En la tercera edad, el tiempo deja de ser un tirano para convertirse en un sabio compañero. Cada arruga, cada cicatriz, es una nota en la sinfonía de la vida, un verso en el poema de la existencia. Aquí, la vejez no es un ocaso, sino un nuevo amanecer donde la serenidad y la plenitud se entrelazan en una danza eterna. En este espacio, el amor madura y se destila en su forma más pura, y las memorias se convierten en estrellas que iluminan el cielo interior, guiando el alma hacia la paz definitiva.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES


Imágenes DALL-E de OpenAI
El Alma y el Tiempo: Un Viaje Poético hacia la Plenitud
He llegado a la edad donde el tiempo se funde con el alma,
donde los días son hilos de oro entretejidos en mi calma.
Los recuerdos, como suaves melodías,
resuenan en el viento, susurrando poesías.
Las manos que una vez labraron sueños,
ahora descansan en un lecho de ensueños.
Cada arruga en mi piel es un verso vivido,
un mapa de amores, penas y caminos recorridos.
El sol ya no quema, acaricia con dulzura,
es un amigo antiguo que comprende mi ternura.
Mis ojos, espejos de mil lunas pasadas,
se llenan de estrellas en noches calladas.
En la danza del ocaso, encuentro mi ritmo,
cada paso es un eco del tiempo mismo.
El cielo, ahora más cercano y sereno,
me envuelve en un abrazo, tierno y pleno.
Las horas ya no corren, caminan despacio,
como un río que sabe que al mar, sin prisa, llega su espacio.
El reloj es un amigo que marca sin apuro,
el compás de una vida que en su andar, madura.
Las cicatrices que adornan mi piel,
son constelaciones que narran con fiel,
la historia de un alma que ha amado y sufrido,
que ha reído, llorado y, al final, se ha redimido.
En mi pecho late un corazón sin edad,
que aún se estremece con la misma intensidad.
Porque el amor no envejece, solo se vuelve más sabio,
como el vino que mejora en su silencio diario.
Y al cerrar los ojos, en la quietud de la noche,
me elevo como un suspiro, suave, sin reproche.
En el umbral de los sueños, encuentro mi paz,
un refugio eterno, donde el tiempo se deshace en solaz.
Soy como un árbol que ha visto mil estaciones,
mis raíces profundas abrazan mis emociones.
Las hojas que caen no son despedidas,
son promesas de nuevas vidas renacidas.
Y aunque el otoño cubra mi cuerpo cansado,
mi espíritu danza, libre, en un cielo dorado.
Porque en la tercera edad no hay final,
solo un ciclo que se cumple, en un abrazo total.
Soy un poema eterno, que en cada línea encuentra su verdad,
y en cada verso, se funde con la eternidad.
Mis palabras, como un río, fluyen hacia el mar,
donde el alma se encuentra, para siempre, en su hogar.
Aquí, en la serenidad de mi vejez,
encuentro la belleza en cada atardecer.
No temo al ocaso, lo abrazo con fervor,
pues en su sombra, descubro el verdadero amor.
Así, al final del día, en la luz crepuscular,
cierro los ojos, listo para volar.
Mi esencia se eleva, libre de toda atadura,
en un cielo que me acoge, con infinita dulzura.
En la danza eterna de la vida, soy solo una nota, pero en su melodía, encuentro mi última cota. Y en ese acorde final, pleno de quietud,
me disuelvo en la paz, alcanzando la plenitud.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
1. #TerceraEdad
2. #PoemaDeVida
3. #Sabiduría
4. #Serenidad
5. #Reflexión
6. #AmorEterno
7. #Memorias
8. #Plenitud
9. #PazInterior
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
