En “Gallinas”, Rafael Barrett explora cómo la propiedad puede corromper el alma humana. Un hombre sencillo, que encuentra felicidad en su humilde catre y libros, ve su vida trastornada al adquirir nueve gallinas y un gallo. La paz que disfrutaba se convierte en desconfianza y hostilidad, revelando cómo la posesión puede distorsionar nuestras relaciones y percepción del mundo.
Barrett nos presenta una narrativa cargada de simbolismo, donde la necesidad de controlar y proteger la propiedad transforma al protagonista en un ser cruel y paranoico. La propiedad, lejos de aportar tranquilidad, envenena su alma y erige barreras entre él y sus vecinos. Así, “Gallinas” nos invita a reflexionar sobre los efectos destructivos del materialismo en la naturaleza humana.
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Imágenes Ideogram Al
“De la Tranquilidad a la Desconfianza: La Metamorfosis del Propietario en ‘Gallinas'”
“Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel.
Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo.
Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.
Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno.
El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.
¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí.
Antes era un hombre.
Ahora soy un propietario…”
Rafael Barrett
Escritor español.
“Gallinas”
La propiedad y la corrupción del alma
En su relato “Gallinas”, Rafael Barrett ofrece una profunda reflexión sobre la relación entre la propiedad y la corrupción del alma humana. A través de una narrativa sencilla pero cargada de simbolismo, Barrett nos muestra cómo la posesión de bienes materiales puede alterar nuestra percepción del mundo y transformar nuestras relaciones con los demás.
El narrador comienza describiendo un estado de felicidad simple y pura, en el que sus únicas pertenencias eran su catre y sus libros. Este estilo de vida minimalista le otorgaba una tranquilidad de espíritu que pronto se ve perturbada con la adquisición de nueve gallinas y un gallo. La propiedad de estos animales marca el inicio de una serie de cambios negativos en su vida, llevando al narrador a una espiral de desconfianza, hostilidad y odio.
La primera acción que realiza el narrador para asegurar la propiedad de sus gallinas es atarlas a un árbol durante dos días. Este acto, aunque aparentemente inocente, es el primer indicio de la crueldad que la propiedad ha comenzado a sembrar en su alma. En su intento por imponer su voluntad sobre las aves, el narrador destruye su memoria y su amor por su antiguo hogar. Aquí, Barrett destaca cómo la propiedad no solo afecta al propietario, sino también a los seres que caen bajo su dominio.
A medida que el narrador fortifica su patio para evitar la evasión de sus aves y la invasión de predadores, traza una línea física y simbólica entre él y sus vecinos. La creación de esta frontera representa la separación del narrador del resto de la humanidad, dividiendo el mundo en dos categorías: él mismo, como dueño de sus gallinas, y los demás, que son vistos como potenciales ladrones. Este nuevo modo de ver el mundo llena su entorno de sospechas y desconfianza, desatando una mirada hostil hacia sus semejantes.
El conflicto con su vecino se intensifica cuando el gallo del vecino comienza a cortejar a sus gallinas, y las aves del narrador comienzan a poner huevos en el patio ajeno. La reclamación de estos huevos por parte del narrador desata un odio mutuo y transforma una relación vecinal en una guerra fría. El narrador percibe a los pollos del vecino como criminales y, cegado por la rabia, mata a uno de ellos. Este acto de violencia desencadena una serie de eventos que aumentan la hostilidad y la vigilancia mutua, llevando a ambos vecinos a reforzar sus cercas y considerar medidas más extremas, como la adquisición de un revólver.
Barrett utiliza este conflicto para ilustrar cómo la propiedad puede corromper el alma, envenenando la tranquilidad y llenando el corazón de desconfianza y odio. La transformación del narrador de un hombre tranquilo a un propietario hostil y paranoico es una metáfora poderosa de los efectos destructivos de la propiedad sobre la naturaleza humana.
El relato concluye con una reflexión melancólica del narrador, quien lamenta la pérdida de su antigua tranquilidad y reconoce que el espíritu del mal se ha apoderado de él. La propiedad lo ha convertido en un ser cruel y desconfiado, alejándolo de su humanidad y transformándolo en un propietario.
A través de “Gallinas”, Rafael Barrett nos invita a reflexionar sobre los peligros de la obsesión por la propiedad y cómo esta puede distorsionar nuestra percepción del mundo y nuestras relaciones con los demás. La narrativa nos recuerda la importancia de mantener la simplicidad y la humanidad en nuestras vidas, evitando que la posesión de bienes materiales corrompa nuestra alma y nos aleje de nuestra esencia como seres humanos.
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