Pocas obras de arte han logrado capturar la esencia del dolor y la compasión como las distintas versiones de La Pietà de Miguel Ángel. Este maestro del Renacimiento, conocido por su habilidad sin igual para dar vida al mármol, dejó una huella imborrable a través de sus interpretaciones de la Virgen María sosteniendo el cuerpo sin vida de Cristo. Cada una de sus tres versiones de La Pietà no solo refleja su evolución artística y personal, sino también las profundas crisis y reflexiones que marcaron su vida. Desde la juventud hasta la vejez, cada escultura cuenta una historia de lucha, perfección y resignación ante la mortalidad.
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Imágenes Wikipedia (DL)
Miguel Ángel y Sus Versiones de La Piedad
Michelangelo Buonarroti (Caprese, 1475 – Roma, 1564) es uno de los escultores y pintores más célebres del Renacimiento italiano. Además de destacar en la escultura y la pintura, también incursionó en la arquitectura y la poesía.
Entre sus obras más famosas se encuentra el conjunto de frescos en el techo de la Capilla Sixtina en el Vaticano. Sin embargo, es en la escultura donde quizás se encuentra su obra más conocida y admirada: La Pietà. A lo largo de su carrera, Miguel Ángel esculpió tres grupos escultóricos sobre este tema, aunque dos de ellos son menos conocidos. A continuación, se comentan estas tres versiones.
La Pietà del Vaticano
Encargada por el cardenal de Saint Denis, Jean Bilhères de Lagraulas, embajador de Francia de la orden de los Benedictinos, esta obra se firmó en 1498 y debía estar terminada antes de un año. Miguel Ángel, con apenas 24 años, concluyó la obra unos días antes del plazo, poco antes de la muerte del cardenal. Esta versión de La Pietà se destaca por la juventud del rostro de la Virgen y la expresión de desconsuelo en su semblante. La agudeza anatómica y los pliegues de la vestimenta son considerados ejemplos de perfección.
Inicialmente colocada en la capilla de Santa Petronila en el Vaticano, la escultura fue trasladada a mediados del siglo XVIII a la Basílica de San Pedro, donde es expuesta al público. En 1972, un hombre perturbado la atacó con un martillo, dañándola gravemente. Tras su restauración, hoy se exhibe protegida por un cristal antibalas.
La Pietà Florentina
También conocida como La Pietà Bandini, esta escultura fue vendida por Miguel Ángel a Francesco Bandini. Originalmente, el artista la había concebido para su propia tumba, pero cambió de idea. Esta obra, de más de dos metros de altura, permaneció en la villa romana de Francesco hasta que el Gran Duque de Toscana, Cosme III de la familia Medici, la trasladó a la iglesia de San Lorenzo en Florencia. En 1722, fue movida a Santa Maria del Fiore y finalmente al Museo dell’Opera del Duomo en Florencia, donde se encuentra hoy en día.
Completada alrededor de 1553, esta escultura muestra a Jesucristo descendido de la cruz, sostenido por Nicodemo, abrazado por la Virgen María y acompañado por María Magdalena. A diferencia de la serenidad de La Pietà del Vaticano, La Pietà Bandini está impregnada de una profunda tragedia.
En 1547, Miguel Ángel, a los 72 años, atravesaba un momento difícil, sintiendo que su final estaba cercano. Frustrado con la calidad de la piedra y su propio trabajo, intentó destruir la obra a mazazos, pero fue detenido por su criado. La escultura fue finalmente concluida por su discípulo, Tiberio Calcagni.
La Pietà Rondanini
Esta última versión recibe su nombre del marqués de Rondanini, quien la adquirió de Antonio Francese, criado de Miguel Ángel que la había recibido como regalo. A mediados de los años 1950, la ciudad de Milán la compró y la ubicó en el museo cívico del Castillo Sforzesco.
Miguel Ángel, ya con 87 años, trabajó en esta obra hasta que sus fuerzas se agotaron, siendo considerada su última escultura. Aunque inacabada, refleja la lucha del artista por seguir creando hasta el final de su vida.
Conclusión
Las diferentes versiones de La Pietà de Miguel Ángel muestran la evolución de su arte y su pensamiento a lo largo de su vida. Desde la juventud y perfección anatómica de La Pietà del Vaticano, pasando por la tragedia y el conflicto interno reflejados en La Pietà Florentina, hasta la inacabada pero conmovedora La Pietà Rondanini, cada obra ofrece una mirada única al genio del Renacimiento italiano y su profunda humanidad.
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