En “Hamlet”, Shakespeare transforma el tiempo en una entidad subjetiva y cambiante, un reflejo de las emociones humanas. Para Hamlet, el tiempo se extiende como un tormento eterno, atrapado en la duda y la angustia. Claudio lo vive con urgencia, como un enemigo que amenaza su secreto. Ofelia, sumida en la locura, experimenta un tiempo fragmentado, suspendido en su desesperación. Este ensayo examina cómo Shakespeare utiliza el tiempo para explorar los estados emocionales de sus personajes, creando una narrativa tan universal como atemporal.
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Imágenes DALL-E de OpenAI
La Percepción del Tiempo en la Obra de Shakespeare: Una Reflexión desde “Hamlet”
El tiempo, en la obra de William Shakespeare, es una entidad maleable, fluctuante y profundamente subjetiva. Esta concepción del tiempo, lejos de ser una constante inmutable, varía radicalmente según las emociones, las experiencias y las circunstancias de los personajes. En “Hamlet”, una de sus tragedias más estudiadas, Shakespeare explora cómo la percepción del tiempo se distorsiona bajo el peso del dolor, la ansiedad, el deseo de venganza y la incertidumbre. Este ensayo profundizará en esta idea, analizando cómo la percepción del tiempo puede variar drásticamente de un personaje a otro, y cómo esta variabilidad se utiliza como una herramienta narrativa poderosa para subrayar los estados emocionales y las motivaciones de los personajes.
El Tiempo como una Entidad Relativa: La Perspectiva de Hamlet
En “Hamlet”, el protagonista reflexiona constantemente sobre el tiempo. Una de las líneas más memorables que ilustra la subjetividad del tiempo es la que afirma: “El tiempo es una cosa muy relativa. Para uno puede ser una eternidad, mientras que para otro puede ser apenas un suspiro”. Esta afirmación encapsula una verdad universal: la percepción del tiempo no es fija, sino que cambia en función del estado emocional y de las experiencias vividas.
Hamlet, abrumado por el dolor tras la muerte de su padre y la rápida sucesión al trono de su tío Claudio, percibe el tiempo como algo dilatado, casi insoportable. Para él, cada momento se prolonga en una eternidad de duda, sufrimiento y desesperación. La famosa frase “Ser o no ser, esa es la cuestión”, pronunciada durante su soliloquio, refleja no solo su dilema existencial sino también una lucha interna con la temporalidad: la espera interminable por la venganza, la incertidumbre de sus acciones futuras y la angustia constante que marca su percepción del paso del tiempo. Para Hamlet, el tiempo se convierte en una carga pesada, un espectro que lo persigue y lo mantiene atrapado en un ciclo de reflexión interminable.
El Tiempo Acelerado de Claudio: Urgencia y Culpa
Contrariamente a Hamlet, Claudio experimenta el tiempo de manera diferente. Tras asesinar a su hermano y asumir el trono de Dinamarca, Claudio siente la presión constante de mantener su poder y evitar ser descubierto. Para él, el tiempo es una entidad que se mueve con rapidez, como un enemigo al acecho. Su percepción del tiempo está marcada por la urgencia y el miedo; cada momento que pasa representa un peligro potencial, una amenaza a su seguridad y al secreto de su crimen.
El acto de tomar el trono apresuradamente, casándose con la reina Gertrudis poco después de la muerte del rey, es indicativo de esta aceleración temporal. Claudio no puede permitirse el lujo de esperar; cada segundo es valioso para consolidar su poder y eliminar cualquier indicio de sospecha sobre su ascenso. En este sentido, el tiempo se convierte en un recurso escaso, una cuenta regresiva que amenaza con exponerlo. La prisa de Claudio, su apuro constante por mantener el control, contrasta profundamente con la temporalidad prolongada y casi estática que experimenta Hamlet, lo que enfatiza la diferencia en sus estados emocionales y sus motivaciones.
