En una cantina mexicana, en medio de risas y copas levantadas, un grupo de bohemios se entrega a la magia del brindis y la poesía. Así comienza “El Brindis del Bohemio”, el poema de Guillermo Aguirre y Fierro que, desde 1915, ha capturado el espíritu festivo y melancólico de cada Año Nuevo en México. Entre versos cargados de pasión y nostalgia, esta obra se convierte en un ritual de reflexión y homenaje a la figura materna, un canto eterno que nos recuerda los placeres y las despedidas de la vida bohemia.


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 
Imágenes DALL-E de OpenAI 

El Brindis que Conquista Corazones: Un Poema para Nunca Olvidar”


El Brindis del Bohemio es un poema emblemático de la literatura mexicana, escrito por Guillermo Aguirre y Fierro en 1915. Esta obra poética, reconocida por su emotividad y su tono festivo, captura la esencia de la bohemia y se ha vuelto una tradición para declamar en cada Año Nuevo en México. Publicado finalmente en 1942 en el libro “Sonrisas y lágrimas“, el poema sigue siendo un símbolo de reflexión, celebración y nostalgia.

Guillermo Aguirre y Fierro, nacido en San Luis Potosí en 1887, fue un poeta y periodista que dejó una profunda huella en la literatura mexicana. Vivió una vida marcada por su amor al arte, la poesía y las noches bohemias en cantinas como La Lira y El Peñasquito en la Ciudad de México, donde probablemente nacieron los primeros versos de este famoso poema. Aguirre y Fierro murió en 1949, pero “El Brindis del Bohemio” ha perdurado, transmitido de generación en generación, representando no solo una oda a la amistad y la vida bohemia, sino también un canto melancólico a las despedidas y a la figura maternal.

La escena del poema se desarrolla en una cantina durante una noche de invierno, donde seis bohemios se reúnen para despedir el año que termina y dar la bienvenida al Año Nuevo. El ambiente está cargado de risas, copas llenas de ron, whisky o ajenjo, y el humo de cigarrillos perfuma el aire, simbolizando la efímera naturaleza de los sueños y la vida misma. A través de este ambiente, Aguirre y Fierro captura la esencia de la vida bohemia: un mundo de contrastes entre el placer efímero y la melancolía persistente.

El poema avanza con cada personaje brindando por sus propias experiencias y deseos. Estos brindis individuales van desde la esperanza, el amor pasado, la inspiración poética y la patria, hasta las pasiones voluptuosas y la figura de la mujer seductora. Cada uno de estos brindis refleja diferentes aspectos del espíritu humano, desde los más elevados hasta los más mundanos, lo que permite una visión amplia de la complejidad emocional que caracteriza a los seres humanos. Es en este contexto que la voz del poeta eleva el tono de la celebración hacia una reflexión más profunda.

El punto culminante del poema llega con el brindis de Arturo, el “bohemio puro”, que se aparta de los brindis anteriores al enfocar su homenaje en la figura de la madre. Arturo brinda “por la mujer que me arrulló en la cuna”, destacando el amor maternal como el más puro, verdadero y desinteresado. Este brindis introduce un contraste dramático con los brindis anteriores, impregnados de romanticismo, frivolidad y pasión. La figura de la madre se presenta como una fuente de amor incondicional, un refugio de ternura en medio de la tempestad emocional que envuelve al grupo de bohemios.

El poema resuena con el lector debido a su capacidad para capturar sentimientos universales: el anhelo, la nostalgia, la gratitud y la melancolía. La elección de la madre como objeto del brindis final no solo honra a la figura materna, sino que también sugiere una reconciliación con las raíces, con el hogar y con las emociones más profundas y sinceras del ser humano. Este homenaje a la madre se convierte en un momento de introspección y de reflexión, un punto de calma en medio del bullicio y la celebración.

El impacto de “El Brindis del Bohemio” trasciende el ámbito literario y se convierte en una tradición cultural en México, donde es común que se declame durante las celebraciones de Año Nuevo. La popularidad de este poema se debe en gran parte a su capacidad para conectar con las emociones más íntimas y profundas de los oyentes. A través de sus versos, Guillermo Aguirre y Fierro logra capturar la dualidad de la existencia humana: la celebración y la tristeza, el amor y el desamor, la esperanza y la desilusión.

Desde un punto de vista literario, “El Brindis del Bohemio” destaca por su estilo accesible y lírico, lo que lo hace fácil de declamar y recordar. Los versos están llenos de imágenes poéticas que evocan sensaciones vivas y contrastantes: el humo de los cigarrillos que se disuelve en el aire, el sonido de las risas que rompe el silencio de la noche, y las copas que chocan al unísono celebrando la vida y la llegada de un nuevo año. Esta riqueza de imágenes permite a los lectores y oyentes transportarse a esa cantina, compartir la camaradería y el sentimiento de hermandad de los bohemios, mientras reflexionan sobre el paso del tiempo y la inevitable llegada del futuro.

Además, el poema es un excelente ejemplo de cómo la poesía puede ser utilizada para explorar temas complejos de manera accesible. A través de un lenguaje sencillo y directo, Aguirre y Fierro logra comunicar ideas profundas sobre la condición humana, lo que ha permitido que “El Brindis del Bohemio” se mantenga relevante a lo largo de los años. La universalidad de los temas tratados en el poema, como el amor, la esperanza, la nostalgia y la reflexión sobre la vida, lo convierte en un clásico atemporal que sigue resonando en las nuevas generaciones., “El Brindis del Bohemio” es mucho más que un poema; es un reflejo de la condición humana, de nuestras luchas y alegrías, de nuestras esperanzas y desilusiones. A través de su lenguaje poético y emotivo, Guillermo Aguirre y Fierro nos invita a participar en una celebración que va más allá del simple acto de brindar, para sumergirnos en una reflexión profunda sobre la vida, el amor, la muerte y el tiempo. Su popularidad y relevancia perduran porque nos recuerda que, al final, todos compartimos los mismos anhelos y preocupaciones, sin importar cuán diferentes sean nuestras circunstancias. En cada lectura, “El Brindis del Bohemio” sigue brindando, no solo por un nuevo año, sino por la eterna capacidad del ser humano de soñar, de reír, de llorar y de vivir.

