Don Quijote no es el héroe que esperábamos; es el reflejo de nuestra fragilidad. Mientras que los héroes épicos de Homero y Virgilio se alzan como ideales inalcanzables, Don Quijote se desploma bajo el peso de su propia realidad. Milan Kundera lo entiende: la grandeza no reside en la victoria, sino en la comprensión profunda de la derrota. En la novela, no buscamos modelos perfectos, sino seres complejos que nos muestran, en su caída, el verdadero rostro de la condición humana.
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Milan Kundera y la Tragicomedia de Don Quijote: Más Allá de la Grandeza Épica
“Don Quijote explica a Sancho que Homero y Virgilio no describían a los personajes «como ellos fueron, sino como habían de ser para quedar ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes». Ahora bien, el propio Don Quijote es cualquier cosa menos un ejemplo a seguir. Los personajes novelescos no piden que se les admire por sus virtudes. Piden que se les comprenda, lo cual es algo totalmente distinto. Los héroes de epopeya vencen o, si son vencidos, conservan hasta el último suspiro su grandeza. Don Quijote ha sido vencido. Y sin grandeza alguna. Porque, de golpe, todo queda claro: la vida humana como tal es una derrota. Lo único que nos queda ante esta irremediable derrota que llamamos vida es intentar comprenderla. Ésta es la razón de ser del arte de la novela”.
—Milan Kundera (1929) es un novelista, escritor de cuentos cortos, dramaturgo, ensayista y poeta checo.
El pasaje de Milan Kundera sobre Don Quijote revela una profunda reflexión acerca de la naturaleza de los personajes literarios y su función en la narrativa. Don Quijote, como personaje, se presenta en un contexto que difiere radicalmente del de los héroes clásicos de epopeyas como los de Homero y Virgilio. Estos últimos eran modelos a seguir, encarnaciones de virtudes idealizadas que aspiraban a inspirar a las generaciones futuras. Sin embargo, Don Quijote, a pesar de sus aspiraciones caballerescas, no encarna estas virtudes idealizadas, sino que se presenta como un personaje derrotado y, en última instancia, carente de la grandeza que caracterizaba a los héroes épicos.
El contraste que Kundera establece entre los héroes de la epopeya y los personajes novelescos es fundamental para comprender la evolución de la literatura. Los héroes épicos, como Aquiles o Eneas, no solo vencen a sus enemigos, sino que, incluso cuando son vencidos, mantienen su grandeza. Su existencia y sus acciones están envueltas en una especie de sacralidad que los coloca por encima de la humanidad común. Son figuras que trascienden lo humano, elevándose a un nivel de idealización que busca ser imitado por aquellos que vienen después.
Don Quijote, en cambio, es una figura que ha sido vencida en todos los sentidos. No solo es derrotado físicamente, sino que su derrota es también moral, psicológica y, en última instancia, existencial. Su grandeza, si alguna vez la tuvo, se desmorona ante la realidad. Y es aquí donde Kundera introduce una observación crucial: los personajes de novela, a diferencia de los héroes épicos, no buscan ser admirados por sus virtudes, sino comprendidos en su complejidad.
El héroe de epopeya es un ideal, mientras que el personaje novelístico es una representación de la condición humana en toda su ambigüedad y contradicciones. Don Quijote, con sus delirios de grandeza y su insaciable búsqueda de aventuras, es una figura que encarna la lucha humana contra la realidad, la persistencia en el error y la confrontación con las propias limitaciones. Pero, a diferencia de los héroes épicos, su derrota no es gloriosa. Es una derrota que lo despoja de su dignidad, revelando la fragilidad de su humanidad.
Sin embargo, es precisamente esta fragilidad la que lo hace profundamente humano y, por ende, digno de ser comprendido. Los personajes novelescos, al ser reflejos de la realidad humana, invitan al lector a una reflexión más profunda sobre la naturaleza de la vida y sus inevitables derrotas. En lugar de ofrecer un modelo a seguir, como lo harían los héroes épicos, los personajes de la novela nos invitan a entender sus motivaciones, sus miedos, sus errores y sus fracasos, porque en ellos se refleja nuestra propia existencia.
La idea de que “la vida humana como tal es una derrota” es uno de los temas centrales en la obra de Kundera. La derrota, en este contexto, no se refiere solo al fracaso en un sentido práctico o material, sino a una derrota existencial: la imposibilidad de alcanzar ideales o de vivir de acuerdo con las propias aspiraciones. Don Quijote es, en este sentido, un símbolo de la derrota humana. Su vida es un constante enfrentamiento con la realidad, un esfuerzo por imponer su visión idealizada del mundo sobre un mundo que no se ajusta a sus expectativas.
Pero esta derrota no es presentada como algo trágico en un sentido absoluto. Kundera sugiere que, ante esta irremediable derrota que es la vida, lo que nos queda es la comprensión. El arte de la novela, según Kundera, tiene precisamente esta función: ayudar a los seres humanos a comprender su propia condición, a reflexionar sobre la naturaleza de su existencia y a encontrar un sentido en medio de la derrota.
El propósito de la novela, entonces, no es elevarnos a un ideal inalcanzable, sino mostrarnos la realidad tal como es, con todas sus contradicciones y paradojas. En este sentido, la novela se convierte en un medio para explorar la complejidad de la vida humana, para ahondar en las motivaciones y las pasiones que impulsan a los personajes, y para reflexionar sobre las inevitables derrotas que todos enfrentamos en mayor o menor medida.
Don Quijote, lejos de ser un modelo a seguir, es un personaje que nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de nuestras propias ilusiones y desilusiones. Su derrota no es un fracaso en un sentido moral, sino una manifestación de la inevitable fragilidad de la condición humana. Al comprender a Don Quijote, al explorar su lucha y su derrota, el lector es invitado a comprenderse a sí mismo, a enfrentarse a sus propias ilusiones y a aceptar la realidad tal como es.
En Síntesis, el análisis de Milan Kundera sobre Don Quijote nos ofrece una visión profunda de la función del personaje novelístico en contraposición con el héroe épico. Mientras que los héroes de la epopeya son modelos de virtudes idealizadas, los personajes de novela, como Don Quijote, son representaciones de la complejidad humana y sus inevitables derrotas.
La novela, en este sentido, no busca exaltar la grandeza, sino explorar y comprender la condición humana en toda su fragilidad y ambigüedad. La derrota, lejos de ser un final trágico, se convierte en una oportunidad para la reflexión y la comprensión, tanto del personaje como de nosotros mismos.
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