La moralidad ha sido, desde tiempos inmemoriales, el cimiento sobre el cual se erigen sociedades y culturas. Sin embargo, Friedrich Nietzsche, en su obra “Aurora”, nos presenta una perspectiva radicalmente distinta: la moral no es más que la obediencia ciega a las costumbres. Este filósofo desafía nuestra comprensión convencional al afirmar que la verdadera libertad radica en la independencia de estas normas tradicionales. ¿Qué ocurre cuando una sociedad deja de seguir ciegamente sus tradiciones? En este análisis, exploraremos cómo la originalidad y la independencia intelectual son vistas como amenazas en el marco de la moral de las costumbres.
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“La Moralidad según Nietzsche: Tradición y Libertad”
La moral no es otra cosa que la obediencia a las costumbres, cualesquiera que sean, y éstas no son más que la forma tradicional de comportarse y valorar. Donde no se respetan las costumbres, no existe la moral; y cuanto menos determinan estas la existencia, menos es el círculo de la moral. El hombre libre es inmoral porque quiere depender en todo de sí mismo y NO de un uso preestablecido. En todos los estados primitivos de la humanidad, lo “malo” se identifica con lo “intelectual”, lo “libre”, lo “arbitrario”, lo “desacostumbrado”, lo “imprevisto”, lo que “no se puede calcular previamente”. En estos estados primitivos,de acuerdo con la misma valoración, si se realiza un acto, no porque lo ordene la tradición, sino por otras razones, incluso las que en un principio determinaron la aparición de la costumbre, dicho acto es calificado de inmoral, incluso por el individuo que lo realiza, debido a que NO ha estado inspirado en la obediencia de la tradición.
¿Qué es la tradición? Una autoridad superior a la que se obedece, no porque lo que ordene sea útil, sino por el hecho mismo que lo manda. El sentimiento de respeto a la tradición es el temor a una inteligencia superior que ordena, el temor a un poder incomprensible e indefinido que trasciende lo personal. Pero lo cierto es que causa pavor todo acto y toda forma de pensar individuales, pues generalmente se le considera a esos individuos como malvados y peligrosos. Es por eso que bajo el imperio de la moral de las costumbres, toda clase de originalidad plantea problemas de conciencia.
Aurora, Friedrich Nietzsche.
La reflexión de Nietzsche sobre la moralidad y la tradición es un tema profundo y complejo que cuestiona las bases de nuestras conductas y valores. Según el filósofo alemán, la moralidad no es más que la obediencia a las costumbres establecidas, y estas costumbres son simplemente formas tradicionales de comportamiento y valoración que se han perpetuado a lo largo del tiempo.
En este sentido, Nietzsche argumenta que donde no se respetan las costumbres, no existe la moralidad. Esto implica que la moralidad está intrínsecamente ligada a la tradición y a las normas establecidas por la sociedad. Cuanto más se ajusta una sociedad a sus costumbres, más restringido es el ámbito de la moralidad. En contraste, el hombre libre, quien desea depender únicamente de sí mismo y no de una norma preestablecida, es considerado inmoral. Esta inmoralidad no surge de una falta de ética o de maldad intrínseca, sino de la independencia intelectual y la capacidad de actuar fuera de las normas tradicionales.
En los estados primitivos de la humanidad, lo “malo” se asocia con lo “intelectual”, lo “libre” y lo “desacostumbrado”. Esto refleja una valoración en la que cualquier acción que no se alinee con la tradición es vista con sospecha y desdén. Para Nietzsche, realizar un acto por razones diferentes a las dictadas por la tradición, incluso si esas razones fueron las que originalmente establecieron la costumbre, se considera inmoral. Esto es porque tal acto no está inspirado en la obediencia a la tradición, sino en una motivación individual que desafía las normas establecidas.
La tradición, según Nietzsche, es una autoridad superior que se obedece no por la utilidad de sus mandatos, sino simplemente por el hecho de que ordena. El respeto a la tradición es, en realidad, el temor a una inteligencia superior que dicta normas, un poder incomprensible e indefinido que trasciende lo personal. Este temor refleja una inseguridad fundamental frente a la individualidad y la originalidad, ya que cualquier forma de pensamiento o acción que se desvíe de la norma es percibida como peligrosa y malvada.
Este miedo a lo individual y a lo original crea una moralidad que sofoca la creatividad y la independencia. Bajo el dominio de la moral de las costumbres, toda clase de originalidad plantea problemas de conciencia, ya que desafía la estructura establecida y amenaza con desestabilizar el orden social. La obediencia a la tradición se convierte en un mecanismo de control social que limita la libertad individual y refuerza las normas establecidas, perpetuando una moralidad que no se basa en la racionalidad o la justicia, sino en la mera repetición de lo que siempre se ha hecho.
Nietzsche, por tanto, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de nuestra moralidad y a cuestionar las bases sobre las cuales se construye. ¿Estamos actuando moralmente porque creemos en los principios que seguimos, o simplemente porque estamos obedeciendo a una tradición que nos ha sido impuesta? ¿Es posible ser verdaderamente libre y moral al mismo tiempo, o la moralidad tradicional es incompatible con la libertad individual?
Estas preguntas nos desafían a reconsiderar nuestras creencias y a buscar una forma de moralidad que no esté basada en la mera obediencia a la costumbre, sino en una comprensión profunda de lo que significa ser verdaderamente humano y libre.
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