Juan Garrido, un nombre poco conocido pero de gran importancia en la historia de la conquista de América. Nacido en Guinea alrededor de 1480, Garrido fue capturado y vendido como esclavo, pero su destino lo llevaría a convertirse en una figura única en la expansión colonial española. Desde su llegada a La Española en 1503 hasta su papel crucial en la conquista de Tenochtitlán, la vida de Garrido es un testimonio de resiliencia y adaptación, desafiando las narrativas simplistas sobre la identidad racial en la época colonial.


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Imágenes DALL-E de OpenAI 

Juan Garrido: El Africano que Cambió el Curso de la Historia en el Nuevo Mundo


La historia de Juan Garrido, el conquistador negro cuya vida atravesó tres continentes y dejó una huella indeleble en la conquista de América, es un testimonio fascinante de las complejidades y contradicciones de la expansión colonial española. Nacido alrededor de 1480 en algún lugar de Guinea, Garrido experimentó en carne propia las brutales realidades del comercio transatlántico de esclavos antes de emerger como una figura única en la narrativa de la conquista del Nuevo Mundo.

La trayectoria vital de Garrido es notable no solo por sus logros, sino también por cómo desafía las narrativas simplistas sobre la identidad racial y el papel de los africanos en la colonización de América. Vendido como esclavo y llevado a Lisboa a la temprana edad de 15 años, Garrido logró obtener su libertad tras la muerte de sus propietarios. Este giro del destino le permitió no solo convertirse al catolicismo, sino también embarcarse en una serie de aventuras que lo llevarían a ser reconocido como el primer africano libre documentado en pisar suelo americano.

La llegada de Garrido a La Española en 1503 marca el inicio de su participación activa en la expansión española en el Caribe. Durante los seis años que pasó en la isla, Garrido no solo se adaptó a su nuevo entorno, sino que también se forjó una reputación que le permitiría participar en expediciones cruciales para la Corona de Castilla. Su presencia en viajes a Cuba, Puerto Rico y La Florida bajo el mando de Juan Ponce de León subraya la confianza que había ganado entre los conquistadores españoles y su creciente importancia en la empresa colonial.

Sin embargo, es su papel en la conquista de Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, lo que catapulta a Garrido a un lugar destacado en la historia de la conquista. Como parte de la expedición de Hernán Cortés en 1519, Garrido se encontró en el centro de uno de los encuentros más dramáticos y consecuentes entre culturas en la historia mundial. La confusión de los aztecas, que lo identificaron con su dios oscuro Tezcatlipoca, añade una capa adicional de complejidad a su presencia en este momento histórico. Esta identificación divina, basada en su apariencia física, resalta las complejas dinámicas raciales y culturales en juego durante la conquista.

La decisión de Garrido de construir una capilla de adobe para honrar a los caídos españoles tras la Noche Triste revela una sensibilidad y una conciencia histórica que trasciende su papel como conquistador. Este acto no solo conmemora un momento crucial en la conquista de México, sino que también establece un precedente para la fusión de culturas que caracterizaría el período colonial. La posterior construcción de la ermita de los mártires, que evolucionaría hasta convertirse en el actual templo de San Hipólito y Casiano en la Ciudad de México, es un testimonio duradero de la influencia de Garrido en la formación del paisaje cultural y religioso de la Nueva España.

Quizás uno de los logros más significativos y duraderos de Garrido fue la introducción del cultivo de trigo en el Nuevo Mundo. Esta contribución, realizada en las tierras que le fueron otorgadas en Coyoacán como recompensa por sus servicios, tuvo un impacto profundo y de largo alcance en la agricultura y la dieta de las Américas. La importancia de este acto no puede subestimarse, ya que alteró fundamentalmente los patrones agrícolas y alimentarios del continente, contribuyendo a la transformación ecológica y cultural que acompañó a la colonización española.

La vida de Garrido después de la caída de Tenochtitlán refleja las vicisitudes de la política colonial y las luchas personales de muchos conquistadores. Su lealtad a Cortés le costó su posición durante los problemas políticos en el virreinato de Nueva España en 1528, ilustrando cómo las alianzas personales podían determinar el destino de individuos en el turbulento mundo colonial. Sin embargo, su espíritu inquieto lo llevó a participar en nuevas expediciones, como la búsqueda de oro en Zacatula y la exploración de Baja California con Cortés en 1530.

El fracaso de esta última expedición y las deudas resultantes subrayan los riesgos y las dificultades que enfrentaban los conquistadores, incluso aquellos con una trayectoria tan distinguida como la de Garrido. Su carta al emperador Carlos I en 1538, solicitando reconocimiento por sus servicios y contribuciones, es un documento revelador que no solo proporciona detalles valiosos sobre su vida, sino que también ilumina las complejidades del sistema de recompensas y reconocimientos en el imperio español.

La asignación de una pensión a Garrido por parte de la Corona española hasta su muerte alrededor de 1550 representa un reconocimiento tardío pero significativo de sus contribuciones. Sin embargo, el hecho de que su figura haya sido largamente olvidada en la historiografía tradicional plantea preguntas importantes sobre cómo se ha construido y narrado la historia de la conquista española de América.

La omisión de Garrido de muchas narrativas históricas puede atribuirse a varios factores. Por un lado, la tendencia a centrarse en figuras “heroicas” más convencionales como Cortés ha relegado a un segundo plano a personajes como Garrido, cuya historia desafía las categorizaciones simples. Por otro lado, la complejidad racial y cultural que representa Garrido – un africano libre que se convirtió en conquistador y colonizador – puede haber resultado incómoda o difícil de encajar en las narrativas nacionalistas y coloniales tradicionales.

La recuperación y revalorización de la figura de Juan Garrido en la historiografía contemporánea es crucial no solo para ofrecer una imagen más completa y matizada de la conquista española de América, sino también para comprender mejor las complejas dinámicas raciales, culturales y sociales que caracterizaron este período histórico. Su vida ejemplifica las posibilidades de movilidad social y agencia individual dentro del sistema colonial, al tiempo que ilumina las contradicciones y complejidades inherentes a ese mismo sistema.

En conclusión, la historia de Juan Garrido nos obliga a reconsiderar nuestras concepciones sobre la identidad racial, el papel de los africanos en la conquista y colonización de América, y la naturaleza misma de la empresa colonial española. Su trayectoria, que abarca desde la esclavitud hasta convertirse en un conquistador respetado y un innovador agrícola, encarna las paradojas y complejidades del encuentro entre mundos que definió la era de la conquista. Al recuperar y estudiar figuras como Garrido, no solo enriquecemos nuestra comprensión del pasado, sino que también nos dotamos de herramientas para abordar las complejas realidades raciales y culturales del presente.

La vida de Juan Garrido nos recuerda que la historia de la conquista de América es mucho más rica, diversa y compleja de lo que a menudo se ha reconocido, y que aún queda mucho por descubrir y analizar en este fascinante capítulo de la historia mundial.


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