mano derecha del pasillo. A pesar del miedo que sentía, decidí acercarme lentamente hacia el baño. Toqué la puerta tres veces y pregunté: ¿Hay alguien ahí?.
Inesperadamente, una voz escalofriante respondió: “Por supuesto”.
Mi cuerpo comenzó a temblar y el miedo se apoderó de mí. Con mis manos temblorosas, rápidamente abrí la puerta del baño, pero al hacerlo, me encontré con la nada absoluta. Esto solo hizo que mis miedos se intensificarán aún más. Todo era sumamente extraño y aterrador. Decidí ingresar a la habitación y encerrarme allí, pero al intentar abrir la puerta, me di cuenta de que estaba trabada. De repente, volví a escuchar la misma voz espeluznante que me dijo…
Estoy presente en la habitación.
En ese momento sentí que me iba a desmayar y salí corriendo a toda velocidad por el pasillo. Me dirigí hacia la puerta principal e intenté abrirla para salir de la casa, pero fue en vano. Ahora la puerta principal estaba bloqueada, al igual que la puerta de la habitación de huéspedes. La verdad es que estaba a punto de enloquecer. Parecía que la casa estaba poseída, lo cual resultaba extraño ya que nunca antes me había pasado algo así. Me senté en el suelo llorando de miedo.
Repentinamente, oí el llanto una vez más, pero no me atrevía a continuar investigando. Me encontraba sentado frente a la puerta principal, iluminando con mi linterna en todas las direcciones. Sin embargo, lamentablemente, la linterna comenzó a quedarse sin batería. En ese instante, el terror y la desesperación que experimentaba eran inefables. Por un momento, dejé de escuchar el llanto, pero ahora podía percibir cómo unos pasos se acercaban desde el pasillo.
Me llené de desesperación y comencé a clamar por ayuda a gritos, sin embargo, nadie parecía escuchar mis súplicas. Me apresuré hacia las ventanas en busca de una salida, pero todas estaban firmemente cerradas. Con prisa, me dirigí hacia el comedor, agarré una silla y comencé a golpear una de las ventanas. A medida que los pasos se acercaban cada vez más, no podía permitirme perder tiempo y golpeé con la mayor rapidez posible.
En un instante, los cristales de la ventana se hicieron añicos y al momento de intentar salir de la casa, la linterna se apagó, complicando aún más la aterradora situación. Asomé la cabeza por la ventana y los cristales me cortaban el cuello, en la oscuridad percibía mi sangre escurrir. Al estar a punto de salir, de repente los pasos se aproximaron hacia mí y en ese momento algo agarró mis pies y comenzó a jalarme, sentí sus manos horripilantes. Me arrastré rápidamente mientras no podía respirar del terror que me invadía.
En medio del forcejeo, afortunadamente logré liberarme de aquel aterrador espectro y finalmente escapé en medio de la oscuridad. Al alejarme, volví la cabeza y allí, en la ventana, se encontraba esa figura observándome fijamente. Su apariencia era demoníaca. Continué huyendo y, por suerte, la luz iluminó el pueblo. Me dirigí a mi hogar y mi madre abrió la puerta después de escuchar mi desesperado llamado. Me preguntó algo al respecto, pero las palabras no salían de mi boca. Al verme en ese estado, ella también entró en pánico.
Esa noche no logré conciliar el sueño a causa de aquel suceso tan aterrador que había vivido. Al día siguiente, mi madre se sentó a conversar conmigo y, más tranquilo, le relaté todo con lujo de detalles. Quedó sorprendida al escucharme. Posteriormente, recibimos una triste noticia: nos informaron que la anciana propietaria de la casa había fallecido esa misma noche. En la actualidad, su hija mayor reside en la casa, pero yo jamás he regresado. Me aterra solo con pasar cerca de esa casa, ya que lo que viví esa noche aún me provoca escalofríos.
Crédito del Autor: Emmanuel Emilio Montero
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