Así pues, “El Brindis del Bohemio” es mucho más que un poema; es un reflejo de la condición humana, de nuestras luchas y alegrías, de nuestras esperanzas y desilusiones. A través de su lenguaje poético y emotivo, Guillermo Aguirre y Fierro nos invita a participar en una celebración que va más allá del simple acto de brindar, para sumergirnos en una reflexión profunda sobre la vida, el amor, la muerte y el tiempo. Su popularidad y relevancia perduran porque nos recuerda que, al final, todos compartimos los mismos anhelos y preocupaciones, sin importar cuán diferentes sean nuestras circunstancias. En cada lectura, “El Brindis del Bohemio” sigue brindando, no solo por un nuevo año, sino por la eterna capacidad del ser humano de soñar, de reír, de llorar y de vivir.


El Brindis del Bohemio
Por Guillermo Aguirre y Fierro


En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis alegres bohemios.

Los seis, de buen humor,
como ya se ve, bebiendo;
tenía cada cual su alabastrina
copa de ajenjo.

Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno.

La que deja una herida siempre viva
en el pecho más terco;
la que hace brotar sangre en la mejilla
del más santo, y más bueno.

Aquel grupo de alegres vagabundos
no tenían ni miedo,
ni amor a nada;
pues del dolor humano se reían
del amor al desprecio.

Por eso aquel conjunto de bohemios,
de bromistas traviesos,
alzó su copa de ajenjo,
para brindar en aquel último
día del año viejo.

—¡Brindo —dijo uno de ellos,
pálido y seco,
por la esperanza perdida
del amor de mujer;
por la amarga ilusión de los sueños,
que en la niñez perdí
una noche cruel!

Otro, alzando su copa
con mano firme,
dijo: —¡Brindo por mi estrella
que ya se ha de extinguir;
por la sangre que aún me hierve
cuando pienso en su mirar,
por el fuego que aún quema
y que nunca se ha de apagar!

Otro exclamó: —Yo brindo por la patria
que está hecha de ambición;
por la patria que es eterna,
como eterna es mi pasión;
por la patria que en mis sueños
siempre la de ver:
luchando entre sus gritos,
libre al fin de su opresión.

Por la patria que en mi pecho
llevo siempre con ardor,
por la patria que es de todos
y que siempre ha de ser Dios.
Por la patria que es la gloria,
gloria de su nación;
por la patria que en mis sueños
veo siempre con amor.

Luego otro dijo: —Brindo por el fuego
de la juventud;
por la vida que empieza,
por el amor y la luz.
Por la gloria que yo sueño,
por la dicha que ha de llegar;
por la dicha que me embriaga
cuando pienso en el hogar.

Luego, con voz suave,
de dulce acento,
dijo otro bohemio: —¡Brindo
por la que amé,
por la que en mi pecho
dejó una herida
que ya no he de olvidar!

Por la que en mi vida
fue una ilusión;
por la que aún late
mi corazón;
por la que en mi pecho aún sigue viva,
por la que yo sufro,
por la que yo lloro,
por la que yo sueño
y por la que imploro.

Por esa mujer
a quien quise tanto,
por la que en mis noches
yo sufro y yo canto;
por la que a mi vida
diera siempre amor;
por la que a mi pecho
llena de dolor.

Al escuchar aquel brindis,
de pronto todos callaron,
y se quedaron suspensos
al escuchar el murmullo
del último bohemio
que dijo con voz enronquecida,
como por un gran esfuerzo.

—¡Brindo —dijo—
por la madre bendita
que con sus dulces caricias
nos arrulla en la cuna;
por la madre santa
que en su eterno amor
nos enseña de Dios
el verdadero amor.

Brindo por la madre
que nunca engaña,
que en su regazo
nos brinda su ternura,
y que, a pesar de todo,
a su hijo adora,
aunque sea ladrón
o aunque sea perdido.

Por la madre,
que es en la vida
la dicha eterna,
que en su amor inmenso
todo olvida,
todo perdona,
que en sus brazos
dulces sueños
nos adormece
y nos arrulla
siempre con amor.

¡Brindo por la madre bendita!
¡Brindo por la madre buena!
Que nos dio la existencia
y nos llenó de ternura,
de amores y de fe.
Por ella brindo,
¡por la madre, siempre la madre!

Los bohemios callaron;
y cuando Arturo,
el bohemio puro,
terminó su brindis,
los seis se quedaron en un
profundo silencio
y todos en sus ojos
llevaron una lágrima.

Así se levantaron,
pagaron la cuenta
y uno a uno,
cabizbajos,
se perdieron en la noche
humana y fría.



El poema culmina con un canto a la madre, resaltando su papel esencial en la vida de cada individuo, transformando un ambiente festivo en un momento de profunda reflexión y agradecimiento. Con sus palabras cargadas de emoción, Arturo logra unir a los bohemios en un reconocimiento común: que, más allá de los placeres y sinsabores de la vida bohemia, el amor maternal permanece como un faro constante en la oscuridad.



Versión Adaptada


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 

#BrindisDelBohemio, #LiteraturaMexicana, #GuillermoAguirreYFierro, #PoesiaMexicana, #Bohemia, #AñoNuevo, #AmorMaternal, #TradicionMexicana, #Reflexion.


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.