La Espera Infinita de Ofelia: Tiempo y Desesperación
Ofelia, por su parte, vive el tiempo de una manera completamente distinta. Para ella, el tiempo se manifiesta en una espera interminable y desgarradora. Abandonada por Hamlet, quien finge locura y la rechaza en un intento de ejecutar su plan de venganza, Ofelia se sumerge en un estado de desesperación y confusión. Su percepción del tiempo se ralentiza hasta casi detenerse; los momentos de dolor y angustia se extienden, y el mundo a su alrededor parece volverse cada vez más caótico e incomprensible.
El famoso episodio de la locura de Ofelia es un claro ejemplo de cómo el tiempo, para ella, se desmorona. La fragmentación de su discurso, el canto de canciones melancólicas y su eventual suicidio en el río indican una ruptura con la temporalidad lineal. Para Ofelia, el tiempo ya no sigue su curso natural; en su locura, pasado, presente y futuro se funden en una única realidad de sufrimiento perpetuo. Este quiebre temporal subraya su desesperación y su incapacidad para encontrar consuelo en un mundo que la ha traicionado y abandonado.
La Dualidad del Tiempo: Gertrudis y la Resignación
Gertrudis, la reina madre, representa una percepción del tiempo marcada por la resignación. Para ella, el paso del tiempo es inevitable, una fuerza natural que debe aceptarse sin resistencia. Su rápido matrimonio con Claudio después de la muerte de su primer esposo podría interpretarse como un intento de seguir adelante, de adaptarse a los cambios y aceptar la nueva realidad. Sin embargo, este acto también refleja una cierta pasividad, una aceptación de la temporalidad tal como es, sin cuestionamientos ni luchas internas.
Gertrudis parece habitar un tiempo distinto, uno que no se define por el dolor prolongado de Hamlet o la urgencia ansiosa de Claudio, sino por una necesidad de estabilidad y normalidad. Para ella, el tiempo puede ser una forma de sanar, de encontrar un nuevo equilibrio en medio del caos. Esta resignación a la corriente del tiempo contrasta con las percepciones más extremas de otros personajes, subrayando su papel como un punto de equilibrio en la narrativa.
Shakespeare y la Temporalidad: Más Allá de “Hamlet”
La exploración de Shakespeare sobre la relatividad del tiempo no se limita a “Hamlet”. En otras obras, como “Macbeth” o “Romeo y Julieta”, la percepción del tiempo también juega un papel crucial en el desarrollo de la trama y la caracterización de los personajes. En “Macbeth”, el tiempo se acelera a medida que el protagonista se precipita hacia su caída inevitable, mientras que en “Romeo y Julieta”, los momentos de amor y tragedia se condensan en un tiempo que parece apresurarse hacia su desenlace trágico.
En todas estas obras, Shakespeare utiliza la percepción subjetiva del tiempo como un reflejo de las emociones humanas. La angustia prolonga el tiempo, la alegría lo acorta, la culpa lo acelera, y la desesperación lo distorsiona. Esta utilización del tiempo como un concepto fluido y subjetivo le permite a Shakespeare no solo profundizar en la psicología de sus personajes, sino también crear una narrativa que resuena con la experiencia humana universal.
Conclusión: El Tiempo como Reflejo del Alma Humana
En “Hamlet”, Shakespeare demuestra magistralmente cómo la percepción del tiempo puede variar drásticamente según el estado emocional y las circunstancias de una persona. A través de personajes como Hamlet, Claudio, Ofelia y Gertrudis, el dramaturgo inglés ilustra cómo el tiempo puede ser una eternidad para unos y apenas un suspiro para otros. Esta exploración del tiempo, tan relevante hoy como lo fue en su tiempo, subraya la universalidad de las emociones humanas y la complejidad de la experiencia subjetiva.
En última instancia, Shakespeare sugiere que el tiempo no es solo un flujo continuo y uniforme, sino un reflejo del alma humana, moldeado y definido por nuestras esperanzas, miedos, deseos y desesperaciones. Esta concepción del tiempo, profundamente humana y poética, es una de las razones por las que sus obras siguen siendo tan relevantes y conmovedoras siglos después de haber sido escritas.
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