Juan Carlos Onetti, uno de los escritores más enigmáticos de la literatura latinoamericana, hizo de su cama un refugio creativo. Su filosofía de vida, encapsulada en un cartel sobre su cabecera, refleja una ironía mordaz y una crítica a la sociedad productivista. Para Onetti, la cama era más que un lugar de descanso; era el epicentro de su universo literario.

En su lecho, rodeado de libros y cigarrillos, Onetti encontró la quietud necesaria para explorar las profundidades de la condición humana. Su postura inusual y su indiferencia hacia el mundo exterior no fueron señales de pereza, sino de una introspección profunda que dio vida a personajes melancólicos y obras impregnadas de verdad y belleza. La cama de Onetti, más que un simple mueble, fue un santuario de creatividad.


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Imágenes DALL-E de OpenAI 

La Pereza Creativa: Onetti y el Arte de Vivir en la Cama


Juan Carlos Onetti, una de las figuras más enigmáticas de la literatura latinoamericana, es conocido tanto por sus obras como por su particular estilo de vida. La imagen del escritor uruguayo postrado en su cama, envuelto en un aura de pereza y genio, es una de las más perdurables en la memoria literaria.


Una Filosofía de Vida


El cartel que Onetti tenía en la cabecera de su cama en su apartamento de Madrid resumía su filosofía de vida con mordaz ironía:

“Se nace cansado y se vive para descansar. Ama a tu cama como a ti mismo. Descansa de día para dormir de noche.”

Esta declaración no es solo un ejemplo del humor negro que caracterizaba a Onetti, sino que también refleja una visión profunda sobre la existencia humana y la naturaleza del trabajo. En una sociedad que valora la productividad y la actividad constante, Onetti eligió la quietud y el reposo como su manera de enfrentar el mundo. Esta actitud desafiante se puede interpretar como una crítica a las normas sociales que imponen un ritmo de vida frenético, destacando la importancia de encontrar un espacio personal para la reflexión y la creación.


La Cama como Centro del Universo


Dorotea Muhr, conocida cariñosamente como Dolly, cuarta y última esposa de Onetti, comentó que Juan “dormía, comía, leía y hacía el amor todo en la cama, porque consideraba que era donde pasaba todo lo importante, pero en realidad era pereza”. Esta observación revela la dualidad en la vida de Onetti: una mezcla de comodidad y creación, de pereza y productividad. Para Onetti, la cama no era simplemente un lugar para descansar, sino el epicentro de su mundo, el espacio donde surgían sus ideas y donde se manifestaba su genio literario.

La cama de Onetti se transformó en un símbolo de su método creativo. Pasaba horas acostado, con un cigarrillo en una mano y un libro en la otra, sumido en sus pensamientos y en sus escritos. Esta postura constante, apoyado sobre su codo derecho para leer, le deformó el codo y le causaba dolor, una muestra física de su dedicación y de su compromiso con su peculiar estilo de vida.


La Relación con el Espacio


A Onetti no le interesaba que su habitación tuviera una ventana, lo cual es un reflejo de su indiferencia hacia el mundo exterior. Cuando fue instalado en una lujosa habitación en El Escorial con una hermosa vista, dio vuelta la cama para quedar mirando la pared. Hortensia Campanella, amiga y editora del escritor, cuenta que bromeando le colgó un espejo del ropero para que pudiera ver la ventana. Esta anécdota subraya la desconexión de Onetti con lo que lo rodeaba y su preferencia por un entorno que pudiera controlar completamente. Para él, la belleza del paisaje era irrelevante; lo que importaba era el mundo interno que construía desde su cama.


La Pereza como Motor Creativo


Aunque la vida en la cama de Onetti podría parecer un símbolo de pereza, es esencial reconocer el inmenso valor creativo que surgió de esta práctica. La cama se convirtió en su refugio, un lugar donde podía escapar de las distracciones del mundo y concentrarse en su trabajo. Esta actitud se refleja en su obra, donde frecuentemente exploraba temas de aislamiento, introspección y la naturaleza de la realidad.

La producción literaria de Onetti, que incluye novelas como “El astillero” y “La vida breve”, está impregnada de un sentido de melancolía y reflexión que posiblemente se derivan de sus largas horas de contemplación en la cama. Sus personajes, a menudo alienados y desencantados, reflejan la visión del mundo del propio Onetti, una visión que encontró su expresión más auténtica en la quietud de su lecho.


Conclusión


Dolly resumió de manera brillante la esencia de Onetti al decir: “Onetti estaba más vivo en la cama que mucha gente de pie y a pie”. Esta afirmación encapsula la paradoja de su vida: un hombre que, a través de la aparente pereza y reclusión, logró una comprensión profunda de la condición humana y creó obras que resuenan con verdad y belleza. La cama de Onetti no era simplemente un lugar de descanso, sino un santuario de creatividad, un espacio donde la mente podía vagar libremente y donde la magia de la literatura cobraba vida.

En última instancia, la vida de Onetti nos invita a reconsiderar nuestras propias ideas sobre la productividad y el éxito. Nos recuerda que, a veces, es en los momentos de quietud y en los lugares más inesperados donde encontramos nuestra verdadera voz y nuestro mayor potencial creativo.


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