El mate, más que una bebida, es un símbolo cultural profundamente arraigado en Sudamérica. Su historia es fascinante y compleja, marcada por altibajos que reflejan las dinámicas sociales y políticas de la región. Desde su descubrimiento por los españoles durante la búsqueda de El Dorado, pasando por su adopción y posterior estigmatización por parte de la Iglesia, hasta su consolidación como tradición esencial, el mate ha resistido prohibiciones y críticas. La infusión de yerba mate no solo ha sido un testimonio de la interculturalidad y la resistencia de los pueblos originarios, sino también un reflejo de la identidad sudamericana en su lucha y persistencia a lo largo de los siglos.
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Imágenes DALL-E de OpenAI
Cuatro Siglos de Historia del Mate: Una Bebida con Altibajos
La historia del mate, esa infusión tan arraigada en la cultura de Sudamérica, se remonta a varios siglos atrás y ha atravesado momentos de auge y rechazo a lo largo de su agitado trayecto. Desde su origen entre los pueblos indígenas de la región, hasta su posterior adopción y difusión por parte de los colonizadores españoles, el mate ha sido testigo de una compleja evolución marcada por debates, prohibiciones y una inquebrantable persistencia.
Los primeros encuentros de los españoles con el mate se dieron durante las exploraciones del río Paraná en busca del mítico “El Dorado”. Si bien no encontraron el anhelado oro, sí dieron con una riqueza distinta: la “fiebre verde” de la yerba mate, que despertaría debates y problemas tan intensos como la propia fiebre del oro.
Este descubrimiento tuvo lugar tras la destrucción de la primera Buenos Aires, cuando una parte de la expedición se adentró en el interior y fundó Asunción, bajo el mando de Domingo Martínez de Irala. Fue este vasco quien, a través de la integración con los pueblos guaraníes y la práctica de la poligamia, dio a luz a los llamados “mancebos de la tierra”, los primeros americanos de sangre hispana. Y fue precisamente a esta nueva generación y a su líder, Irala, a quienes se les atribuye la difusión del mate en las colonias.
Lo que llamaba poderosamente la atención de los recién llegados era la salud, el vigor físico y la alegría natural de los “naturales” guaraníes, quienes atribuían estas cualidades al consumo de una infusión preparada a partir de las hojas de una planta llamada Caá. Los españoles, al probar esta bebida, pronto sintieron sus efectos positivos y la adoptaron como parte de su vida cotidiana. Tan pronunciado fue el uso y abuso del “matear” que, hacia el año 1600, se calculaba un consumo de 345 kilos por persona al año, casi un kilo diario por habitante.
Este auge en el consumo, sumado a la práctica de la poligamia, despertó la preocupación de la Iglesia, que consideraba a la yerba mate como un “elemento del demonio” y a Asunción como una especie de Sodoma. Así, se desató una guerra de estigmatización en contra del mate, argumentando que su consumo tenía efectos afrodisíacos y despertaba los más bajos instintos, alejando a los fieles de los preceptos religiosos.
Lejos de lograr una disminución en el consumo, estas medidas tuvieron el efecto contrario. El uso descontrolado del mate obligó a los indígenas a abrir picadas en la selva a machetazos para traer las hojas del anhelado árbol del Caá, lo que produjo la enfermedad y muerte de muchos de ellos.
Uno de los más acérrimos enemigos del mate fue el gobernador Hernando Arias de Saavedra, también conocido como Hernandarias, quien había quedado impresionado por el abuso y la esclavización de los indígenas por parte de los encomenderos en su afán de obtener la “hierba verde”. Horrorizado por la imagen de los indios enfermos y moribundos obligados a trabajar más allá de sus fuerzas, Hernandarias emprendió una verdadera lucha contra la yerba mate.
En un viaje de regreso a Buenos Aires, Hernandarias descubrió unos sacos con hojas de yerba mate en el barco y, nada más llegar a la ciudad, ordenó su quema pública en la plaza mayor. Sin embargo, pese a esta tenaz persecución, Hernandarias no logró cambiar los hábitos de la población, que continuó haciendo uso y abuso del preciado mate.
A lo largo de cuatro siglos, el mate ha atravesado épocas en las que fue considerado un vicio abominable y otras en las que se le atribuyeron virtudes mágicas. Incluso hoy en día, hay quienes culpan a esta costumbre de ser la causante de la escasa productividad, la haraganería y el subdesarrollo de los pueblos de la región. No obstante, el mate ha logrado imponerse como una tradición arraigada en la identidad cultural de Sudamérica, resistiendo a los intentos de prohibición y estigmatización a lo largo de su agitada y azarosa historia.
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